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Etiquetas:   Lencería fina   -   Sección:   Opinión

Conchita monta un gabinete en el cielo

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
domingo, 28 de febrero de 2010, 09:15 h (CET)
Acabo la semana en el Tanatorio de Sant Gervasi de Barcelona, Conchita Villela, relaciones públicas y alma mater del gabinete de prensa de su mismo nombre se ha ido de viaje, un viaje sin vestuario y sin maletas. Durante un año habíamos sabido que una operación traumática la había dejado con un cuarto de pulmón a causa de un cáncer, pero Conchita, mujer fuerte y de arrolladora personalidad, podía con todo, todos quiénes la conocíamos estábamos convencidos que esta cruel enfermedad sería superada con creces, su fortaleza, su constancia y su edad, hacían preveer que Conchita iba a estar todavía muchos años a nuestro lado. Esta semana ha sido dura para muchos, no por nada, a mi el martes me entró un mal rollo terrible sin saber por qué, Rafa me dejó en la Plaza de la Catedral de Barcelona en un bar tomando un café, mientras él iba a Correos para luego encontrarnos en una comida de trabajo, estaba inquieta y al ver la catedral delante me dije voy a poner unos cirios para pedir a los santos por Rafa, por mi, por el trabajo, por la gente que sufre y por Conchita aunque en esos momentos ignoraba lo que le estaba pasando pues nadie me especificaba si estaba bien o mal o todo lo contrario, el fuego siempre es purificador y a mi las catedrales me dan tranquilidad, pagué el café, subí las escaleras de la Catedral y me tropecé con un portero que no me dejaba entrar, no daba crédito a lo que sucedía, ¡no se deja entrar libremente a la catedral de Barcelona¡, ¿por qué, pregunté, está a punto de caerse? (está en obras) “no en este horario, si quiere entrar a verla tiene que pagar cinco euros”. Le comenté que tenía muy poco tiempo, que conozco la catedral de toda la vida, que sólo quería entrar para estar un poco tranquila y poner unas velas:”Tiene que pagar en taquilla, son cincos euros”, lo repetía como un mantra. Me empecé a poner peor, sólo llevaba cinco euros, si pagaba la entrada no podía poner las velas, así que opté por poner una reclamación, tuve que esperar para hacerla, a una chica que estaba delante mío le pasó más o menos lo mismo y lo especificó en los papeles de denuncia que nos dieron, a la persona encargada de facilitarlos sólo le interesaba saber si había entendido que había otras horas para entrar gratis en la catedral , incluso me dijo que esta información se podía leer en la página Web de la catedral. Estaba en esa plaza por casualidad y me entraron las dudas al sentir que algo estaba pasando y no sabía el qué, ¡como para consultar la Web de la catedral todos los días cuando una sale de casa¡

NUNCA MÁS
Llamé al Gabinete de Conchita Vilella y pregunté cómo estaban: “Bien, tranquilos, Tere, ¿necesitas algo?” pregunté por Conchita: “Bueno…….”, la voz que me hablaba estaba serena pero no alegre, conforme escuchaba me entraban más dudas: “Oye, ¿puedo llamar a Conchita al móvil?” “No, hoy no lo lleva ”. Le dije que me quedaba con mis dudas, me dijo que me entendía, estaba muy descolocada, primero por lo de la Catedral, creo en la ceremonia de los cirios o velas, como se diga, y eso ya me planteaba el problema de si a Conchita ya no le hacia falta mi vela, luego el trabajo me distrajo de todo el follón. Esa noche a las dos de la madrugada mi angustia fue total, a través de un texto de los que en ese momento se escribían en el facebook supe que a Conchita ya no la volvería a ver más. Una amiga a la que desperté a las dos y cuarto de la madrugada me explicó lo irremediable: “Está en coma, es irreversible”

GENEROSA
Conocí a Conchita cuando empezaba en el mundo de las Relaciones Públicas y se encargaba de esta parte del negocio en la empresa francesa de moda Cacharel, en auge total en esos momentos, Conchita era divertida, humana, generosa, trabajadora, genial, testaruda, de ella aprendí que hay que dar en la vida mucho, y si no te corresponden no pasa nada, estar contenta con uno mismo era su divisa, con Cacharel empezó a despegar y también tuvo sus problemas, recuerdo uno de los más cafres, una folklórica, ahora pendiente de calificación del fiscal, le pidió ropa para sus promociones, para su vida, ofreciendo a cambio devolverle el material o pagarlo a precio de “saldo”, la folklórica ni le devolvió la ropa ni se la pagó nunca. Jamás, pero jamás, Conchita tuvo a lo largo de sus años como profesional un mal gesto y mucho menos hizo un escándalo sobre este tema, tragó, tragó ese momento y continuó trabajando. Teníamos mucho trato, cuando se casó por primera vez en el año 1988 lo hizo enamorada, ilusionada hasta la médula, me invitó, lucía bellísima y recuerdo que en el carro en el que los invitados llegamos a la ceremonia me invadió una sensación de bienestar cinematográfico, la organización fue perfecta. Conchita ya había creado su Gabinete de Comunicación llamado Conchita Vilella, era el primero o uno de los primeros que empezaban a funcionar en Barcelona.

