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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Obama dice sí a las nucleares, ZP dice no

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 19 de febrero de 2010, 09:08 h (CET)
Es posible que el señor Rodríguez Zapatero tenga que explicar a los españoles la causa por la que se sigue manteniendo en sus trece en el aspecto de la energía nuclear y, sin embargo, nos estamos gastando una cantidad desorbitante de euros en las llamadas energías alternativas, que nos salen mucho mas caras y costosas en su mantenimiento que aquella producida en las centrales nucleares. Se da, incluso, la paradoja de que, en Catalunya, una serie de empresas importantes dedicadas a la puesta en funcionamiento de centrales eólicas, han tenido que abandonar sus intenciones y buscar otras regiones para desarrollar sus proyectos, todo ello debido a la falta de financiación oficial. Sabemos, desde hace tiempo, que una parte de las organizaciones ecológicas, que en un tiempo nacieron con evidentes buena intenciones de velar por la conservación de la naturaleza, han ido degenerando, como suele ser muy frecuente en estas iniciativas de tipo filantrópico, hasta convertirse en organizaciones antisistema, que han venido derivando hacia el comunismo con el que, al menos en España, parece que hacen buenas migas; como sucede, en Cataluña, con la unión de Iniciativa per Catalunya y los Verdes que forman un totum revolutum en el que es difícil distinguir si predominan las doctrinas igualitarias del comunismo o, la lucha contra la llamada “economía global”, que ha derivado, de una defensa de los espacios naturales, a convertirse en una guerra sin tregua contra todo el sistema productivo actual, llamado genéricamente “capitalista”, al que se le atribuye la culpa del supuesto cambio climático.

Resulta curioso que, en EE.UU., el señor B. Obama, un firme defensor durante su campaña electoral de la energías alternativas, hasta el punto de poner, en alguna ocasión, como ejemplo a España, como una de las naciones pioneras en la investigación y experimentación en tales tipos de energías; sin embargo, cuando ha asumido el gobierno de la nación americana, después de un año de gobierno en el que no han faltado graves equivocaciones y en el que, su popularidad, ha descendido sensiblemente a causa del tratamiento de la crisis de su país; ahora resulta que, por fin, se ha percatado de que las centrales nucleares no sólo no contaminan, sino que son la fuente de energía más barata y limpia de las que se conocen en la actualidad. No sé por qué, los ciudadanos, tendemos a colocar a nuestros líderes en un pedestal y tenemos la tendencia a pensar que, por haber sido encumbrados al poder, se han convertido en seres humanos distintos de aquellos que fueron anteriormente, cuando sólo eran unos perfectos desconocidos y, por consiguiente, pueden equivocarse lo mismo que lo podemos hacer nosotros y pueden tener intereses que no coincidan, precisamente con aquellos que más beneficiarían a los ciudadanos de la nación. Es por ello que, el hecho de que un político lleve en su programa electoral, entre otras muchas propuestas, el poner el veto a las centrales nucleares, sin aportar argumentos científicos que demuestren que no son seguras, que son más caras o que dan menos producción; no significa que no pueda rectificar y cambiar de opinión, cuando queda convencido de las ventajas de aquel sistema del que anteriormente no se fiaba.

No cabe duda de que, a pesar de la admiración que demostró el señor Zapatero por su homólogo americano, existen unas diferencias fundamentales que distinguen a ambos mandatarios. El señor Obama preside una nación que es un ejemplo de democracia y, por tanto, todo tipo de divismo sobra. Los norte americanos juzgan a quienes les gobiernan por como les van las cosas, por el bienestar de que gozan, por la riqueza que consiguen, por la tranquilidad de que disfrutan, y por las posibilidades de obtener un puesto de trabajo que les garantice una vida digna. Esto quiere decir que no ocurre, como en España, en la que una parte significativa de la población se mueve por impulsos políticos, por ideas preconcebidas, por fidelidades basadas en una comunión de rencores y odios heredados de sus ancestros y de heridas no cerradas de la Guerra Civil, de cuya fecha ya han transcurrido más de 70 años y, la mayoría de las nuevas generaciones, no tienen idea de lo ocurrido en ella, de sus causas, de sus motivos y de las circunstancias especiales que la rodearon; ello no obstante, mantienen sus posturas y se empecinan en obcecarse en planteamientos radicales, aunque no sepan, en realidad, el porqué lo hacen.

Por ello, el señor ZP, no se quiere apear del burro, y sigue en sus trece con sus ideas trasnochadas, con sus impulsos erráticos, con sus actuaciones improvisadas y sus empecinamientos habituales; por los que no da nunca el brazo a torcer, aunque ello pueda significar adoptar un camino erróneo o el desoír los consejos de propios y extraños a pesar de que, en ellos, esté la sensatez y la conveniencia del pueblo al que gobierna. Y así estamos. Mientras el señor Obama, ha decidido escuchar a sus asesores y ya ha anunciado la apertura de una nueva central atómica, la primera de una serie, para la que ha hecho una provisión de fondos públicos de 8.300 millones de dólares; en España nos miramos el ombligo. En EE.UU. llevaban treinta años sin crear nuevas centrales, desde el accidente de la de Three Miles Island (Pensilvania); pero lo más relevante de esta decisión del señor Presidente de los EE.UU. es que ¡la justifica por la necesidad de preservar el cambio climático! O sea, una iniciativa ecologista a favor de las energías limpias. ¿Dónde quedan todos estos detractores de las centrales nucleares que tanto se oponen a las españolas y que tanto defendían las ideas ecologistas del señor Obama? Por supuesto que colgados de la brocha y en el más perfecto de los ridículos. Claro que, entre ellos, y como figuras destacadas, no podían faltar algunos de nuestros socialistas, entre ellos el señor Rodríguez Zapatero, tan fiel admirador de Obama que no duda en enviarles, sin rechistar, a todos los soldados que le pide para el matadero de Afganistán.

La central de Garoña fue la última de las condenadas por Zapatero, debido a sus demonios personales que le obligan, por fidelidad a sus principios de izquierdas, a ir cerrando nuestras centrales nucleares, sin tener en cuenta que, una gran parte de la energía que precisamos, depende de ellas por su fiabilidad, por su limpieza, porque la importamos al doble de precio de Francia y por la sencilla razón de que, como se viene demostrando, no se ha encontrado todavía otro tipo de energía más barata. Les convendría, a estos interesados opositores a la energía nuclear, dejarse de sectarismos, olvidarse de consignas tercermundistas y escuchar a personas como el señor Steven Chu, premio Nóbel de física y secretario de Energía de la Administración de Obama, cuando ha subrayado que la nueva energía generada por la central atómica que se proyecta, reducirá las emisiones de CO2 como si, cada año, se retirasen de las carreteras tres millones de coches. ¿Dónde quedan los temores de nuestros ecologistas?, ¿dónde las alabanzas a las políticas verdes del señor Obama? Cada día que pasa queda más en evidencia el doble rasero de todos estos grupos, financiados por quién sabe quién y eternos inconformistas con todo lo que represente progreso e innovación. Siempre dispuestos a organizar manifestaciones, altercados y destrozos en nombre de una utópica tierra en la que tuviéramos que regresar a las costumbres del Neanderthal. Ahora esperaremos a que ZP nos explique las causas por las que para Obama la energía nuclear es buena y, no obstante, para él no. Estamos impacientes.

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