A primera hora de la mañana el Tibidabo desde su altura vigilaba la ciudad de Barcelona envuelto en una ligera bruma y con una leve capa harinosa de nieve que no presagiaba todo lo que pasaría pocas horas después. El día estaba gris y mirábamos constantemente al cielo en busca de los presagios de temporal que los meteorólogos venían anunciando desde setenta y dos horas antes. Hacia la hora del Angelus la nieve comenzó a llegar a nuestro balcón, bajaba de los cielos mezclada con gotas de lluvia, como con una cierta vergüenza por caer sobre una tierra donde su visita invernal no suele ser habitual. Debajo del balcón, en la calle, la ciudad seguía con su ritmo de vida habitual, los rojos autobuses seguían pasando, los taxis funcionaban, las gentes iba arriba y abajo por las amplias aceras y nada hacía pensar en el caos ciudadano que se iba a formar en pocas horas, los pocos copos de nieve que caían no alteraban para nada la vida ciudadana.
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El Tibidabo cubierto de nieve.
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LA NATURALEZA COMIENZA A AVISAR
Un poco de lluvia y algún que otro pequeño copo de nieve no podían alterar nuestra vida cotidiana, teníamos unas citas concertadas y no era cuestión de aplazarlas, en muchas ciudades llueve y nieva y la vida ciudadana continua, pensamos que Barcelona era igual. Nos acercamos hasta Diagonal para visitar la nueva tienda que los Bundó han abierto justo debajo de su showroom de toda la vida. Rodeados de trajes de novia y una pequeña muestra de trajes de comunión para niña estuvimos un buena rato charlando con Raimón e Ivonne que nos iban hablando de los proyectos que tienen para esta tienda y de lo bien que funciona la que hace unos meses inauguraron en una de las zonas más exclusiva de Madrid.
La amplia puerta de cristales nos dejaba ver la Diagonal donde el tráfico era el de cualquier otro día, pero los copos de nieve comenzaban a ser cada vez más numerosos y constantes. Dejamos a los Bundó y, sin ningún problema tomamos un taxi para dirigirnos al Reial Cercle Artístic donde nos esperaban el Presidente de la entidad y una colega periodista con los que habíamos quedado para un almuerzo de trabajo. En el centro de la ciudad el ir y venir de coches era el de cualquier otro día pero ya comenzaban a verse algunos coches con el techo y el capó llenos de nieve, eran los autos que venían de la parte alta de Barcelona donde la nevada ya comenzaba a ser seria. Los pronósticos que los meteorólogos venían anunciando desde hacía setenta y dos horas comenzaban a cumplirse.
Durante la comida por los ventanales del restaurante veíamos cómo la nieve arreciaba, hacía años que en Barcelona no nevaba con tanta intensidad. Terminada la comida decidimos volver a casa, la tarde no acompañaba al paseo ciudadano, ni tan siquiera a pararse a tomar un café en cualquier cafetería. Un cielo gris, plomizo, amenazaba la ciudad y la amplia calle peatonal del Portal de l’Ángel tenía el suelo cubierto de una capa de hielo que hacía de ella una perfecta pista de patinaje. El tiempo, como una broma, parecía querer sumarse a los deseos del alcalde Hereu de tener en Barcelona unos JJ.OO. de Invierno.

Autobuses al aeropuerto.
EL CAOS SE INSTALA EN LA CIUDAD
Tardamos en hacer el recorrido hasta la Plaza de Catalunya más de media hora cuando normalmente lo hacemos en diez minutos. Esta vez no nos paramos a ver los escaparates de las diversas tiendas que pueblan esta importante arteria de la ciudad, había que caminar con mucho cuidado, pisando firme y fuerte sobre la nieve. Las paradas de autobuses de la céntrica plaza rebosaban de gente y después de una hora larga de no ver pasar ningún bus del servicio público por toda la plaza- los únicos que llegaban eran los que llevan al aeropuerto del Prat- decidimos llamar a los teléfonos de información ciudadana que o bien no contestaban o comunicaban de manera constante, finalmente llamamos a un colega del diario AVUI y por él nos enteramos que la flota de autobuses urbanos de Barcelona había sido retirada de la circulación a las 16,30, ningún autobús prestaba servicio a los ciudadanos mientras las autoridades aconsejaban no salir de casa o bien dejar el coche y tomar el servicio público, un servicio público que no funcionaba, la flota de taxis se había retirado al calor hogareño casi al completo, los Ferrocarriles de la Generalitat no funcionaban y la gente salía de la boca del metro diciendo que éste tampoco estaba en funcionamiento aunque al parecer hubieron algunas líneas de metro que funcionaron con un solo convoy cada hora produciéndose amontonamientos masivos en los andenes. Una amable pareja de la policía local que patrullaba por la plaza se había enterado tan sólo diez minutos antes que nosotros de la retirada del servicio público de autobuses y en las paradas no había ningún cartel que informara a los viajeros de esta anomalía.