TOUS Y EUGENIA
Conchita fue quién dio a conocer a los joyeros Tous y para ellos era un miembro de la familia y al revés. Fue quién convenció a Eugenia Martínez de Irujo para ser la imagen de Tous, algo que parecía un auténtico milagro, con mucho trabajo, con mucha intuición y con su saber hacer lo consiguió. Era una mujer de talento, independiente y amiga, lo era de todo el mundo. Ahora que se ha ido de viaje para siempre todos queremos haber sido sus más grandes amigos, yo ignoro la situación de los demás pero conmigo no sólo lo fue sino que lo demostró en los peores momentos de mi vida. Siempre se lo he agradecido, quizá se lo dije en muy pocas ocasiones, pero las dos sabíamos que estábamos ahí en cualquier momento y para cualquier cosa pero mi caso, por lo que me han contado y por lo que sé, no era único, formaba parte de la vida cotidiana de esta mujer.

CON TACONES Y EL TOBILLO ROTO
Cuando se separó fue duro para todos, pero ella cuando lo pasaba mal no lo decía jamás, siempre sonreía, difícil saber cuando tenía un mal día. Ante los problemas aseguraba: “no nos preocupemos, vamos a resolverlo”, su vida, los avatares de la misma y las hostias que ésta te pega lo solucionaba con una sonrisa y una frase: “esto lo vamos ahora mismo a resolver”. En la fiesta del cumpleaños de Rosa Oriol de Tous, en su casa de Manresa, se rompió el tobillo en mitad de la fiesta, no pasó nada, con sus tacones, con su energía y con su trabajo continuó como si no pasara nada. Era de otra pasta o los que nos hemos quedado somos muy de merengue.

APARECE LUIS
La cara le cambió a Conchita el día en que llena de felicidad nos cruzamos en el aeropuerto de Palma de Mallorca, ella iba a coger un avión hacia Barcelona y yo acababa de llegar a la capital palmesana para ir a cubrir la información de la Copa del Rey, en uno de aquellos pasillos me presentó a Luis, hombre sonriente, se había enamorado de nuevo, estaba feliz, él, médico de profesión, era la persona perfecta para una mujer que siempre andaba de una parte a otra como el baúl de la Piquer, con Luis reconstruyó su familia a la que tanto amaba, creía en ella, en sus amigos, en las fiestas populares. Y vivió hasta hace dos días lo bueno y lo malo con una sonrisa.

MI CABREO DIVINO
A mi Dios me tiene muy cabreada, si es verdad que existe ¿por qué se lleva a Conchita en la plenitud de la vida?, ¿por qué? Vamos a ver ¿por qué no se organizan un poco en el cielo?, pregunto, que la democracia también llegue allí y hagan un pacto no escrito, hablado, suficiente: “el viaje de ida y no vuelta a los 100 años para todos” aquí nos quedamos huérfanos con la ausencia de Conchita, tenemos derecho a una reclamación, seria, concreta, es cierto que su equipo es su esencia y continuidad y que ella desde esa metafórica ciudad de Jerusalén les echará una mano. Pensando en todo y para dejar todo atado y bien atado, ha legado su gabinete a su gente, es un gesto más de su generosidad y todos sus componentes hoy en el Tanatorio aseguraban que este lunes seguirán trabajando porque era lo que quería Conchita y que no lloraban porque ella querían que fuesen fuertes y se ocuparan de que en su funeral reinaran las flores y la música.

SAN PEDRO Y CONCHITA
Hacia años que no veía en un tanatorio tanta gente convencida de asistir a un acto de reconocimiento y homenaje, sin hacerlo por quedar bien, no sé, éramos muchos y todos sentíamos que hubiese sido tan pronto ese adiós. Ayer Rosa Oriol de Tous me dijo: “He tenido que verla en el féretro para asegurarme de que su muerte era verdad, que nos había dejado, no me lo creía” Por su parte Salvador Tous afirmaba: “Si Conchita no ha sido capaz de superar esta enfermedad ya podemos pensar que será difícil o imposible hacerlo si nos llega a los demás”.Nadie, absolutamente nadie, creía que Conchita no podría superar este cáncer. Tengo la más firme creencia de que al llegar al cielo nos va a echar una mano, seguro que nos hace falta, San Pedro hace una eternidad que se dedica a lo mismo, necesita personas expertas, nadie mejor que ella y lo va a hacer como siempre, poco a poco, sin ruido, con sonrisas, hará un gabinete a la medida de las circunstancias, para que el cielo esté organizado.

SU EQUIPO, SU ALMA CONTINUA.
De momento, en la tierra, siguen los suyos con un dolor tremendo Siempre he creído que cuando nacemos nos explican infinidad de historias , nos dicen tienes que ser bueno, tendrás una familia, un novio, dos, tres, trabajarás, tendrás amigos, pero nadie, absolutamente nadie, ni en el núcleo familiar ni en la sociedad, nos enseña a ser personas, lo vamos aprendiendo a base de golpes, no nos enseñan a amar y mucho menos nos preparan para la única cosa cierta que tenemos, que vamos a morir, es cierto, pero nadie quiere tocar este tema, es tabú, es la realidad, ¿por qué la sociedad es tan maniqueísta? ¿por qué esa falta de realidad auténtica? Esta preparación la reivindico, nuestros bebés, los que nacen estos días, merecen este respeto, empecemos explicándoles a ellos lo que es la vida y el viaje eterno. Y como dicen los versos de Martí Pol escritos en el recordatorio de Conchita Vilella que nos dieron durante la ceremonia: “De tu parlem, però no pas amb pena” (De ti hablamos pero no con pena).

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