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Razones y sinrazones

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 24 de febrero de 2010, 10:18 h (CET)
Cuando Walter Lippman pronunció su afamado aserto “Donde muchos piensan igual, nadie piensa mucho”, lejos de reconciliar libertad y democracia, apuntó directamente a la sien de la última y percutió el arma de la razón. Al menos en España, ésta es una verdad incontestable: tribus urbanas para que los individuos se dejen llevar por la marea del grupo, aficiones futboleras donde el individuo es anulado por la masa, masa de televidentes hipnotizadas por el lavado de cerebro del esperpento de turno, fanatismo político donde sólo cabe la anuencia del individuo… Mira uno la realidad, revisa con espíritu crítico lo que acaece a su alrededor, y no le queda otra que admitir que tenemos libertad… para renunciar a ella, o, en el mejor de los casos, para aborregarnos en un respaldo al jefe de la manada que nos anula como seres pensantes responsables de su propia libertad y constructores de su propio destino.

Sólo desde la sinrazón de la masa poco o nada racional podemos entender muchas de las cosas que nos suceden cotidianamente: que se elijan para representarnos a personajes de tan baja catadura intelectual como hemos visto en las selecciones de Eurovisión, que se den por buenos los bodrios televisivos que gobiernan las audiencias de las parrillas televisivas, que tengamos los gobernantes que tenemos… “Un hombre, un voto”, es una responsabilidad demasiado grande para persoas poco formadas o insensatas, y tanto más cuando en algunos ámbitos, como el político, todavía se desvirtúa más el desvarío gracias a la aplicación de leyes como ésa de tal D´hont, donde el voto de alguien poco ilustrado de una región tiene tanto más valor que decenas, centenas o millares de otros votos de urbes, donde probablemente depositan el suyo personas con mucha más formación y calidad intelectual. Y así nos va, claro. Los ignorantes, los que gustan ser parte de una masa o necesitan rodearse de ella para tener una opción de ser, suelen ser gentes muy voluntariosas y bien mandadas, y suelen acudir a votar en masa. El crítico, por tener ideas propias, tiene conflictos a la hora de entregar su respaldo a una opción, porquesuele no verse debidamente representado por el elenco de quienes optan al puesto o cargo, y a menudo suele abstenerse. El resultado: la sociedad que tenemos.

Es precisamente este proceder lo que ha convertido en frikis a nuestras sociedades, promoviendo aberraciones como entre las que ordinariamente nos desenvolvemos. A algunos les puede parecer anecdótico o casi simpático que un friki represente a su país aunque sea en un certamen de canciones domingueras, o que se hayan propulsado a los puestos de mayor relevancia social a los nefandos personajes que asolan nuestro intelecto, ninguneando la calidad; pero es que incluso cuando hablamos de cuestiones tan capitales como la Política, no encontramos otra cosa que personajes de dudoso -y tal vez seguro en su nulidad- talento al frente de las cuestiones que determinan nuestro marco de convivencia, nuestra calidad de vida y hasta las posibilidades que como país o como nación, y aún como individuos, tendremos de futuro. Cinco millones de familias sin ingresos, es un lujo que a toda luces no nos podemos permitir, como no nos podemos permitir que uno de cada dos jóvenes no tenga expectativas profesionales de ninguna clase.

Que Zapatero no ha dado una ni por ídice de probabilidades en seis años que lleva de Presidente es un hecho incontestable, como lo es que a la vez ha dilapidado la herencia que los españoles habían ahorrado. No hay ni un experto en ningún área social, ajeno a su Partido, que pueda darle la razón en una sola de las medidas que ha tomado para paliar la crisis que se negó a admitir que existía, pero sigue en la cumbre del poder, contando con el fanático y unánime respaldo de los suyos. No sólo ha sido incapaz de solucionar uno solo de los problemas que nos embargan, sino que su desacierto, brujuleo e incapacidad le ha llevado desde llamar antipatriotas a los que le advertían de la realidad que no veía en su egocentrismo, a tirar por la alcantarilla del mesianismo demagógico nuestros haberes, al tiempo que dejaba a cinco millones de sus potenciales seguidores en el desempleo, el hambre y un futuro desolador. Y, sin embargo, los suyos, incapaces de ver su inutilidad y si incapacidad manifiesta para gobernar el país común, le respaldan, apoyan y jalean, animándole a que nos sumerja más todavía en el abismo. Nunca, nunca fue más verdad que donde muchos piensan igual, pocos piensan mucho.

La masa es así: deglute y anula al hombre y su razón, convirtiéndole en nada más que un enser sin criterio. Quienes no piensan como ellos, desde los púlpitos del Estado somos denostados como antipatriotas, franquistas, retrógrados o fascistas, cuando no es verdad. Estar contra el incompetente no es atacar al grupo que le apoya o alinearse con el grupo que le oposita, sino estar contra el incompetente. Sólo eso, que ya es mucho. Zapatero ha tenido seis largos años para demostrar que ni se ha acercado un poco a las soluciones, instalándose de lleno en el problema y el error, rodeándose de los personajes más inadecuados e incompetentes para solucionar los problemas que tiene España y dando como resultado la defenestración de nuestro capital social, nuestra imagen internacional y nuestra proyección de futuro, al tiempo que se ha buscado el respaldo –pagando millonadas- de toda suerte de parásitos sociales. No; estar contra Zapatero y su manifiesta incapacidad, no es estar a favor del PP, sino de España, y el primer acto patriótico del Presidente y su Partido, ahora que tanto corean la reaccionaria palabra “patriotismo”, sería admitir su incompetencia y retirarse para ceder el paso a alguien más cualificado. La obcecación e irracionalidad del PSOE, sólo juega contra todos; pero, ya lo dijo Lippman: “Donde muchos piensan igual…” Mientras esto no cambie de raíz y los individuos aprendan a ser individuos con ideas propias, sin duda tendremos Chiquilecuatres y similares al frente de cada uno de los aspectos de España.

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