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Tags: Opinión · Cesta de Dulcinea · Nieves Fernández
Eme


Nieves Fernández


Nieves Fernández Nieves Fernández
sábado, 27 de febrero de 2010, 10:29
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Se llama M, por ejemplo M de María, de Margarita o de Marylin, porque a veces es más conveniente dar solo las iniciales de las víctimas e igualarlas así con los asesinos de mujeres por aquello de la privacidad o por todo lo compartido a lo largo de unos años de amor, ¿amor?, y/o convivencia.

Es extranjera, de Bolivia, y en eso se escudan algunos para remarcar que por eso es por lo que suben las listas de mujeres asesinadas, porque en sus países ellas, las extranjeras, no tienen los mismos derechos que aquí, en España, van viendo nuestras mujeres autóctonas. Sin embargo, son muchas las mujeres españolas que también sufren las mismas agresiones de vida y de muerte.

Es joven, pero podría tener muchos más años que esos veinticinco de comienzo de vida, podría tener treinta o cuarenta, o cincuenta o sesenta, incluso ser octogenaria, que eso de la edad ya no se mira ni para el amor ni para el desamor de cuchilladas.

Vivía en el sur, pero igualmente le hubiera ocurrido de habitar el norte, que la amenaza machista no entiende de brújulas y alcanza cualquier horizonte por lejano e inalcanzable que sea.

Y además nos dicen que nunca denunció, como si al denunciar hubiera un seguro de vida. O sirviera de resorte para parar la maquinaria maldita y cobarde de matar mujeres en cada momento o en cada esquina.

Quizá la no denuncia le haya servido para ser la quinta mujer víctima de la violencia sexista de este año 2010 que por lo redondo que es nos suena a moderno y civilizado.

Pero quizá si hubiera denunciado, muy posiblemente también hubiera perdido la vida.

Y el mismo día la historia se repite. Como cada día, como cada año.

Se llama M, también M, M de cualquier otro nombre que los medios de comunicación no se atreven a decirnos con rubor de tinta roja en los periódicos, quizá se llamen con el mismo nombre; en cualquier caso M, de mujer y quizá de madre o de futura madre.

Es extranjera, de Bulgaria, porque las tentaciones se extienden por todas las geografías cercanas y lejanas como un reguero de pólvora, como en los malnacidos, pero cuidaba a una señora española que también ha salido herida en la reyerta.

Es joven también, tanto como para que la sociedad afirme y afirme que esto es cuestión sobre todo de educación de las nuevas generaciones, educación desde que se asiste a las primeras escuelas infantiles, vamos desde que se nace y una mano masculina o femenina te arropa o te consuela, que también los hay tiernos, pero a otros hay que educarlos como sin duda se merecen.

M. vivía en el centro del país, pero podría haberle ocurrido en el norte o del sur, en el este o en el oeste y tampoco denunció porque les dicen las lenguas avisadoras y adivinas que a lo mejor se hubiera evitado, cuando todos sabemos que siempre los primeros que llegan cuando pasa algo malo son los vecinos, luego la familia, luego los amigos... luego la seguridad de las fuerzas del orden.

Dicen que esto, lo de matar a sangre fría, a veces ocurre por celos, otras veces una carta manuscrita nos orienta un poco sobre lo sucedido o por suceder. A veces ellos se suicidan o lo intentan sin éxito pero antes agreden y a ellas les faltan el respeto. Lo que sí que hacen es aumentar las cifras femeninas, siempre femeninas, de mujeres inocentes, atrapadas y muertas que se llaman M, por ejemplo M.

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