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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Del último juicio del franquismo contra Garzón

Mario López
Mario López
viernes, 26 de febrero de 2010, 00:19 h (CET)
No cabe duda de que la situación del juez Garzón pone de manifiesto la vigencia del régimen franquista en nuestros días. Pero, siendo aberrante, lo que en absoluto se puede decir es que sea sorprendente. Los que hemos vivido la Transición sabemos que aquello consistió en un cierto relajamiento democrático del Movimiento Nacional, acompañado de algunas caras nuevas, o no tan nuevas, para dejar a cada cual en donde estaba el día antes de morir el dictador.

En fin que, como dijera Serrat en su famosa canción, pasada la fiesta, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el avaro a su avaricia; lacerantes vestigios de un mundo que deberíamos haber abandonado hace tiempo. Pero estas cosas es lo que tienen. Que la aberración descontrolada acaba derivando en el espertento, cuando tenemos que aguantar que sea el franquismo, sin careta, el que asume el juicio contra Garzón. Siendo Garzón magistrado de la Audiencia Nacional o, lo que es lo mismo, del Tribunal del Orden Público. Si Franco levantara la cabeza le daría la risa. El régimen por él creado juzgando a un magistrado de un tribunal salvaje, también, fruto de su retorcido ingenio. La restauración borbónica está a punto de durar lo que duró la dictadura franquista, sin haber cambiado ni a un solo pinche de la cocina del poder verdadero. Así que lo que ahora se ha dado en llamar democracia ha abierto una causa general contra todo aquel que ose exigir una reparación por los crímenes cometidos por la represión fascista. Está claro en manos de quienes estamos. Cierto es que si todo lo que acabo de escribir lo escribo en época de Franco, ya mismo estaría en la DGS, en un calabozo debajo del despacho de Esperanza Fuencisla Aguirre Gil de Biedma condesa consorte de Murillo, soportando todo tipo de carantoñas a manos de Billy el Niño o el comisario Conesa. Pero, precisamente, en mi derecho al pataleo reside la credibilidad del disfraz demócrata del franquismo.

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