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Etiquetas:   La linterna de diógenes  

Hechos tozudos

Luis del Palacio
Luis del Palacio
martes, 23 de febrero de 2010, 07:37 h (CET)
El próximo mes hará seis años que el país se estremecía ante el hecho más sangriento sucedido en España desde la Guerra Civil.

La muerte de 191 personas y el desgarro físico y moral de muchas miles, víctimas de las bombas colocadas por terroristas en trenes donde se desplazaban a sus puestos de trabajo, sus clases, sus actividades diarias, muchos centenares de seres, en una fría mañana de finales del invierno de 2004, nunca desaparecerá de la memoria colectiva de toda una generación, como sucede cuando sobreviene un hecho que marca de modo inexorable la vida de muchos.

A la estupefacción del momento, le sucedió una reacción de rabia y el deseo de encontrar cuanto antes a los culpables. El gobierno del PP, que se enfrentaba a los pocos días (14 de marzo) a unas elecciones generales con bastantes probabilidades de ganarlas, actuó torpemente, atribuyendo la autoría del crimen, sin mayores comprobaciones, a la banda terrorista ETA. Este error garrafal fue hábilmente aprovechado por el partido rival y, cuando se pasó de una duda razonable sobre quiénes pudieron haber cometido el atentado a la afirmación (tan gratuita como habérselo endosado a la banda de forajidos vascos) de que había sido un comando de Al Qaeda, se produjo un inesperado vuelco electoral: a los tres días del atentado, el PSOE ganaba las elecciones y José Luis Rodríguez Zapatero, un gris diputado que había llegado a la secretaría general de su partido en un momento en que este atravesaba una profunda crisis interna, se convertía en un inesperado presidente del gobierno.

No es cuestión de entrar aquí en los pormenores de lo que sucedió durante los días, semanas y meses que siguieron a la masacre de las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia; pero no debe olvidarse que los primeros errores cometidos en la investigación de los hechos fueron responsabilidad del todavía gobierno en funciones.

La opinión pública reaccionó positivamente ante el juicio, celebrado entre los meses de febrero y julio de 2007. Aunque quedaban puntos oscuros que en el amplio proceso no se llegaron a aclarar, parecía probada la responsabilidad directa de las personas encausadas, a las que se condenó a penas que suman (siempre en teoría, claro) varios miles de años de cárcel. No faltaron las voces discrepantes. Se publicaron numerosos libros y reportajes sobre las investigaciones que se habían llevado tras el atentado y todos parecían coincidir en una cosa: la negligencia con que se cuidaron las pruebas (acaso la más notable fue el definitivo desguace de los trenes, con la consiguiente imposibilidad de realizar exámenes periciales más exhaustivos)

Una cuestión de vital importancia para determinar la procedencia del explosivo era su propia identificación y se concluyó que era Goma-2 ECO. La imputación de Suárez Trashorras como la persona que había suministrado el material necesario para elaboración de las bombas, procedente, según se afirmó, de Mina Conchita (Asturias), parecía fuera de toda duda… o al menos esto es lo que se nos hizo creer.

Sin embargo, ahora se han hecho públicas unas cintas de vídeo que lo trastocan todo.
El juez Gómez Bermúdez, que presidió el tribunal, ordenó el peritaje de los explosivos para verificar que, en efecto, se trataba de Goma-2 ECO. Las sesiones fueron grabadas y aportan un dato sustancial que no se tuvo en cuenta: la presencia de un componente llamado “dinitrotolueno” dejó perplejos a los expertos, ya que forma parte del Titadine (el explosivo habitualmente empleado por ETA) y nunca de la Goma-2 ECO.

La Asociación de Víctimas del 11-M, consciente de la irregularidad, solicitó al juez la entrega de las cintas, cosa que no se ha producido hasta hace unos pocos días ( casi tres años después de haberse celebrado el juicio)

Incluso los que no nos sentimos proclives a la “teoría de la conspiración”, nos preguntamos: ¿por qué?

Parece que hay factores más que suficientes para que se reabra la investigación y se ponga todo aquel largo proceso en entredicho.

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