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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
Corderos convertidos en lobos


Octavi Pereña


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 10 de marzo de 2010, 10:56
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Ramón Camats en su escrito ‘El efecto Lucifer’ se plantea lo mismo que mucha gente cuando escribe: “Pero el mal nacido no nace, sino que se hace. Pero si no lo era, ¿cómo es que se ha vuelto? ¿Era un lobo con piel de cordero o era un cordero que se ha vuelto lobo? Mi tesis es la última.

Estoy de acuerdo en que el cordero se convierte en lobo. Si somos listos y deseamos saber realmente cuando se produce esta mutación en sentido descendente tenemos que ir al principio de la Historia. La dificultad se encuentra en que no se está dispuesto ha hacer dicho viaje debido a los prejuicios que se tienen para ir a los orígenes tal como los relata la Biblia.

Cuando Dios finalizó la obra de la creación, incluyendo al hombre, el texto dice. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Inicialmente el hombre era un cordero. Todo el mundo sabe que el cordero es el símbolo de la bondad. Por eso a Jesús se le llama el Cordero de Dios porque Él es la bondad absoluta. Llega un momento, pero, que el hombre se convierte en un lobo depredador que ejerce violencia sin motivo razonable. ¿Qué ha ocurrido? Si no tuviésemos manías al relato bíblico de la Caída nos lo miraríamos con unos ojos que conservan el cien por cien la visión. La opinión preconcebida nos hace ver el relato bíblico de la creación del hombre y su posterior caída como si fuese un mito, una fábula, como algo que no es real. Esta manera de ver los hechos narrados turba la visión y no deja ver la autenticidad del relato.

Poniéndome como ejemplo. Años ha era de los que consideraban mitológico el relato de la creación. La gracia de Dios me abrió los ojos devolviéndome la visión que mi manera de ver había maltratado. Como la gracia divina sigue trabajando seguiré comentando cómo fue que el cordero se convirtió en lobo. Tal vez la lectura de este escrito contribuya a que el lector, si es este el caso, recupere la visión perdida.

En el escenario del Edén se presenta un personaje preexistente al hombre, la serpiente, Lucifer, el ángel de luz que perdió la gloria con que había sido creado, cuando intentó destronar a Dios. El odio que siente por su Creador lo traspasa al hombre que goza el favor del Señor. Jesús, a este personaje siniestro lo llama “padre de mentira” porque “cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso” (Juan 8:44). Este vil personaje se presenta ante Eva con la máscara del hipócrita y la incita a comer el fruto “del árbol del conocimiento del bien y del mal” (Génesis 2:17), que Dios le había prohibido hacer. Acto seguido la mujer se lo ofrece a Adán, que también lo degusta. En este preciso instante es cuando el hombre deja de ser cordero para convertirse en lobo feroz. La tesis de Ramón Camats de que el hombre actual es un cordero que se transforma en lobo, no se sostiene. En Adán, después de la desobediencia, padre de toda la humanidad, el hombre es un lobo capaz de cometer las barbaridades más increíbles, a no ser que la gracia de Dios frene sus inclinaciones perversas. Si no se considera historia el relato de Génesis, el problema del hombre convertido en lobo no tiene solución. Por ello no se entiende que una persona ‘normal’ que se considera buena, un día cometa una fechoría que nos haga decir. “¿Cómo ha sido posible que Don Fulano de Tal haya hecho tal cosa?” la restricción divina le ha sido retirada y dejada la criatura a su libre albedrío es capaz de cometer las atrocidades que las noticias diarias nos informan.

Pero Dios no quiere que el hombre permanezca en la condición de lobo en que se ha convertido por su desobediencia al precepto divino. Desde el primer momento, con las pieles de los animales que el mismo Dios sacrificó para cubrir la desnudez de Adán y Eva, nos enseña que en Cristo el hombre puede recuperar su condición de cordero perdida por su trasgresión. El problema es que no se reconoce la condición de lobos en que nos hemos convertido por lo que el tema de la rapacidad humana no tiene solución.

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