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Trajines enmarañados
Rafael Pérez Ortolá
Una realidad patente de estos tiempos es la velocidad con que se desarrollan los aconteceres; toda va rápido y si puede ser con un añadido de crispación, como signo de una máxima ocupación, no se plantean demasiadas cualidades. Digo bien, rápidos y veloces, sí. Sin embargo, ¡Qué curioso! Salta a la vista la improductividad de tanta prisa si llegamos a pensar en el bienestar. También es muy manifiesto el trato y las consideraciones que nos marcamos; ya no sé si avanzamos, vamos muy lentos o retrocedemos. ¿Perdió la velocidad el sentido? Bien entendido, que para la elaboración de determinados hechos y pronunciamientos, mejor hubiera sido no moverse del aposento; pensemos en los ejemplos expuestos a la vista de todo quisque, sin arrobos; eso de la vergüenza, ¿Existió alguna vez? Es decir, una serie de CONTRASTES, capaces de ponerle chispas y chispazos a la vida, pero muy poco sosiego, nada de salero un poco alegre, ni tan siquiera un mediano tirar adelante entre las penalidades que nos alcancen. ¿Trajín, para qué?
Algo así expresé en el indriso-cuento consignado a continuación:
El Apresurado
Sin pausa y veloz, codicioso y andarín,
Recorre del pueblo todas sus calles. Las aceras no le desvíaban del fin.
Su tentación eran las bocacalles, Nuevas etapas de su fiero trajín;
Que, olvidadas pronto, servían de fuelles.
¿A dónde iba semejante paladín?
Con la urgencia, se olvidó de las claves.
Observarán Vds. que son crueles las clasificaciones, muy pocos ocupan la cumbre, el mayor porcentaje de participantes quedan malparados, en sitios residuales; de manera especial si los situados en los puestos peores hubieran alardeado previamente de grandes realidades. Mientras le permiten a una divagar sobre lo suyo, edulcora a su gusto los contenidos. ¡Ay! Cuando aparecen las evaluaciones o comentarios venidos de fuera, la cosa cambia. Estos días reapareció un dato sobre las UNIVERSIDADES españolas, que habla de la discordancia entre lo propagado y la realidad. De las consideradas 100 mejores universidades del mundo, ninguna de ellas es española. Con ese índice se plasma la deslavazada gestión en esos ámbitos. ¿Cuestión sólo de dinero? ¿De planteamientos? Ni Bolonia con sus reformas de dudosa planta, ni las reuniones estériles, tienen trazas de modificar el panorama. De nuevo entramos en las andanzas apresuradas, que encima, se iniciaron tarde. El retraso no debiera impulsar las decisiones precipitadas. Se vislumbran renovados dislates, con poco debate, con una gestión muy centralizada, impropia de los ambientes democráticos. Huida hacia…ninguna parte satisfactoria.
En cualquier profesión, los niveles de reconocimiento por parte del público varían, desde al indiferencia al respeto, del desconocimiento de dicha actividad a las profesiones expuestas a diario a la información general. En los denominados casos mediáticos, las informaciones no dan tregua, y no siempre son exactas. ¿Afectará la difusión continuada a la labor del profesional afectado? Al ritmo vetiginoso de los medios de comunicación, su influencia repercute sobre los JUECES ESTRELLA. ¿Hasta dónde alcanza la realidad de los hechos? El apresuramiento y el bombardeo de noticias diversas, confunde al ciudadano. Ocurre ahora con el juez Garzón, aplaudido por la lucha contra ETA, con los parabienes generales. Sin embargo, proclive a las “cacerías” mezclado con otros cargos de influencias en diferentes campos, a las actuaciones judiciales polémicas por su cercanía a la trama política; y lo más reciente, esas conferencias y posibles cobros anómalos recibidos. De nuevo, las precipitaciones evitan el juicio sereno y no sé si llegaremos a saber la verdad, si prevaricó o no. La clarificación reposada se hace imprescindible, no debieran imponerse las triquiñuelas, por el bien y la mejor imagen de la Justicia.
Los avances en la convivencia, la eliminación de los abusos flagrantes, no brotan de manera espontánea; requieren de buenas orientaciones y tenaces porfías para la consecución de algún progreso, durante siglos en no pocas ocasiones. Pasó con la esclavitud, con la organización del trabajo, avances sanitarios o legislaciones adecuadas. Por desgracia, aún no se entendió el argumento para la DEFENSA de la VIDA, puesto que lo de primer derecho humano, suena a triste falacia de una propaganda vacía de contenido. Los paises punteros continuan con la pena de muerte (China, USA). Ciudad Juárez mantiene su cruel ejemplo. Se practican apoyos a diversos terrorismos por parte de amplios grupos sociales. Siguen las lapidaciones y hay paises en los que no se sabe que hacen con las personas.
A lo que se añade una lacra de las peores, el ABORTO. No es cuestión de manifestarlo con teorías y consideraciones; si ante la imagen de una ecografía fetal u otras de los fetos masacrados, no se tienen en cuenta esas vidas, lo diremos más sencillamente, no se quieren ver. La agitación de las ocupaciones modernas nos arrastra a valoraciones prosaicas que no se detienen en el significado de la vida. Así no cabe considerarla como un bien, cómo se lo vamos a exigir a los asaltantes o delincuentes, no ha lugar. Desde los intelectos dirigentes a los seguidores de pacotilla, nos ofrecen el peor ejemplo. No vale escudarnos en los poderes, reconozcamos la actitud apresurada del desprecio a la vida.
Ahora se pretende distraer al personal con debates sobre las corridas de toros; mientras se silencian otras corridas de peor calado, aunque muy indicativas del talante de quienes las protagonizan. Me parece escandaloso el tratamiento dado por las esferas gubernativas españolas a los desprecios del venezolano CHÁVEZ y a los comportamientos sociopolíticos en el régimen de FIDEL CASTRO. Se pasa página con una celeridad impropia, con un compadreo baboso hacia esos elementos. No me gusta disfrazarlos de Venezuela o Cuba; quiero pensar en las gentes marginadas bajo esos emporios, sufridores e impotentes o engañados. Por aquí también, disimulados en la jerga de manifestaciones dicharacheras, destaco el SILENCIO de los compadres progresistas, artistas o políticos, que atacan todo, mientras contemplan arrobados a los entes mencionados.
A pesar del trajín, nos conviene detectar los desfases citados, por mucho alarde que lleven consigo; nos persiguen como diablos tercos. ¿Habrá que considerarlos duendecillos bondadosos?
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