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Ya viene lo bueno

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
sábado, 27 de febrero de 2010, 13:33 h (CET)
No somos pocos los que apuntamos hace tiempo que esta crisis de codicia desmadrada que han producido los extremadamente ricos y que pagan los pobres (trabajadores y ciudadanos de a pie) no era económica, sino sistémica. Negocios globales, en fin. A este respecto decía Einstein que no sabía si el universo era infinito, pero que tenía la certeza de que la estupidez humana sí que lo era, si bien obvió añadir que también lo es la codicia y la angurria que caracteriza a la especie.

Lo apuntamos entonces, pero no quisieron escucharnos. También hemos sido muchos los que hemos apuntado que esta crisis no hubiera sido posible sin la complicidad –posiblemente involuntaria, pero eficaz debido a su falta de cualificación- del corpus político, como no hubiera sido posible el negocio que se montaron las farmacéuticas a costa de las imaginarias pandemias sin el concurso entusiasta de las autoridades de la OMS y de los Ministerios de Sanidad de muchos o casi todos los países que estaban en el ajo. Y tampoco nos hicieron mucho caso. Ahí están los artículos, indeleblemente escritos y datados, y aquí los resultados.

Pero, en fin, nada es gratis y ahora hay que pagar la factura de aquello, más los intereses, claro. Ya se sabe que la termodinámica es muy tozuda y que no da marcha atrás ni por real decreto, y la entropía ya nos deglute. Los políticos, en sus intereses corto-temporales, tomaron torpes y absurdas medidas para paliar aparentemente los efectos devastadores de este latrocinio global de los poderosos, pero no hicieron sino trasladar el problema de emplazamiento. Dieron subvenciones y banal trabajo a muchos a costa del Erario y multiplicaron los dineros derrochados, al tiempo que los muy vivos aprovecharon para realizar despidos, liquidar tejidos industriales, abaratar costos del trabajo y reducir los ingresos de ese estúpido Juan Pueblo que traga con todo como un bendito, dejándonos, entre tirios y troyanos, en un callejón sin salida. El problema, que creían los políticos que únicamente radicaba en cómo algunos se quedaban con los dineros de sus semejantes, está ahora en las arcas de los Estados. Grecia, ha quebrado; Portugal, está en un tris; y España, en el alero. La cosa se solucionaría si no estuviéramos en el Euro, si pudiéramos devaluar la moneda y multiplicar unas exportaciones ahora casi imposibles debido al costo de esta absurda moneda de los mercaderes; pero ello es que nos han prestado tanto los dueños de Europa y el Euro, que ya no podemos escapar de la cadena que nos pusimos solitos al recibir tantas subvenciones y renunciar a nuestra libertad e independencia. Por todo ello, tendremos que pagar el doble o el triple, gastar el doble o el triple de lo que ingresamos, multiplicando ad aeternam nuestra dependencia o sometimiento. El problema, además de en el Erario, está ahora en el porvenir, que tampoco nos pertenece ya.

Nada es gratis, ya lo digo muchas veces. Sin embargo, han calculado mal, y es más que probable que no haya recursos para tanto, ni podamos endeudándonos hasta las cachas. A Grecia se le puede sostener, aún a costa de enormes conflictos sociales; pero ¿se podrá sostener también a otros países que están al borde de la quiebra, entre los que se encuentra España?... La respuesta, obviamente, es no. En breve, muy en breve, tal vez para el principio del verano, saltará a la palestra el problema de verdad en su genuina magnitud, el de que no hay recursos para hacer frente a la deuda pero tampoco para seguirse endeudando, porque la cosa va a más y quienes entonces no participaron del saqueo o aprovecharon la situación para arreglar sus problemas empresariales, están en ello con inusitado afán. La cosa no parará, porque la codicia se ha desatado, e incluso muchos de los que saben con certeza la que se viene, están llevándose sus dineros fuera, propiciando que en cualquier momento estalle en la cara de todos una tracamundana que para qué cuento. Pero, en fin, es más que posible que les dé un poco lo mismo, entre otras cosas porque si se cumplen los vaticinios de quienes por ahora no dejan subir a los estrados públicos, tal vez el Euro desaparezca y tengamos que volver a lo nuestro, a nuestra ancestral miseria. No sé si corralito, pero cabe la posibilidad de que algún día de estos, por los euros depositados proporcionen los bancos estampitas de María Goretti, como en Argentina.

El problema en las capas más bajas se incrementará todavía durante un tiempo, creciendo el número de desempleados en cierta cantidad, que no será muy grande porque ya quedan pocos que no sean funcionarios y que tengan empleo; pero el meollo en grueso de la cuestión se presenta en los bancos y cajas, las cuales tienen ahora muchos pisos y poca liquidez, y en el Erario, que ya recauda mucho menos de la mitad de lo que gasta, y con toda seguridad tendrá que socorrer en los próximos meses a alguna que otra entidad de ésas que están en el borde del precipicio. ¿De dónde saldrán los dineros, sino de más deuda?... ¿Y quién paga la deuda, si ya no hay tantos trabajadores?... ¿Los funcionarios tal vez?... Los políticos, lejos de solucionar ningún problema, lo han cambiado de lugar en la confianza de la llegada a última hora de un milagro o de un Séptimo de Caballería que también está en las colas del INEM.

Pero no; ni hay milagros, ni Séptimos de Caballería, sino un problema de tal magnitud que va a arder Troya con nosotros, los troyanos, dentro. Se trasladó el problema de lugar para ganarle tiempo al tiempo, y sólo se ha conseguido multiplicar los resultados. Así de perseverante es la termodinámica. Si no se detiene el proceso de entropía, crecen los efectos geométricamente. Y en ésas estamos, seguro. Lo que no tenemos tan seguro es si podremos salir de ésta ni cómo lo haremos, si aguantará siquiera el Euro o si esto no provocará una descomposición social irreversible. Veremos, que ya queda poquito.

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