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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Por qué están perdiendo los demócratas

E. J. Dionne
E. J. Dionne
viernes, 19 de febrero de 2010, 09:06 h (CET)
WASHINGTON - Si quiere ser honesto, plantéese estos hechos: en este momento, el Presidente Obama está perdiendo, los Demócratas están perdiendo, y los izquierdistas están perdiendo.

¿Quién va ganando? Los Republicanos, los conservadores, los practicantes del veto legislativo y los detractores de la política fiscal.

Las dos causas inmediatas de esta situación son un único resultado electoral en Massachussets y la forma en que funciona el Senado. Lo que no es responsable es el supuesto fracaso de Obama y los Demócratas a la hora de gobernar como "moderados".

Pausa para considerar dónde estaríamos si un Demócrata hubiera ganado los comicios de Massachussets de enero al Senado. Con toda probabilidad, la reforma sanitaria sería decreto ley, los Demócratas habrían pasado a asuntos económicos y Obama sería visto como astuto y exitoso.

Pero no es lo que sucedió, y la victoria del Republicano Scott Brown evidenció las verdaderas debilidades del bando progresista: un aparato político Obama dormido al volante, enorme entusiasmo Republicano muy superior a la determinación de los Demócratas, y una campaña conservadora enfocada a desacreditar las ideas de Obama, en particular su plan de estímulo económico y el proyecto de reforma sanitaria.

La administración Obama sostiene que tanto el estímulo como el proyecto de reforma son mejores de lo que la gente cree. Es totalmente cierto, y es realmente una condena - significa que en una de las dos grandes cuestiones del momento, Republicanos y conservadores están ganando un debate que deberían ir perdiendo.

El lamentable Senado es un importante culpable de esto, y ese es el motivo de que las quejas del Senador Evan Bayh al explicar su marcha sonaran ciertas en parte, pero también falsas en parte. Lo que es cierto es que el Senado no funciona. Lo falso es que no hay espacio para la moderación. El hecho es que los resultados legislativos tanto del estímulo como de la reforma de la sanidad fueron impulsados por los moderados.

Los economistas coinciden en que el estímulo funcionó, pero los moderados del Senado lo hicieron menos eficaz al reducir su tamaño y meter cosas irrelevantes - en particular 70.000 millones de dólares para compensar el impuesto mínimo alternativo - que no hicieron mucho por crear empleo. Los moderados se salieron con la suya porque el estímulo necesitó de 60 votos, un requisito absurdo obligatorio ahora que tenemos un sistema parlamentario ideológicamente polarizado. Podemos perder el tiempo de luto por ese hecho, o podemos reconocerlo y actuar en consecuencia.

Con la sanidad, meses de retraso en una búsqueda inútil del apoyo Republicano tiene a los Demócratas en la peor situación. Los medios de comunicación no les reconocieron ningún mérito por tender puentes pero sí les echaron la culpa por un proceso desagradable y congestionado.

Las exigencias de concesiones por parte de los Demócratas moderados - ¿se acuerda del pago a Nebraska políticamente letal del Senador Ben Nelson? - hicieron que el proceso se viera aún sórdido. Los detractores conservadores del proyecto se centraron astutamente en cuestiones colaterales y en cuestiones prefabricadas como los "tribunales de eutanasia".

Nadie quiere admitir que en sanidad, los moderados ganaron todas las peleas relevantes. El sistema de fondo común estaba descartado desde el principio. La opción pública desapareció. La ampliación de Medicare desapareció. El número de estadounidenses que quedarían asegurados se redujo. Las compañías de seguros se aferraron a su exención antimonopolio. Si un proyecto de ley finalmente es aprobado - como debe ser si los Demócratas no quieren parecer inútiles irresponsables - la propuesta final se acercará mucho más a la versión moderada del Senado que al proyecto más progresista aprobado por la Cámara.

Y si los Republicanos se niegan a cooperar, esto no significa que el proyecto no sea moderado. Esto significará que los Republicanos sólo se niegan a votar a favor de un proyecto de ley moderado.

Pero si todos los medios de comunicación hablan del "fracaso de la moderación" en un disparate, esto no salva a Obama o a los progresistas.

Mientras los izquierdistas discutían de los planes públicos o de esto y aquello, y mientras Obama estaba inmerso en el proceso legislativo, los conservadores defendieron sin descanso un argumento sencillo basado en un silogismo: la economía es un caos. Obama y los Demócratas están a favor del gran gobierno. El gran gobierno es responsable del desastre. Por tanto, el lío es culpa de Obama y de los Demócratas partidarios del gran gobierno.

¿Simplista y engañoso? Absolutamente. Pero si los izquierdistas y Obama son tan inteligentes, ¿cómo permitieron - o "permitimos", si lo prefiere - que los conservadores defiendan este argumento con tanta eficacia? ¿Por qué le dan tanta credibilidad los medios de comunicación?

Por supuesto, creo que el argumento de los conservadores es un error. Pero en este punto, he de admirar su audacia y disciplina. Los Demócratas moderados y progresistas por igual tienen ocho meses desde hoy a las elecciones de este otoño para modificar los términos del debate y demostrar que pueden gobernar. De lo contrario, serán arrastrados por la marea.

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