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Opinión
Etiquetas:   Buñuelos de viento  

Bandas latinas en España

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 22 de febrero de 2010, 07:25 h (CET)
Tenemos muchas cosas que agradecer a la inmigración, que se ocupen de puestos de trabajo que los demás no queremos, por ejemplo, que cuiden a nuestros ancianos o el repunte en la natalidad que se ha producido. Sin ellos el progreso de España de los últimos años no habría sido posible, otra cosa es que nuestro sistema sanitario, por ejemplo, no haya sido suficientemente dotado por nuestras autoridades para aguantar la avalancha. Todos los inmigrantes que conozco, bien por relación personal o profesional, son unas grandes personas, lo que no quita que, como en todo colectivo, entre los inmigrantes haya personas de todo talante, algunos simplemente indeseables.

Entre la avalancha nos han venido también las bandas latinas, uno de los desastres que consumen internamente las sociedades sudamericanas, el cáncer que colabora en la falta de desarrollo económico y social de aquellos países. Si se asientan en España podemos echarnos a temblar, la mafia aumentará sus tentáculos, corroerá las entrañas de nuestras ciudades y servirá de origen a numerosos problemas. ¿Nunca a nadie se le ha ocurrido poner algún tipo de filtro a los que ingresaban en España, lo que significaba ingresar en una Europa sin fronteras? ¿Fuese el que fuese el recién llegado había que abrirle un hueco entre los que venían a trabajar, a ser honrados, a mejorar y contribuir a nuestra mejora?

En Madrid acaban de desarticular a los Latin Kings, hoy en no sé qué periódico les realizan una entrevista en la que se presentan como benefactoras hermanitas de la caridad, y en Palma de Mallorca acaban de “cepillarse” a los Trinitarios, otros angelitos dedicados al crimen. La izquierda siempre ha pedido puertas abiertas, derrumbe de fronteras y pista libre para todo el que llegara, como si nuestras escuelas, nuestros hospitales, nuestras autopistas, nuestras infraestructuras fueran elásticas y tuviesen una capacidad infinita. Como si nuestras cárceles pudieran soportar a todos los delincuentes sudamericanos decididos a instalarse entre nosotros.

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