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Inmunidad arbitral
Daniel Sanabria
Más por suerte que por desgracia presencié en directo el pasado domingo el espectáculo de Pérez Burrull en el Vicente Calderón; todos los días no se tiene la oportunidad de ver un bochorno así en directo. De niño fui al circo, a Disneyland Resort Paris e incluso al show de magia de David Coperfield, que hizo desaparecer 14 personas en el Palacio de los Deportes de Madrid; pero ni con ese colchón de emociones vividas presencié un espectáculo semejante al del Atlético-Valencia. Inaudito.
Imagino que ya habrán visto por televisión los tres penaltis –uno de Marchena y dos de Banega– que el Valencia cometió sobre el Atlético. Vaya por delante que considero el arbitraje una de las actividades más difíciles y delicadas de cuantas existen en el mundo del deporte, pero es inconcebible lo que ocurre en algunas ocasiones. Cuando desde 50.011 ángulos distintos 50.011 personas ven un penalti y precisamente el árbitro es el único que no lo ve en todo un estadio, uno no tiene otra salida que la sospecha.
Por eso no creo en la honestidad de los árbitros, ni de los linieres. Creo que el arbitraje en más ocasiones de las que pensamos funciona por señorío y valentía: que un árbitro vea un penalti a favor del Barcelona en el minuto 90 en el Bernabeu el próximo mes de abril y lo señale. ¿Qué ocurriría? Que no lo pitarían cuando en realidad lo están viendo. Ahí es cuando un árbitro deja de tener credibilidad, como Pérez Burrul el domingo. No me creo que Pérez Burrul no viera la mano de Marchena cuando la vio todo el Calderón sin excepción alguna.
Claro, después en esos veinte segundos tuvo que recapacitar y montar el paripé del cuarto árbitro, acercarse para que se lo explicaran como si no lo hubiera visto y dar marcha atrás ante la “nueva” información recibida. Pero lo peor de todo no es que no piten lo que ven, sino que el domingo siguiente están arbitrando como si nada hubiera sucedido. Inmunidad arbitral. Marchena –que por cierto también tiene lo suyo con esa expulsión infantil– será baja por la roja recibida mientras que Pérez Burrul podrá volver a arbitrar el domingo si así lo decide el “ordenador” de la Federación.
Y así seguiremos eternamente en este país y con esta Federación. Todos los estamentos del fútbol español son sancionables: jugadores, entrenadores, directivos, aficionados..., excepto los árbitros, que hagan lo que hagan con un silbato en la boca seguirán con su labor como si nada hubiera pasado. El domingo fue Pérez Burrul, pero sería injusto señalarle sólo a él. El peligro está en cualquier hombre de negro con un silbato en la boca y la libertad de impartir justicia sin nadie que pueda rectificarle ante su evidente incompetencia.
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