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Valencia, un balcón muy deseado
Rafa Esteve-Casanova
Cuando me pongo ante el ordenador para escribir este artículo las calles de Valencia comienzan a recobrar la tranquilidad, el sosiego y la vida cotidiana, se han quemado las fallas y comienzan ya las del año próximo. Las fallas del 2011 serán las de la crisis ya que aunque en las actuales se ha notado la actual coyuntura económica todavía los falleros mantuvieron en su mayoría los presupuestos de años anteriores, pero cuando llegue la hora de firmar los contratos para la construcción de los monumentos falleros del próximo año es cuando van a aparecer los problemas de cash, las que se quemaron la madrugada del pasado viernes habían sido contratadas antes de que la crisis se hiciera tan galopante y presente como es en la actualidad. Ya se habla de limitar el gasto de las mismas y los falleros van a tener que estrujarse las meninges para ver de dónde sacan el dinero que hace falta para la fiesta. Incluso alguno de los artistas falleros más celebrado se va a tomar un año sabático para tomar nuevas fuerzas a la hora de volver a la tarea de construir esos monumentos artísticos llenos de grandiosidad en que se han convertido las fallas de las principales comisiones.
Las Fallas son fiesta y alegría y un buen momento para hacer caja en el gremio de la restauración aunque este año, por las informaciones recibidas, han sido muchos los turistas que se veían comiendo un sencillo bocata en cualquier lugar de la ciudad, en algunos casos huyendo de las colas que se forman en bares y restaurantes y en otros por simple ahorro, el turismo de low cost también ha llegado a las Fallas valencianas. La gran sorpresa de este año ha sido el presupuesto de la comisión de Nou Campanar que ha sido rebajado a la mitad del pasado año, así y todo esta Falla que llevaba años consiguiendo el primer premio de la categoría especial ha gastado 600.000 euros, y es que la crisis de la construcción también ha hecho mella en algún que otro presidente de comisión.
A mi me gustan las Fallas, me encantan las madrugadas con esa explosión de colorido que son los fuegos artificiales, los mediodías de la mascletà en la plaza grande de Valencia compartiendo el estruendo de los petardos y las tracas con los amigos, el vermut en cualquier terraza disfrutando de los primeros rayos de un Sol casi primaveral, las largas noches en cualquiera de mis bares preferidos del Barri del Carme, las bandas de música llenando de agradables sonidos todos los rincones de Valencia y, especialmente, el olor acre de la pólvora. Pero las fallas también son incomodidad, casi 400 calles cortadas, pirómanos aficionados e inconscientes que van lanzando potentes petardos en cualquier lugar de la ciudad, la imposibilidad de circular en vehículo por la ciudad, las carpas que para sus juergas y verbenas instalan algunos falleros y que están machacando con su ruido al vecindario sin tener en cuenta que en la vecindad también habitan niños, ancianos y enfermos. Es el duro peaje que muchos valencianos han de pagar durante los días falleros.
Pero lo que siempre me ha llamado la atención es el balcón del Ayuntamiento a la hora de la mascletá, atiborrado es el centro de atención de los que están en la plaza que desde abajo vuelven sus ojos a la fachada del edificio municipal para ver a los personajes que en él se dan cita. Durante cuatro años tuve la oportunidad de estar en aquel balcón ya que era asesor de las concejalas de uno de los grupos municipales y si vuelvo la vista atrás tan sólo me recuerdo en aquel lugar un par de veces, no me gustan las apreturas ni la cercanía de algunos personajes. Este año, por lo que he visto en las pantallas televisivas y en las fotos de la prensa, en el balcón municipal hubo overboking de la derecha, los amigos de Rita Barberá tomaron el balcón como si fuera el salón de su casa y a codazos, en algunos casos, se abrían paso hasta las primeras filas.
Por aquel balcón han pasado estas fallas periodistas de la derecha más rancia, escritores como Sánchez Dragó, intelectual orgánico de Esperanza Aguirre, a la diestra de la alcaldesa, Albert Boadella que seguramente ha olvidado que esa misma derecha que ahora le agasaja le quería quemar vivo cuando actuaba con Els Joglars en el desaparecido teatro València Cinema. Rita Barberá, la anfitriona, olvidó el protocolo y asomó maneras de mala educación y rencor político durante la visita al balcón municipal de algunos políticos de signo contrario a los que relegó al purgatorio de la tercera fila de la balconada, así sucedió con María Teresa de la Vega, Carmen Alborch o Leire Pajín a las que en las fotos se las ve asomando tímidamente la cabeza entre la multitud que poblaba el balcón. La nit de la cremà puede ver en algunos planos al President Camps con un elegante abrigo que no se si lucía porque reinaba el frío entre tanta llama o para tapar alguno de los trajes del caso Gürtel, lo que no conseguí ver en ninguno de los planos televisivos es cual era el bolso que lucía la alcaldesa mientras se desgañitaba entonando desde lo alto del balcón aquello de “para ofrendar nuevas glorias a España”, es lo suyo.
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