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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Obama con el Dalai Lama

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 20 de febrero de 2010, 09:18 h (CET)
Obama, al igual que sus anteriores 3 predecesores, recibió al Dalai Lama, a quien se le volvió a presenta como un campeón de los derechos humanos, nacionales y religiosos del Tíbet.

Este último es el país más alto del mundo, el cual, pese a tener un idioma y una escritura muy diferentes a la china, llegó a ser parte del imperio chino en varias ocasiones.

Desde 1578 hasta los 1950s Tíbet ha sido regido por catorce Dalai Lamas. Estos sumos sacerdotes encabezaban una autocrática teocracia donde allí eran desconocidos la modernidad, las elecciones o los derechos laborales y de las mujeres. Hasta hoy uno de sus ritos consiste en alimentar a los buitres con carne humana. Cuando Hitler gobernó Alemania (1933-45) uno de sus espías fue el educador y guía del actual Dalai Lama.

En 1912-49 Tíbet tuvo una independencia de facto. Cuando en 1949 Mao funda la República Popular de China, él busca reincorporar al Tíbet. Sus intentos de cogobernar con el Dalai Lama fracasan pues Mao quería una reforma agraria, la industrialización e imponer una economía planificada centralizada bajo la tutela de un partido único comunista. La casta sacerdotal budista se había asentado en la propiedad feudal y el control religioso sobre todas las esferas socio-culturales.

Ese choque condujo a que en 1959 el Dalai Lama se refugiase en la India. Desde entonces su gobierno en el exilio ha buscado el apoyo de Occidente para restablecerse. Mientras el Dalai Lama ha substituido su prédica independentista por una pro-autogobierno, Beijing ha aceptado grados de autonomía y cohabitar con un ala del clero, aunque sigue tildándolo de “separatista”.

Washington reconoce la integridad territorial china pero coquetea con los movimientos nacionalistas de las regiones periféricas para aumentar su poder de negociación ante Beijing. Cuando la Casa Blanca azuza al Tíbet, Xinjiang o Taiwán, busca presionar a China para que liberalice su sistema partidario, altere el valor de su moneda o se acerque a los requerimientos de su política exterior ante Corea o el Medio Oriente.

Tíbet aumentará su peso en la policía mundial por ello, pero también porque allí hay vastas riquezas mineralógicas y ya China culmina un gran ferrocarril que permite llegar a varias de sus más distantes partes.

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