Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Un cafelito, por favor

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
sábado, 20 de febrero de 2010, 09:22 h (CET)
Cuenta un chiste ruso que en una ocasión paseaban por un bosque de Praga un alemán, un ruso y un judío, cuando se encontraron una lámpara mágica. La frotaron, salió de ella un genio y éste, en agradecimiento por liberarle, les concedió un deseo a cada uno. El ruso pidió la destrucción de Alemania, porque cada vez que iban a levantar la cabeza como país, les invadía Alemania y les hacía retroceder varios siglos en su desarrollo; el alemán pidió la destrucción de Rusia, porque a pesar de que habían intentado conquistarla una vez y otra, no podían con ella; y el judío, cuando le llegó el turno de pedir, con cierta indiferencia, mientras se miraba el blancor de sus uñas, dijo: para mí, un cafelito, por favor.

Algo así pasa con los asuntos de Estado y los partidos políticos nacionalistas en España. Cada vez que los partidos nacionales se enfrentan por la razón que sea, como no tienen mayoría suficiente para defender sus postulados precisan echar mano de los partidos nacionalistas, y, claro, éstos son los únicos que ganan, habiéndose llegado a convertir ya en más poderosos que el mismo Estado. Siendo minorías muy minoritarias, siempre están ahí, con carita de pena y una disposición inmejorable para aliarse lo mismo con PP que con PSOE, vendiendo bien caro apoyo.

Uno se pregunta, no sin razón, que qué hacen partidos nacionalistas en el Parlamento del país del que desean segregarse, y tal vez algún día nos lo cuenten nuestros mandingas; pero entretanto esto sucede, uno repara en cuál es su estrategia, la abismal distancia que les separa de las autonomías de segunda división –que son todas las que no tienen representación en el Parlamento-, y enseguida comprende que están haciendo patria separada donde debiera construirse la patria común. Y no les va nada mal su estrategia, de eso no hay duda.

Pero es que si cuesta trabajo comprender cómo es posible que los segregacionistas estén en el meollo de la Nación común como árbitros, cuesta todavía más entender cómo los partidos llamado nacionales no tienen empacho en tejer alianzas con quienes quieren tener una Historia aparte de la que los partidos nacionales teóricamente desean, a no ser, por supuesto, que lo único que les interesa a esos partidos nacionales sea estar chupando de la rueda del poder, y nada más que eso. Mucho dinero hay en ese tren como andarse con zarandajas ideológicas.

Cada vez que se da un debate sobre el Estado de la Nación o se discuten asuntos capitales para España en el Parlamento, surge como por encanto una necesidad de los partidos nacionales de tener apoyos que proporcionen una mayoría solvente, y, contrariamente a toda lógica, éstos los buscan indefectiblemente en los partidos nacionalistas, haciéndolos más fuertes, hasta el extremo que ya son tan potentes y tan autónomas esas comunidades a las que estos minoristas defienden y de las que dependen, que el mismo Estado está en un tris de no poder soportarlo.

Se han multiplicado los gastos en las comunidades autonómicas, hasta hacerse prácticamente impagables; han duplicado Administraciones, hasta hacer inútil el Estado común; algunos gobiernos locales han adquirido tantas responsabilidades y transferencias de poderes, que uno se pregunta que para qué se quiere el Estado central si no tiene autoridad para nada; y todo ello es pagado y subvencionado por los nacionales de a pie, quienes no desean autonomías, ni reinos taifas, ni multiplicación del gasto ni una legión de funcionarios y policías de mil colores que se interfieren unos a otros, logrando entre todos que la economía y la organización común sea un caos tan formidable como impagable, y consiguiendo que un español de cualquier autonomía ajena a esas que tienen representación parlamentaria sea extranjero en las otras autonomías de primera de su propio país.

Si el Parlamento fueran los boques de Praga y los diputados se encontraran bajo alguna poltrona una lámpara mágica, es posible que alguien la frotara y que el genio que saliera de ella ofreciera tres únicos deseos: el PP, sin duda, pediría la destrucción del PSOE; el PSOE, seguro, pediría la destrucción del PP; y los nacionalistas, con toda certeza, mirándose con suficiencia el blancor de sus uñas, pedirían: para nosotros un cafelito, por favor.

Noticias relacionadas

Interior del Ministro de Interior

​Desayuno de Europa Press con el ministro de Interior Grande-Marlaska en el hotel Hesperia de Madrid. Llegué con adelanto y atendí el WhatsApp: “¡Vaya espectáculo!.

El acto del reconocimiento de gobiernos

Las principales doctrinas sobre reconocimiento de gobiernos

Alcoa y el abandono de Asturias

El presente y el futuro industrial y económico de Asturias están en el aire

Hacia la caverna

El oscurantismo sigue siendo demasiado moderno

Equidistancia

Entender la vida como una confrontación permanente es algo terrible. Supone enfrentarse a cada una de las facetas de la realidad con un pensamiento dicotómico
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris