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Los cataplines de Doña Esperanza
Pedro de Hoyos
Miren, son las doce de la noche cuando empiezo a escribir, una hora tarde según mi ritmo habitual. De modo y manera que me había prometido no escribir esta noche y dejarles a ustedes descansar. El sueño me puede. Me podía, porque acabo de decidir que sí, que hoy también habrá "Columna de humo". Para que ustedes sepan donde está el fuego. Esperanza Aguirre ha vencido mi sueño.
Conste que ya me había abandonado en mi silla, el culo en el borde y la espalda atrás del todo, el brazo derecho alargado para poder llegar al ratón y ojear la prensa de mañana. Perezosamente. Hasta en tres ocasiones había resistido la tentación de escribir sobre la supina memez de Doña Esperanza Aguirre, presidenta y lideresa de la Comunidad de Madrid.
A la cuarta ha sido la vencida, no consigo recordar en qué confidencial de los muchos que pueblan la red me he vuelto a encontrar con la noticia, he dado un bote y aquí me tienen ustedes, poniéndola a caer de un burro. Por burra. Por vurra. Declarar los toros como Bien de Interés Cultural es una soplamemez de la que sólo ella y sus más estrechos colaboradores son capaces.
Lo dije en el artículo de ayer, es difícil que encuentren ustedes a nadie que ame más las tradiciones y la cultura que nuestros antepasados nos han legado. En esas tradiciones y cultura nacemos nosotros, de ellas viene cuanto somos, a ellas debemos cuanto somos. Pero considerar los toros como un arte y considerarlos como B.I.C. es una melonada a juego con los cataplines de Doña Esperanza.
Y es que cuando se obceca esta mujer me cae en las mayores tonterías de las que es capaz el ser humano. Si es que Doña Espe es humana. Porque cualquier persona humana (no se me enfaden los puristas, que la redundancia es voluntaria) vería que lo que acaba de hacer es darle mil argumentos más a los detractores de la fiesta en Cataluña. En el Parlamento catalán. Sólo hay un político tan negativo como un separatista: una política separadora, como la señora Aguirre.
Dejémonos de zarandajas y mindundinadas. Lo del Parlament es en realidad el deseo, esperemos que frustrado, de prohibir España en Cataluña, de romper otra amarra con "el Estado", lo que les importa el toro, el sufrimiento y la tortura del toro a estos políticos catalanes se escribe en el canto de un euro, seamos honestos: van a lo que van. Y nada puede hacerles más el juego que la decisión solemnemente majadera que acaba de tomar la comunidad de Madrid.
Ya se sabe que muchos políticos de barretina hasta las cejas necesitan saber lo que piensa Madrid (que en sus limitaciones equiparan a España) para tomar ellos la decisión contraria. Cuando yo era niño un concejal de mi pueblo, estoy hablando de pleno franquismo, entraba a todos los plenos remangándose y diciendo "Vamos a ver qué nos proponen hoy que yo voy a votar que no." Palabrita del niño Jesús, oigan. Pues exactamente ésa es la postura de algunos nacionalistas catalanes. Basta que lo proponga "Madrid" para oponerse.
En este caso ha sido al revés, ha sido Doña Esperanza y sus ayrgamboys de una sola neurona los que han obrado como aquel concejal, con lo que han colaborado a dar unos cuantos martillazos en la cuña que los nacionalistas habían clavado para marcar la frontera allende el riu Ebre. Con lo que queda confirmado que tan malo como un separatista es un separador.
Ah, de lo de mi opinión respecto a la prohibición de los toros... me remito a mi artículo de ayer. Allá ustedes si se lo pierden.
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