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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

La penitencia laica

Piedad Sánchez de la Fuente
Redacción
lunes, 22 de febrero de 2010, 12:46 h (CET)
Primero fue el matrimonio por lo “civil”, más adelante fue la comunión por lo civil también, después de un tiempo como en el fondo les gusta imitarnos en las ceremonias llegó el bautizo por lo civil y, ahora que ha llegado la cuaresma, tiempo, para los cristianos de penitencia, tiempo, de ayuno, de oración más intensa y de limosna, se alzan voces diciendo que la Iglesia sigue aferrada a modos antiguos, pasados de moda. Si estás en un almuerzo y es viernes de cuaresma, te dicen: ¡ah! ¿Pero tú guardas la vigilia?, tú le das la explicación, pero te contestan diciendo: que la Iglesia sigue aferrada a modos antiguos pasados de moda. ¡Que ridículo privarnos de carne en determinados días! ¿Y la limosna lo mismo? Lo mismo dá, darla en cuaresma, que en el mes de agosto. Y la austeridad en toda clase de bebidas desde refrescos a las que tienen alcohol, ¡qué ridiculez!

Bien, pues yo pienso que los ridículos son ellos, porque han inventado lo único que les faltaba que es la penitencia laica y el sacrificio por lo “civil”. Dejar de comer un solomillo por mortificación religiosa, eso no, pero dedicarse a la dieta de la alcachofa o de la cebolla por cuidar el cuerpo y estar más guapos, eso sí, ¡aunque te mueras de hambre! Estoy segura de que si la Iglesia nos indicase ayunar de esa manera la tacharían de inhumana y cruel.

Si te ofrecen las pastillas “siempre joven sin fumar y que saben a rayos y producen dolor de estomago”, te las tomarías sin rechistar, pero si decides no fumar por devoción cristiana a muchos les resultaría de beatos.

Y nuestros jóvenes ¿no se someten a penitencias durísimas siempre laicas?, claro cuando se colocan los piercings martirizando su cuerpo o se ponen tatuajes que destrozan la piel en aras de embellecerse. Hace tiempo había una frase que decía “sufrir para ser bella”. Estas penitencias laicas solo dan a entender que el cuerpo es el nuevo ídolo al que adoramos y por el que estamos dispuestos a sufrir lo que haga falta.

En cambio la penitencia cristiana se rechaza, porque hemos apartado a Dios de nuestra vida y, en su lugar hemos puesto como antes decía “el cuerpo” como nuevo Dios.

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