El frío era intenso, la nieve se iba acumulando en los recovecos de las aceras y el ruido de los truenos atronaba en el ambiente gélido que en aquellos momentos se respiraba en aquella plaza en la que en cualquier momento pensábamos podía aparecer, salvador, un perro san bernardo con su barrilito de coñac al cuello. Estábamos aislados en pleno centro de la ciudad, una ciudad en la que sus autoridades no habían previsto, pese a estar avisadas, el caos que comenzaba a formarse. Comenzamos a llamar por teléfono, uno de nuestros móviles llegó a agotar la batería, en busca de una solución para llegar a casa ya que andando era imposible debido a la nieve que ya se acumulaba en las calles, a la distancia y a la dificultad para caminar, incluso en condiciones normales, de Tere. Nadie nos daba ninguna solución, el servicio de emergencia nos pidió nuestros datos diciendo que los mossos-la policía autonómica-ya habían anotado nuestra incidencia y nos llamarían y todavía les estamos esperando, la policía local andaba en otras cosas, seguramente intentado arreglar el lío de tráfico que se había ocasionado al cerrarse la Ronda de Dalt aunque alguno de sus miembros nos cuentan que fue visto en medio del caos poniendo multas en el cruce de las calles Aribau y Consell de Cent y los servicios sanitarios, a los que llamamos ya que a uno de nosotros se le había helado una pierna, la única solución que tenían era enviar una ambulancia para llevarnos a las urgencias de un hospital donde nos aguardaban largas horas de espera, los taxis no aparecían por parte alguna y las llamadas a las empresas de radio-taxi eran en vano. Ya nos veíamos durmiendo en la boca del metro.
Unos grandes almacenes nos sirvieron de refugio, un café calentito en la cafetería nos hizo reaccionar mientras seguíamos intentando encontrar un medio para volver a casa, cuando oscurecía supimos que una de las líneas de los Ferrocarriles de la Generalitat comenzaba a funcionar pero nos dejaba alejados de nuestro domicilio y era imposible que pudiéramos subir la empinada cuesta de Muntaner en aquellos momentos con las aceras llenas de nieve. Y nosotros no éramos los únicos, ancianos y niños también estaban a esa hora por la calle donde les había cogido la tormenta de nieve, incluso en algún colegio de la parte alta de la ciudad educadores y niños tuvieron que quedarse a pasar la noche, al menos a cubierto. Pasadas las ocho de la noche comenzaron a circular algunos taxis por la plaza de Catalunya y sus calles aledañas, la caza de la luz verde se convirtió en un safari ciudadano, pero eran escasas las luces del color de la esperanza que se veían.

El Portal de l'Angel.
EL RESCATE
Dado el tremendo caos ciudadano que se había organizado y que miles de personas habían quedado atrapadas en él las autoridades comenzaron a tomar medidas, tarde y escasas, pero las tomaron. Se abrieron polideportivos para alojar a los que no pudieran llegar a sus domicilios y se ofertaron algunas plazas hoteleras con precios que oscilaban entre los 40 y 63 euros, económicos a juicio de las autoridades, pero había que llegar a los polideportivos y a los hoteles y Barcelona se convirtió en una ciudad de caminantes entre la nieve con el aliciente añadido de sufrir alguna que otra caída ya que las bajas temperaturas habían convertido algunas aceras en peligrosas pistas heladas.
Tuvimos que dejar nuestro refugio en los grandes almacenes, había llegado la hora del cierre. Finalmente un buen amigo, Micky, se convirtió en nuestro buen samaritano y rescatador. Dejó una cena empresarial y nos recogió en su coche para llevarnos a casa. Conforme nos íbamos acercando a la parte alta de la ciudad aumentaba el hielo en aceras y calzada, árboles caídos convertían en una gymkhana el transitar por algunos lugares. Finalmente llegamos al calor del hogar, que estaba frío ya que habíamos dejado apagada la calefacción. Pero aún tuvimos tiempo de comprobar otro de los problemas que el caos había ocasionado a los ciudadanos, una señora mayor ayudándose de una muleta caminaba por las aceras heladas apoyándose en las fachadas de las casas, vivía diez o doce manzanas más lejos de donde la encontramos, nuestro buen amigo la llevó en el coche hasta su casa, de otra manera hubiera sido imposible que llegara sana y salva, también se había quedado aislada en la tormenta y al caer la noche decidió volver como pudiera a casa. En todo el camino no vimos tan siquiera un coche de policía local o de los mossos, aunque dudamos que se hubieran parado para auxiliar a esta anciana, después de la experiencia de ayer nos quedó claro que esa no es su función, al menos así nos lo dijeron unos policías locales a los que paramos en busca de solución a nuestro problema en la confluencia de Ronda de Sant Pere con Passeig de Gràcia.

La Plaza de Catalunya en plena nevada.
SECUELAS DEL TEMPORAL
El mismo día de la tormenta poco después del mediodía el Secretario General de Interior, Joan Boadas, explicaba a la prensa que todo estaba controlado cuando en aquellos momentos en La Jonquera ya había centenares de camiones parados y en la parte alta de Barcelona la nieve comenzaba a cuajar. Joan Saura, Conseller d’Interior, no debió creer en la alarma dada con la suficiente anterioridad por los expertos y se marchó a una reunión en Baleares, un alto responsable de la Conselleria quedó incomunicado y no pudo acudir a la cita que tenía con Cuní en el programa Els Matins de TV3, en toda Catalunya 100.000 ciudadanos se quedaron sin línea telefónica, 170.000 sin luz, en los hospitales de Vall d’Hebrón y Can Ruti el personal tuvo que doblar el turno al no poder salir de allí, casi dos mil personas bloqueadas en sus coches, viajeros atrapados en los trenes…, este es el panorama que dejó el temporal que, según Boada, tenían controlado.
Hoy martes todos se han puesto las pilas, el President Montilla ha acudido personalmente a la sede de la empresa eléctrica a pedir explicaciones, el Conseller Saura ha pedido excusas a los ciudadanos y la oposición en bloque ha pedido la comparecencia de los responsables del desaguisado, cada uno cumpliendo con el papel que se otorgan, pero los que lo hemos pasado mal hemos sido los votantes, los ciudadanos silenciosos que ya comenzamos a estar hartos de tanta incompetencia, incompetencia que no tiene color político, si en esta ocasión ha sido Saura el que ha abandonado su puesto anteriormente y durante el mandato de Pujol fue Artur Mas, entonces Conseller en Cap, quien en medio de otra situación caótica prefirió acudir a la inauguración de una discoteca. Queremos políticos que pongan al mando a técnicos eficientes y responsables y no que llenen las Consellerias con amigos y conocidos.
Hay que pedir responsabilidades pero no sólo a los políticos, también a las empresas que casi de manera monopolista están al servicio de la ciudadanía, es inconcebible que una nevada provoque la caída de más de treinta torres eléctricas tal vez por la no sustitución del material obsoleto que siguen utilizando, no puede permitirse que RENFE se desentienda de los pasajeros de sus trenes ni que no se establezca un servicio mínimo de taxis que al menos hubiera circulado por las calles en las que se podía hacer, no se puede dejar toda una ciudad sin transporte público durante diez horas cuando había zonas en las que la calzada permitía la circulación. En fin todo un cúmulo de despropósitos cuyos únicos damnificados han sido los ciudadanos de Barcelona y de otras partes de la geografía catalana.
La anécdota la dieron anoche dos empleados de limpieza que en la madrugada provistos de sendas palas iban por la calle Muntaner retirando como podían la nieve acumulada en la calzada, ya hielo, dejándola apilada a los lados de la misma, todo un portento de sofisticación mecánica. Y esta mañana estaban podando los árboles cuando si eso se hubiera hecho hace semanas el temporal no hubiera derrumbado algunos de ellos.
Sabemos que los recursos económicos municipales son los que son y que no cabe estirar el presupuesto, si queremos máquinas quitanieves para ocasiones excepcionales tendremos que renunciar a otros gastos, no vivimos en una ciudad donde las nevadas abunden, por tanto no hace falta una gran flota de ellas pero si que hay que tener previsto que puede volver a pasar lo que ayer ocurrió. Quiten presupuesto de diversos gastos suntuarios o de asesores no precisos por muy familiares de la realeza que sean y dediquen esos euros a la prevención, al fin y al cabo al servicio de la ciudad y sus ciudadanos que son los que, con sus impuestos, les pagan el sueldo.
El alcalde Hereu quiere unos Juegos de Invierno para Barcelona, el lunes ya los tuvo pero a los ciudadanos afectados no nos gustaron.