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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Una huelga de guante blanco

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 25 de febrero de 2010, 07:25 h (CET)
Supongo que ninguno de ustedes se habrá tragado la especie de que los señores Méndez y Fernández Toxo tiene la más mínima intención de enfrentarse al señor Zapatero por el tema de los cuatro millones y medio de parados o por la cuestión de los cientos de miles de autónomos que se han quedado sin trabajo o, incluso, por la cantidad espeluznantes de medianas y pequeñas empresas que han tenido que bajar las persianas por no haber conseguido un crédito o una ayuda del Estado a través de este peregrino sistema de los préstamos del ICO a través de entidades bancarias que son las que, en definitiva, deciden a quien se le han de dar y a quien no. Les voy a explicar lo que pasa con los Sindicatos y cuales son los problemas que tienen que, por supuesto, no son sus relaciones con el Gobierno, con el que están a partir de un piñón y, por si fuera poco, el señor Rodríguez Zapatero ya se ocupa, con una diligencia que bueno sería la aplicase a resolver los problemas de los españoles, de que sus arcas rebosen de abundancia y de que todos los que forman parte de sus direcciones, incluidos los liberados, no tengan que preocuparse por ir a parar al paro. No señores, lo que preocupa de verdad a los señores Méndez y Toxo es la manera de contener a aquellos trabajadores que han perdido sus trabajos y no encuentran otra ocupación o a aquellos ( más de un millón y medio) que ya han dejado de percibir subvenciones por haber caducado el periodo que les correspondía percibirlas o, y no nos olvidemos que cada vez son más, aquellos jóvenes que intentan acceder a alguna ocupación y ven que tienen el camino cerrado a causa de los errores gubernamentales en afrontar la crisis, lo que ha causado que, cada vez más, los puestos de trabajo se vayan destruyendo en lugar de ir aumentando.

No lo dicen, porque no les conviene airearlo, pero está llegando un momento en que toda esta gente que se encuentra en la calle, que ve pasar el tiempo sin que las cosas mejoren y, por añadidura, se dan cuenta de que cada año que pasa sus posibilidades de conseguir un trabajo adecuado se van alejando y, con ello, las esperanzas de recuperar un nivel de vida que nunca soñaron que podrían perder; es muy posible que empiece a moverse por su cuenta si no encuentra, en los Sindicatos, el cauce adecuado para dar salida a su descontento, exponer sus legítimas reivindicaciones y su desesperación ante el callejón sin salida al que están abocados. Lo que ocurre es que, estos Sindicatos que presiden estas dos “figuras” del sindicalismo; de este sindicalismo acomodaticio, sin gas, apoltronado y subvencionado, no se parecen en nada ni al resto de sindicatos europeos que se caracterismo por su realismo, posibilismo, acomodación a las circunstancias, que son capaces de pactar con los patronos medidas de contención del gasto cuando se aperciben que, el no hacerlo, resulta infinitamente peor para sus defendidos que el aceptar un acuerdo de mínimos que permita reducir los efectos de un mal momento de la economía; ni tampoco a aquellos que, hace unos años, se revolvían contra los gobiernos planteando huelgas generales y movilizaciones, movidos por planteamientos ideológicos, sin reparar en los daños que tales movilizaciones causaban en la economía nacional, porque su único objetivo se centraba en derrumbar, por motivos políticos a los Ejecutivos de distinta ideología.

Ahora estamos ante unos Sindicatos que se mueven por distintos estímulos. Se trata de unos Sindicatos que podríamos, sin duda, calificarlos de apéndices del gobierno socialista, del que dependen, del que obtienen apoyo y dinero y del que reciben las consignas de cómo deben actuar ante cualquier situación que se les presente. Así se explica que en una situación como la actual, con 4’5 millones de parados; con unas cifras macroeconómicas que espantarían al economista más optimista y ante la evidencia de ser la nación de Europa que con Grecia, Letonia, Irlanda y Portugal tenemos el dudoso honor de viajar en el furgón de cola, en España los Sindicatos; en lugar de plantearse seriamente salir a por todas, exigir rectificaciones radicales de los gobernantes para que nos saquen de la recesión o, incluso, convocar una gran huelga general que obligue a la Administración a variar el rumbo y buscar nuevas salidas a la crisis; se hayan instalado en sus “cuarteles de invierno”, se escuden en que lo que ocurre en nuestra nación no se debe a la mala gobernación, sino a la crisis mundial y en que, en todo caso, a quien se ha de pedir explicaciones, contra quien hay que actuar y exigir explicaciones es a los empresarios y capitalistas. Así lo llevan haciendo desde que Rodríguez Zapatero negó la existencia de la crisis y prometió pleno empleo para el año 2009 y continúan ahora sin que parezca que se hayan apercibido de que quien es el principal responsable de la situación actual es el gobierno del señor ZP...

Ahora, por imperativo de las circunstancias, necesitan abrir una válvula de escape para dejar que se rebaje la tensión de la población trabajadora, dar una salida a su disgusto y encauzarlo de manera que se derive contra la derecha haciéndola responsable del derrumbe de la economía. Es por ello que han decidido convocar una huelga, pero ¡cuidado! con tiento y cautela, para que la protesta no se les escape de las manos. La huelga que se plantea llevar a cabo, no será tanto contra el Gobierno, aunque así lo parezca, sino en contra de una utópica modificación de la edad de jubilación que el Ejecutivo ya ha dicho que no se haría y que ya desmintió, incluso ante Bruselas, cuando ZP, llevado de sus ganas de parar el estoconazo que se le propinó en Davos, se sacó de la manga, como parachoques, para demostrar que quería hacer algo para remediar el mal estado de las finanzas estatales. Esta idea improvisada, como es su costumbre, que expuso en un momento de apuro, sin medir las consecuencias de sus actos: es la que le viene causando problemas y, por ello, ha sacado a la palestra al señor Corbacho para que le quite hierro al tema, niegue que se va a implantar de inmediato y asegure que, en todo caso, primero será objeto de negociación con los representantes sociales. La manera en la que se expresa el ministro de Trabajo, el señor Corbacho, que parece que se tiene que poner los guantes de seda antes de dirigirse a los Sindicatos, las atenciones que tiene con ellos, que tanto contrastan con la rudeza utilizada con la patronal; así como, la forma distendida con la que, el señor ZP, comentó la posibilidad de esta huelga; nos permiten colegir que todo está “atado y bien atado” y que las aguas no llegarán al río.; ponen en evidencia que los Sindicatos ya tienen ganado, de antemano, lo que piensan reivindicar en la calle.

Así las cosas, las huelgas previstas no tienen ya finalidad alguna y sólo buscan dar la sensación de que los Sindicatos se están moviendo, que hacen algo, que han salido de su letargo y que, a diferencia de lo que venían haciendo hasta ahora, han sacado a relucir los largos cuchillos para poner las peras a cuarto al Gobierno. Vean, si no, la rara circunstancia de que ya hay miembros destacados del PSOE que se han mostrado dispuestos a participar en la manifestación ¡contra ellos mismos!, como la portavoz del PSOE en la comisión del Pacto de Toledo, que tuvo la debilidad de anunciar que ella participaría en la huelga. Pero así es como ZP viene consiguiendo engañar, una y otra vez, a los ciudadanos y hacer que el estado actual de la nación no parezca tanto culpa suya y de su Ejecutivo, sino debido al impacto de la crisis mundial por una parte y a la derecha de siempre, de otra. Si, señores, manus manum lavat, como decía Petronio.

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