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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Comer para olvidar

María Cicuéndez
Redacción
jueves, 18 de febrero de 2010, 10:07 h (CET)
Somos adictos a maneras de sentir, que nos inducen a comer compulsivamente.

Las emociones y los conflictos no canalizados o digeridos son factores que afectan en el buen funcionamiento del metabolismo, provocando que engordemos o que adelgacemos. De todos es conocido que pasar por un periodo de stress puede quitarnos el apetito, pero ¿Somos conscientes que el mismo estado de ansiedad puede tener el efecto contrario? En muchos casos, el stress es causante de la sobrealimentación, de la retención de líquidos y en definitiva de la adicción a la comida con la intención de calmar momentáneamente la causa de nuestras preocupaciones. Una vez detectada la raíz emocional del problema, se pueden parar los comportamientos compulsivos que a su vez producen sufrimiento, culpabilidad y frustración, y que en el plano fisico se traducen en problemas de salud, tales como, anorexia, bulimia, obesidad y depresion, entre otras enfermedades.

El cine refleja con asiduidad la imagen de personas, normalmente mujeres, que ante un disgusto, frecuentemente amoroso, atacan compulsivamente una tarrina de helado de chocolate o una bolsa de patatas fritas, entre los manjares gastronómicos más elegidos para estos frustrantes festines. Pocas veces vemos esa misma escena teniendo a varones por protagonistas, y no porque no ocurran en la misma medida, sino porque aparentemente son “una leyenda urbana”. Lamentablemente, en esta era donde priman los “metrosexuales” y el éxito profesional es un reclamo para la mayoría, muchos varones también sucumben a la desidia por no poder hacer frente a un listón tan alto de expectativas propias y ajenas, y en ese estado de ansiedad y de baja auto-estima, a veces también caen en adicciones que les pueden conducir al sobrepeso.

Expertos en diferentes terapias naturales como las flores de Bach, el reiki, la cristaloterapia o los masajes de sonido defienden que las personas no somos adictas a la comida, sino a maneras de sentir. Por tanto el sobrepeso es producido por las emociones mal digeridas que hay detrás de la tendencia a comer compulsivamente. Es decir, las necesidades afectivas no satisfechas nos llevan a recrear de un modo adictivo determinados pensamientos relacionados con la comida como medio de satisfacción. Mentalmente reproducimos imágenes de comida que nos producen una idea ilusoria de placer fugaz porque al terminar de “engullir” nuestro plato favorito tenemos que enfrentarnos a la culpabilidad que nos produce. Trabajar sobre esas imágenes mentales para reducir al mínimo su potencia sobre nuestras conductas sería la clave de terminar con esta esclavitud.

En el sistema de creencias del subconsciente colectivo de los españoles está la asociación mental entre “celebración, comida y bebida”. La cultura mediterránea siempre ha regado con buenos vinos y mejores viandas las fiestas vividas en sociedad, por lo que es razonable que en momentos de desdicha, de miedo, de stress y de baja auto-estima tendamos a querer “alimentarnos para saciar ese vacío”.

Mientras los conflictos humanos permanezcan sin resolver, se nieguen y se oculten, la fuerza de voluntad se perderá para burlar cualquier deseo de hacer una dieta más o menos estricta. La urgencia inconsciente de comer para conseguir una satisfacción inmediata prevalecerá sobre el poder personal del individuo.

El primer paso para abordar este hábito nocivo sería reconocerlo. A continuación habría que hacer una introspección muy sincera para detectar las carencias emocionales, que podrían ser muy obvias o estar muy latentes en algún rincón del subconsciente. Habría que reconocer si uno es capaz de hacerlo sólo o si necesitaría ayuda especializada. Es importante recalcar que la cirugía plástica como remedio fácil, no soluciona las carencias afectivas que seguirán estando ahí, bajo un cuerpo operado.

Tomar la decisión de iniciar ese cambio sustancial empieza en la conciencia. A continuación habría que recorrer el largo camino hacia la auto-aceptación, pasando por el reconocimiento de las situaciones y las personas que tenemos que perdonar en el proceso. Una de las causas que produce el sobrepeso es creer, muchas veces de una manera inconsciente, que hemos fracasado como hijos, como padres, como pareja o como profesionales, en definitiva, como personas. En esa tendencia auto-destructiva de “ser guapos para otros” nos vamos dejando el alma. Sería interesante hacerse estos planteamientos y reconducir nuestra alimentación por senderos más amables y saludables. ¡Alimentemos nuestro espíritu para a su vez beneficiar nuestro cuerpo, ambos nos responderán agradecidos, satisfaciéndonos de una manera duradera además de inmediata!

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