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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cuaresma 2010, desde el prisma de la justicia

Josefa Romo (Valladolid)
Redacción
lunes, 22 de febrero de 2010, 12:45 h (CET)
Un año más, el Miércoles de Ceniza ha llenado las iglesias de fieles como si se tratara de día festivo. Sorprende, este año, el desafío, en numerosos lugares, de la fe y devoción de tantos católicos al temporal de frío y lluvia para asistir a Misa en la tarde noche, después del trabajo.

Con el rito de la ceniza nos introducimos en la Cuaresma, tiempo litúrgico muy propicio para la conversión del corazón y ser inundados por la Misericordia Divina. La Cuaresma es tiempo especialmente apropiado para perdonar y pedir perdón, para “practicar la propia “justicia” – limosna, oración, ayuno- no frente a los hombres, sino a los ojos de Dios que “ve en el secreto” (Benedicto XVI).

En esta Cuaresma, el Papa ha centrado su mensaje en la justicia, que no es sólo “dar a cada uno lo suyo” como afirma el derecho romano, pues el hombre, “además del pan y más que el pan, necesita a Dios”.

Si no hay justicia, no creo que pueda haber caridad propiamente dicha: la caridad se asienta en la justicia, y ésta sin amor es fría, carece de humanidad y es falsa. Ateniéndose a los textos sagrados, el Papa Benedicto XVI nos dice que “la virtud de la justicia significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios; por otra, equidad con el prójimo, en especial con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda”. Como el ave, la justicia y la caridad funcionan con dos alas: la mirada amorosa a Dios y la atención fraternal al prójimo. No es justo el que se olvida de Dios, nuestro Padre y Creador, ni tiene caridad el que se centra en sí mismo (egoísmo) y no considera a los otros.

Con la crisis que padecemos, no nos van a faltar ocasiones de ejercer la justicia y la caridad. Al pobre no hemos de darle sólo por caridad, sino también con un sentido de justicia: ¿Por qué? Lo que tenemos, a Dios se lo debemos, y Él nos colma de bienes ( inteligencia, salud, la tierra, y todo cuanto poseemos) mirando no sólo a enriquecernos a nosotros, sino para que alcance, a través de nosotros, también a otros.

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