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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Rajoy vuelve a perder

Lorenzo de Ara
Redacción
lunes, 22 de febrero de 2010, 12:52 h (CET)
Lo dijo Heródoto: “De todos los infortunios que aluden a la humanidad, el más amargo es que hemos de tener conciencia de mucho y control de nada”.

También sentenció: “El más acerbo dolor entre los hombres es el de aspirar mucho y no poder nada”.

José Luis Rodríguez Zapatero es un aventurero. No le tiene miedo a nadie. Menos aún a Rajoy. El gallego no le incomoda. Es un débil aspirante al título de presidente de España. Pelea, no se cansa, aguanta los golpes del campeón, pero sigue sin levantar pasiones. Nadie le acompaña en la derrota.

Rajoy no es descendiente de aquel general griego que se enfrentó al temido ejército del imperio Persa.

En la llanura de Maratón se ganó una batalla que cambió el rumbo de la historia para occidente. La infantería y los inmortales del emperador Darío I perdían una vez más a manos de una ciudad estado minúscula, orgullosa y arrogante.

Filípides corrió más de 41 kilómetro para anunciar la victoria. Luego murió. Rajoy ni siquiera tiene un soldado tan aguerrido. La derecha española sabe jugar en una mesa, pero es incapaz de bajar al campo de batalla.

No piense el sapientísimo lector que Rajoy es peor que Zapatero. No, nada más lejos de la realidad.

Zapatero es el todopoderoso que ha negado la crisis y ha prometido la salida del túnel en muchas ocasiones. Tantas como las veces que ha mentido al electorado. Es pues Zapatero el enemigo. Rajoy es un aspirante. Un mal aspirante.
Zapatero dijo: “Si tiene valentía y coraje, presente una moción de censura”. Rajoy respondió: “Es la primera vez que un presidente nos invita a una moción”.
En esa pelea cuerpo a cuerpo, en ese abrazo mortal, Zapatero siempre gana a Rajoy. Y ya estamos cansados de ver la derrota. Porque es la victoria de Oriente contra Occidente. Lo contrario que en Maratón. Zapatero es Darío I.
De Heródoto sólo debemos fiarnos un poco. Es muy hipérbole. Pero la historia nos dice que la gloria acompañó a Atenas y a las otras ciudades estado, incluida Esparta.

No está en esta derecha política un Milcíades con sabiduría y coraje. Muchas cosas han cambiado desde que en el 490 a. C. unos pocos hombres vencieron al imperio más grande y atronador que la historia había conocido hasta ese instante.

El PP es un ejército derrotado. No tiene un general que lo lidere. La izquierda puede seguir con su ambiciosa y calculada destrucción.

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