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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Benedicto Brown

Kathleen Parker
Kathleen Parker
sábado, 27 de febrero de 2010, 09:25 h (CET)
WASHINGTON - Se levanta la veda del RINO y la cabeza más preciada es la de Scott Brown.

Inevitable y previsiblemente, el nuevo senador de Massachussets - el señor desplegable de revista de 41 años sencillo conductor de camioneta y detractor de la política fiscal -- ha decepcionado a su electorado, por desgracia, en representación de sus electores.

Es la prueba de la pureza una vez más, sólo que esta vez los riesgos son elevados y lo raro se está convirtiendo en la norma.

No es que los detractores de la política fiscal sean raros, la mayor parte de ellos no, seguro. Sin embargo, algunos corren el riego de entrar en el coto de los dementes. Una de las sesiones de la reciente Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) reflexionaba sobre si Abraham Lincoln era "amigo o enemigo."

No se puede decir que los enemigos de Lincoln definan las conferencias CPAC - y ciertamente no al Partido Republicano - pero la cepa libertaria creciente dentro del partido (ver los resultados de la victoria de Ron Paul) en combinación con las posturas anti-RINO (acrónimo de Republicanos Sólo de Nombre) está complicando la vida cada vez más a los moderados como Brown.

Brown fue atacado por los social conservadores con apenas una semana en su nuevo trabajo, aunque su postura favorable al aborto era bien conocida, para los lectores de esta columna al menos.

Ahora se ha puesto en el punto de mira de los conservadores fiscales y los detractores de la política fiscal de gasto que, aunque estaban a favor de Brown por su lucha contra la reforma sanitaria y los paquetes de estímulo, ahora le llaman traidor por apoyar la votación simple sin debate parlamentario del paquete de empleo de 15.000 millones de dólares de los Demócratas.

Miles subieron comentarios negativos a la página de Brown en Facebook, incluyendo el siempre popular "MENTISTE". Brown dijo que aunque el proyecto de ley era imperfecto, devolvería al mercado laboral a los estadounidenses. También dijo que esperaba que su voto fuera un "gran paso hacia el restablecimiento del bipartidismo en Washington".

Va a ser que no, Scottie. Los "verdaderos conservadores" quieren buscar la viga en (BEG ITAL)tu(END ITAL) ojo.

Cero cooperación con los Demócratas es al parecer el modus operandi predilecto entre el sector más puntero del Partido Republicano. Aunque hay detractores Tea Party independientes e incluso Demócratas, la mayoría se inclina por el Partido Republicano y son, sobre todo, conservadores fiscales. Y aunque no hay dirección centralizada ni líder, algunos segmentos encuentran que la anulación o la secesión son, al parecer, alternativas razonables a la política fracasada y el atracón de gobierno.

Estos verdaderos conservadores y cazadores de RINOs son, por decirlo suavemente, un problema para cualquier candidato o titular que trate de ser bipartidista, que traducido significa "traición al país".

La caza del RINO no es nueva. Pregunte a John McCain. O a John Avlon, autor del nuevo libro "Extremistas", que remonta la normalización de la caza hiperpartidista de herejes a la administración de George W. Bush.

Cita, por ejemplo, a Mónica Goodling, el enlace del Departamento de Justicia en la Casa Blanca que impuso un examen de social conservadurismo a los posibles empleados. La caza se intensificó durante la campaña presidencial de 2008, cuando ciertas personas a las que no hay que nombrar fueron "marginadas" por apóstatas por no comulgar con la lista McCain-Palin.

Avlon escribe: "La caza de herejes pretende ser una lucha de principios por la pureza ideológica, pero detrás de esa máscara hay un impulso más desagradable, un intento de intimidar e insistir en la conformidad... un recordatorio de lo que el disidente checo convertido en presidente Václav Havel escribió una vez:

'La ideología ofrece a los seres humanos la ilusión de la dignidad y los valores humanos al tiempo que facilita alejarse de ellos'".

Lo que emerja de esta batalla de desgaste será interesante, pero las cosas pueden ponerse feas a medida que el movimiento Tea Party cobra fuerza y las viejas alianzas dan signos de debilitamiento. El otro día, Bill Kristol, del The Weekly Standard, hizo un comentario en "Fox News Sunday" que puede ser un vaticinio de lo que está por venir:

"Los detractores de la política fiscal son lo mejor que le ha pasado al Partido Republicano en los últimos tiempos".

(BEG ITAL)¿En serio?(END ITAL)
Hace menos de 10 años, el padre de Kristol, Irving Kristol, fundador del movimiento neoconservador, llegó a la conclusión de que los neoconservadores no se sumarían a los libertarios porque no tienen valores. Los aliados naturales de los neoconservadores, decía Kristol padre, eran los conservadores religiosos. De esa alianza surgió lo que la revista de Bill Kristol bautizó como "el conservadurismo del gran gobierno" y las políticas de Bush hijo con el rechazo de la mayoría de los estadounidenses en la actualidad.

¿Y ahora? A los detractores de la política fiscal no les interesan mucho las guerras interminables ni los asuntos sociales apreciados por los evangélicos. Otro seminario del CPAC que atrajo un nutrido público a pesar de contraprogramarse a Newt Gingrich se titulaba: "Les han mentido: Porqué los verdaderos conservadores se oponen a la guerra contra el terror".

¿Abandonan los neoconservadores el electorado Republicano y siguen la nueva tendencia creada por los detractores de la política fiscal? En palabras de un miembro del colectivo Tea Party: "cómo van a encajar los neoconservadores del gobierno limitado nacional con la construcción de identidades nacionales de grandes gobiernos en el extranjero va a ser algo digno de verse".

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