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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

España, un paraíso para los indeseables

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 27 de febrero de 2010, 09:30 h (CET)
Es el resultado de años de permisividad, de cesiones ante la inmigración ilegal, de demagogia de los gobernantes y de abuso de la buena fe del pueblo español que, entre sus vicios capitales, no cuenta, por supuesto, con el de la falta de solidaridad o con la carencia de buenos sentimientos hacia aquellos que padecen una situación precaria. Sin embargo, como en todas las cosas, todo debe tener un límite, un freno y una medida para evitar que aquello que, en un principio, pueda parecer favorable, caritativo y beneficioso para la propia sociedad española; fuere por exceso o fuere por falta de control de las personas a las que se acoge; resulte que, la recepción de inmigrantes extranjeros acabe por convertirse en un problema de convivencia, una carga para las finanzas estatales o, algo que todavía pudiera ser más grave, una cuestión de seguridad que pusiera en cuestión la admisión incontrolada de determinados sujetos o grupos conflictivos que encerraran el peligro latente de perjudicar el patrimonio, la integridad o la vida de los ciudadanos españoles. Los políticos hacen mal en confundir con la xenofobia determinadas actitudes, comportamientos y rechazos surgidos, en la ciudadanía española, respecto a ciertos colectivos de inmigrantes , en especial en cuanto todos aquellos que, por haber entrado clandestinamente en España, no disponen de permiso de residencia ni contrato de trabajo que les permitiera residir en nuestra tierra o, si los tienen, hacen un mal uso de tales beneficios, dedicándose a actividades delictivas que, naturalmente, engendran prevención y temor entre el pueblo español, no acostumbrado a este tipo de delincuencia, al estilo americano, basada en la extorsión, el asalto, el escalo y la violencia física contra las personas.

Quizá por ello y porque determinadas capitales españolas, como es el caso de Barcelona, parece ser que se han convertido, por la laxitud de sus autoridades, por una pretendida “hospitalidad”, que beneficia especialmente a todos aquellos que militan en colectivos minoritarios o grupos progresistas, incluidos los “rarillos” o que se consideren libertarios, bohemios, antisistema u okupas; en un verdadero paraíso, si es que lo comparamos con la atención que, tales comunidades de marginales, reciben en otras ciudades del resto de países europeos. El hecho cierto es que, por fas o por nefas, nos hemos convertido, en España, en una especie de centro de acogida, lugar preferido de concentración seudo turística o, si así se prefiere considerarlo, en una panacea, para todo lo que signifique delincuencia organizada, pillaje, bandas juveniles, descuideros, trata de mujeres, proxenetas e incluso, escuelas organizadas de enseñanza de terroristas; junto a toda una fauna de indeseables que han encontrado fácil acomodo, gracias a unas leyes blandas y la evidente seguridad de que su estancia en las cárceles españolas, en el caso de que sean atrapados delinquiendo, siempre será más confortable y breve que en cualquiera de los países de nuestro entorno.

La degradación de la Justicia que estamos experimentando en esta nación, desde que los socialistas se hicieron con el poder, ha sido una de las causas fundamentales de que se haya corrido la especie por toda Europa de que, España, es el país ideal para delinquir, para conseguir con facilidad y sin peligro operaciones abortivas y explotar impunemente a las prostitutas importadas por los medios más sencillos (por avión, por ejemplo) para luego obligarlas a vender sus cuerpos sometidas a la más vil de las esclavitudes. Claro que, el caldo de cultivo que ha creado una sociedad amoral, un país donde las aberraciones sexuales han experimentado la mayor difusión de toda la comunidad europea y donde ya se considera como algo normal el que determinadas salas de fiestas se conviertan en lugares públicos para practicar el sexo, sin que haya el más mínimo control por parte de los organismos gubernativos; lleva a fomentar conductas, dentro de una juventud sin valores morales, éticos o religiosos; absorbida por un fatalismo inducido y convencida de que lo único que vale es el carpe diem y el vivir de espaldas al futuro, para ellos incierto y cargado de nebulosas. Para el PSOE estas “libertades”, al igual que el permitir la vejación pública de imágenes religiosas, impedir los crucifijos en las escuelas, fomentar el onanismo en menores de edad o utilizar una asignatura, supuestamente destinada a fomentar el civismo de los estudiantes, la EpC, en un vademécum de conductas indisciplinadas y de adoctrinamiento sexual para que, los adolescentes, se esmeren, por medio de la experiencia, en averiguar si son homosexuales o heterosexuales; utilizando el sistema empírico consistente en averiguarlo mediante la práctica con sus compañeros y compañeras de estudios. Luego nos quejaremos de que chicas de 14 y 15 años se queden embarazadas y deban solucionar su problema abortando.

Pues, en este ambiente enrarecido en el que estamos viviendo, donde se junta una galopante crisis económica; el engaño de unos gobernantes que quieren a todo trance hacernos creer que no pasa nada y la evidente degradación de una gran parte de la población española arrastrada por un nihilismo filosófico que los lleva a abandonarse en los vicios, sin querer que nadie les hable de estudios, esfuerzo, trabajo, afán de mejora o deseos de superación; de pronto, nos aparece el inefable ministro de Asuntos Exteriores, señor Moratinos, para, con su habitual tono somnoliento, decirnos que han acordado con los EE.UU, traerse para casa a cinco de los presos, hasta ahora guardados en la penitenciaría cubana de Guantánamo. Ustedes me podrían objetar, con lógica, que “tenemos tantos indeseables en España que cinco más no importan” y puede que tuviera que darles la razón; sólo que, en este caso, juegan otros factores que nos hacen dudar de que, esta medida, sea la más conveniente para España. El primero es que, este romance que ZP inició con el señor Obama tan pronto fue elevado a la presidencia de los EE.UU. parece ser que no es correspondido como esperaba nuestro Presidente.

De hecho, no hemos visto, hasta ahora, los beneficios de esta “adoración” por el mandatario norteamericano; no hemos visto que hayamos recibido ninguna ayuda, contraprestación, trato de favor o, tan siquiera, algún gesto que permitiera que tuviéramos esperanzas de que nos llegara alguna ayuda de dicho país. Va ZP al día de oración, lee una cuartilla absurda y le largan de allí, sin que el señor Obama se haya esforzado en recibirlo ni cinco minutos; convoca, el señor ZP, una conferencia EE.UU-Europa, esperando que asistirá a la misma el señor Obama y resulta que, cuando ya lo da por hecho, recibe el no por respuesta; pero, eso sí, nos hemos apresurado a seguir alimentando la guerra, no me equivoco, guerra de Afganistán, con más aportaciones de soldados españoles (sería conveniente que la señora Chacón nos aclarase lo que ha aparecido en la prensa, respeto a determinadas actuaciones poco ejemplarizantes de algunos de nuestros efectivos, según denuncian los propios soldados afganos), cada vez más numerosas; nos hemos arrastrado a sus pies para que ZP se fotografiara con él y todo lo que ha sacado en limpio es que el Presidente americano haga una alabanza, sin concesiones, de las virtudes de las centrales nucleares dejando a nuestro Mr. Bean colgado de la brocha. Pero ahora nos endosan y los recibimos con campanillas, a cinco facinerosos terroristas que podrán vivir en España y, si se tercia, también trabajar en ella, ¡ancha es Castilla! Es aquello de “por si éramos pocos parió la abuela” Y, en verdad, no podemos negar que esto que nos ocurre no es más que ¡una gran parida!

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