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El teatro del electorado
Kathleen Parker
WASHINGTON - A pesar de todos nuestros lamentos por la tortura de la reforma sanitaria, el debate ha sido saludable para la nación.
Todo el mundo ha dejado salir sus temores mundanos y su estrechez de miras, y es bueno saber quién es quién. También es útil a los americanos ver cómo se corta el bacalao y quién quiere realmente.
El encuentro de la semana pasada no fue una pérdida de tiempo, a pesar de las críticas de que fue sólo teatro político. ¿Qué hay de malo en eso? Me gusta el teatro. Me gustan especialmente los pequeños detalles y lo que nos dicen. En el teatro, como en la vida, los detalles importan.
Mi profesor de posgrado, un académico especializado en el teatro español del XVII, solía decir: "Confía siempre en el artista". Si hay una pequeña casa blanca situada sobre una colina, presume que hay una razón para que esté ahí. Piensa por qué la puso ahí el artista.
Y por eso me fijé en el encuentro con esta mentalidad. ¿Qué hicieron los actores de esta obra en particular y por qué? ¿Qué nos quieren hacer ver? ¿Qué estaban tratando de transmitir?
De la evidencia física por sí sola, se pueden sacar ciertas conclusiones. Si se fijó, vería que los Republicanos llevaban el mismo informe con el mismo sello. Mensaje: unidad y disciplina. Rebosante de cifras y presentaciones, se presentaron como el partido de la razón.
Los Demócratas, que reunieron de forma desordenada diversos materiales y esquemas, proyectaron una imagen mucho menos unida y menos disciplinada y se basaron mucho en pruebas anecdóticas. Mensaje: atención.
¿Qué es lo que la gente recuerda del encuentro, si es que lo siguieron? Seguramente recordarán al Representante de Wisconsin Paul Ryan consolidando el mensaje Republicano de gasto deficitario en la legislación sanitaria. Y recordarán a la Representante de Nueva York Louise Slaughter hablando de una mujer que, al no tener seguro, tuvo que ponerse prótesis de su hermana fallecida.
No hay ningún motivo de risa aquí, evidentemente. Si esto es cierto - y nos retó a no creerla - es un relato patético. Los locutores radiofónicos del debate de derechas que han convertido en deporte el ridículo de la historia de Slaughter no tienen mucho mérito por inteligencia, pero a veces una anécdota es demasiado rara para ser eficaz.
Tal vez los Republicanos puedan canjear los "tribunales de eutanasia" de Sarah Palin por las prótesis de Louise Slaughter y considerarlo un empate.
Como idea política, no obstante, el contraste entre la anécdota personal y el dominio de la doctrina económica es acusado y revelador. Si busca competencia, ¿cuál llamó su atención?
Los aficionados al teatro aprendieron un par de cosas más en el encuentro. El lema Demócrata de que el Partido Republicano no tiene programa quedó desmentido en el encuentro. Y la pegatina de los parachoques que dice que el Partido Republicano es el partido del "no" no es del todo cierta.
Es el partido del "demonios, no".
Hay una buena razón para ello. Los Republicanos están en la cresta de la ola, no sólo según las encuestas sino según estas nada sutiles pistas: tanto Nueva Jersey como Virginia eligieron gobernadores Republicanos; Massachussets envió al Republicano Scott Brown al Senado.
Mientras tanto, los titulares Demócratas tienen graves problemas. Si aprueban la reforma sanitaria sin el apoyo Republicano, los que representan a distritos conservadores no estarán en Washington el año que viene. Si no la aprueban, pueden ser reemplazados igual.
Si usted fuera legislador Republicano, ¿para qué molestarse en arreglar esto?
Y aún así. ¿Alguien realmente cree que la reforma no es una opción?
En una cosa, independientemente de su filiación política, todo el mundo parece estar de acuerdo: la parálisis que aqueja hoy a Washington es inaceptable.
Las elecciones de noviembre dependen ya de la reforma sanitaria. Dependen de trucos. Y aunque las partes difieren en aspectos fundamentales realmente importantes, a una creciente mayoría de estadounidenses ya no le importa quién gana o pierde, quién es más popular y quién menos. Una maldición en la casa de todos, dicen.
El movimiento de protesta fiscal es en parte una manifestación de esta perspectiva. Y, marginales del movimiento aparte, la mayoría de los electores son estadounidenses de a pie que no creen que el gobierno federal deba controlar la sexta parte de la economía.
No es una postura irracional, sino que sugiere más bien un respeto a la naturaleza humana y la teoría del caos.
Al mismo tiempo, cada vez son más los estadounidenses que abandonan los partidos políticos tradicionales, mientras cerca del 40 por ciento de los electores se identifican como independientes. Una tormenta perfecta viene hacia aquí.
Independientemente de si la reforma sanitaria se aprueba en las próximas semanas o meses, el debate ha obligado a los estadounidenses a organizar sus ideas. En noviembre, cambio climático va a cobrar un significado totalmente diferente.
Hablando de buen teatro...
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