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Etiquetas:   Crítica de cine  

"The Lovely Bones": Agárrame ese mal gusto

Gonzalo G. Velasco
Gonzalo G. Velasco
sábado, 27 de febrero de 2010, 09:31 h (CET)
Digámoslo ya. The Lovely Bones es una película fallida. Muy fallida. No sólo por no haber sabido explotar como debiera el material de partida de la novela original, sino también, y más importante, por estropearlo. Pero claro, diciendo estas cosas cualquiera pensaría que The Lovely Bones, versión impresa, es una obra maestra de la literatura. Y tampoco es eso. Ni mucho menos. El libro de Alice Sebold es tan sólo uno de esos libros “bonitos” que nuestras madres nos piden que les recomendemos para leer en la tumbona de la playa en agosto. Con una idea de partida atractiva, cierto, pero poco más. El problema surge cuando Peter Jackson se da cuenta de lo “bonito” que es el libro y decide trasladar esa cualidad a la pantalla. Porque en el universo de Peter Jackson, desde King Kong, los adjetivos se magnifican. Su cerebro es como una pequeña casa de gran hermano donde todo adquiere proporciones extralimitadas. Y uno de los lastres más notorios de su concepción de The Lovely Bones nace justo de esa peligrosa tendencia: lo bonito es tan bonito que apabulla, sólo que paradójicamente, no tanto por su belleza visual como por lo abigarrado de sus colorinches y efectos digitales. En otras palabras: deja de ser bonito y se vuelve molesto.

Si King Kong daba la réplica abracadabrante, hiperbólica, y anabolizada al clásico de Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper (con encierro de San Fermín jurásico incluido), The Lovely Bones trata de trasladarnos a una especie de limbo preciosista entre el cierro en el infierno que entra por la vista con más fuerza que el planeta Pandora de James Cameron en Avatar. Habrá quien vea en esto un piropo, pero, desde luego, no seré yo. Ambos universos resultan igual de cargantes e indigestos, pero al menos el de Avatar consigue ser, dentro de su estética de videojuego segundón para popes new-age, relativamente creíble, coherente y compacto, mientras que el universo plástico creado por Peter Jackson en la película que nos ocupa, chirría constantemente porque ni aún suspendiendo nuestra incredulidad con fe de marejada a fuerte marejada, conseguimos sumergimos en él. Y mejor así. O el mareo podría ser de órdago.

En cuanto a la historia, sólo decir que cuenta con uno de los tramos finales más absurdos y descompensados con respecto a los dos primeros tercios de la narración jamás vistos en los últimos tiempos, y que, con la excepción de las apariciones de Stanley Tucci (estupendo en su papel de infanticida sotto voce), sus momentos de interés real son tan escasos como la modestia de la puesta en escena de su director. Definitivamente, los excesos y la ampulosidad (algo que ya asomaba las orejas en algunos tramos de El Señor de los anillos) han fagocitado a aquel simpático friki que supo transgredir cuando la palabra aún significaba algo y que, casi sin querer, un buen día decidió rodar una película seria (Criaturas Celestiales) con la que sedujo a la crítica más sesuda para sorpresa de los fans de sus desparrames gore. Esta jugada no va a repetirse ni de broma con The Lovely Bones, un film pretencioso, hueco y ñono que certifica la sumisión del genio natural de un cineasta con talento al celofán CGI de lo intrascendente.

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