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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Ruptura generacional

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 24 de febrero de 2010, 07:01 h (CET)
En tanto persiste el debate sobre la autoridad en las aulas, la Fiscalía General del Estado lanza un grito de alerta sobre la violencia que menores y adolescentes ejercen sobre sus padres, porque la cosa va en aumento. La fiscalía considera ‘preocupante’ el incremento de este tipo de brutalidad.

Para intentar acabar con esta clase de agresiones, en muchos caos se toman medidas cautelares urgentes, como el alejamiento, medida nada adecuada porque apartar al menor del entorno familiar no es la mejor solución. Desde la Fiscalía se propone enfatizar las sanciones que persiguen una finalidad reparadora, en el sentido de ser útiles a la comunidad y fomentar un proceso de reflexión en el menor. El objetivo que pretenden las entidades que se dedican a la reinserción del menor es reconciliar padres e hijos, pero ante todo “conseguir que los padres recuperen la autoridad perdida y los hijos valoren la importancia del respeto”, dice Gemma García, coordinadora del área de menores de la Fiscalía de Valencia.

El libro del profeta Malaquías es el último del Antiguo Testamento. El trasfondo del texto trata de la fe cínica de los judíos que confiaban en su hipocresía religiosa para conseguir que las cosas les fueran bien. El resultado de esta práctica hipócrita de la religión fue que empezando por los sacerdotes, los guardianes de la revelación de Dios, y acabando por el pueblo común, todos se habían apartado de la ley de Dios. El resultado de dicho alejamiento, entre otras cosas, afectó a la relaciones conyugales: “Pero diréis: ¿Por qué? Porque el Señor ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido infiel, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto…Guardaos, pues en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque el Señor Dios de Israel ha dicho que aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo el Señor de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis infieles” (2:14-16).

Excepto Génesis 2:22-25 que se considera es la institución divina del matrimonio monógamo, el texto de Malaquías es el que con más fuerza lo defiende, a la vez que denuncia el divorcio. Como resultado de la infidelidad a Dios se desencadena una serie de acontecimientos que rompen las relaciones familiares. Se empieza siendo infiel a la mujer que en la juventud, cuando su belleza resplandecía con el máximo fulgor, se le juró fidelidad. La expresión “cubrir de iniquidad su vestido”, indica protección. Rut, la moabita, la ascendiente de Jesús, le pide a Booz, que sería su marido “extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano” (Rut 3:9). Con esta petición la mujer se pone bajo la protección de quien sería su esposo.

Dios rechaza el repudio y la violencia a la que los judíos sometían a sus mujeres. Cuando el Señor dice: “que cubre de iniquidad su vestido”, pone a la mujer bajo su protección. La pregunta es: ¿Desean las mujeres la protección de Dios? En la familia en la que no se goza la paz de Dios impera el desorden. Cada miembro de la familia manteniendo su opinión. El consenso es imposible. La consecuencia es que los padres no se entienden y el resultado es la violencia de género y, cuando se dirigen a sus hijos éstos no se dan por eludidos. La ruptura generacional es un hecho.

El libro de Proverbios deja entrever la ruptura generacional cuando dice: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (1:8). ¿No nos es familiar la desobediencia que manifiestan los hijos de hoy? En tiempos de Malaquías la ruptura generacional debía ser muy grave cuando el profeta se ve obligado a escribir: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día del Señor, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga e hiera la tierra con maldición” (4:5,6).

El Nuevo Testamento identifica el Elías que tenia que venir con Juan el Bautista, el heraldo que anunciaba que Jesús era el Mesías que esperaban. Al inicio de su ministerio público el Bautista predicaba un mensaje de arrepentimiento que comportaba que sus oyentes tenían que arrepentirse de sus pecados. Juan preparaba a su auditorio para que creyesen en Jesús que tiene el poder de perdonar los pecados. Como nación Israel no se arrepintió de sus pecados y en vez de aceptar al Mesías esperado lo crucificaron. En el año 70 de nuestra era los ejércitos romanos destruyeron Jerusalén con su templo y, el símbolo de la presencia de Dios entre su pueblo escogido se destruyó. Debido al rechazo que hicieron del Mesías Dios “hirió la tierra con maldición”.

En el momento en que una familia cree en Jesús como Señor y Salvador, la ruptura generacional desaparece porque los padres ocupan el lugar que les corresponde y los hijos el suyo. Los padres, por la autoridad recibida de Dios ordenan a los hijos y éstos reconocen la autoridad de sus padres. Con Jesús se restablece el orden familiar y con ello la buena convivencia tan necesaria en los hogares de nuestros días.

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