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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La balsa salvavidas de Marcos Rubio

Kathleen Parker
Kathleen Parker
martes, 23 de febrero de 2010, 07:33 h (CET)
WASHINGTON - Mar-co, Mar-co, Mar-co.

El nom du jour, por si no lo sabe, es Marco. Como en Rubio, la estrella conservadora en auge, no Polo.

¿Y todas las demás estrellas en auge? Muy pasadas. ¿Qué Sarah? ¿Scott quién?

A juzgar por toda la tinta, dimes y diretes sobre Marco - el nombre que prefieren los fans - se diría que ha trazado la ruta de la seda. A una escala ligeramente menor, abrió el desfile anual de estrellas conservadoras en el CPAC el jueves con un conmovedor discurso que hizo que se cayera el pabellón conservador.

Rubio puso toda la carne en el asador, pero fue el menor de sus encantos. Comparando, no hubo mucho a lo que hincar el diente. La versión Día de la Marmota de una banda sonora de música country.

Pero entre las expectativas hubo algo nuevo que será muy útil a los Republicanos los próximos meses - y años. El Partido Republicano tradicional es cada vez más joven y tiene mejor tono. Rubio, el favorito de los detractores de la política fiscal que desafía al gobernador de Florida por el escaño del Senado, puede ser el Barack Obama del Partido Republicano.

Más importante aún, pertenece a la nueva generación de líderes jóvenes que son la primera generación estadounidense de hijos e hijas de exiliados, capaces de hablar del sueño americano de una manera personal. Hijo de inmigrantes cubanos y 38 años de edad, es el rostro del nuevo Partido Republicano. Que sea fotogénico ayuda.

La historia de los trabajadores padres de Rubio - 16 horas de peón su padre y su madre cajera en un súper Kmart - resulta ya familiar. Y aunque el dicho de que la mala suerte es una virtud está tan rancio a estas alturas como la tarta de María Antonieta, Rubio se salva gracias al cliché del improbable benefactor de un muerto viviente: Fidel Castro.

Los padres de Rubio llegaron a América para escapar de la cruel tiranía de Castro. No hay que poner lágrimas de cocodrilo como Glenn Beck - ni caer en la belicosidad de palabras como "fascismo" o "socialismo" - cuando tu vida es la metáfora del movimiento anti-Obama.

Y los Republicanos no tienen que enterrar a los electores hasta las orejas con discursos y promesas. Ni siquiera tienen que invocar la "excepcionalidad", el eufemismo progre de empapelar las aulas con los Diez Mandamientos.

Todo lo que tienen que hacer es dejar hablar a Rubio y recordar a los votantes por qué, como él mismo dijo, no ve a los norteamericanos abordando balsas para buscar refugio en otros países. Los inmigrantes como sus padres "entienden claramente lo diferente que es América del resto del mundo... Lo que hace grande al país no es que tengamos gente más rica que nadie", sino que "hay sueños que son imposibles en cualquier otro lugar, pero son posibles aquí".

Rubio recordó a su complacida audiencia que aquellos que llegan a nuestras costas proceden de países que han dejado que el gobierno controle la economía y que decida las empresas que tendrán privilegios. Estados Unidos, teóricamente al menos, ha optado por dejar que prospere el libre mercado, y por tanto la libertad. El problema de las economías dirigidas por el gobierno, dijo, es que "el obrero nunca se convierte en el patrono; la pequeña empresa no puede competir con la grande".

Son verdades sencillas, pero que resuenan más cuando son elaboradas por la voz de la experiencia personal en lugar de leer el texto de los manifiestos.

Rubio no es el candidato perfecto a pesar de su coronación casi instantánea. Se metió en un jardín rayano con la mentira cuando dijo que sólo en Estados Unidos se puede iniciar una empresa en el garaje. En realidad, pequeñas empresas surgen todos los días en los vertederos de países en donde "el garaje" en donde duerme el ganado.

Errores perdonables aparte, Rubio representa algo importante para un partido en el que diversidad ha significado contratación de mariachi para la convención. Y no es sino una de varias estrellas jóvenes Republicanas en ascenso que comparten sus raíces políticas. Se me ocurren el gobernador de Luisiana Bobby Jindal, de 38 años, y la Representante de Carolina del Sur Nikki Haley, también de 38 años, ambos de la primera generación de hindúes americanos.

Jindal, lamentablemente, hizo su debut nacional antes de tiempo con su vapuleada respuesta al discurso del Presidente Obama ante el Congreso en 2009. Pero también como Rubio, es joven y tiene décadas para recuperarse mientras supervisa la reconstrucción de Luisiana post-Katrina.

Haley, candidata a la gobernación frente a una ganadería de caballeros templados y con experiencia, es tan popular como un contable fiscalmente conservador. Al igual que Rubio, tanto Haley como Jindal pueden relatar la historia del sueño americano con la pasión de vivirlo de primera mano.

En un mundo donde la narrativa mueve la política, esto viene como un guante. Tanto, incluso, como ser hijo de una madre que vive de una pensión y un pastor de cabras de Kenya. Incluso podría decirse que son excepcionales.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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