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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Duración de la vida laboral

Francisco Arias Solís
Redacción
jueves, 18 de febrero de 2010, 09:44 h (CET)
El que la vida laboral media se haya reducido a lo largo de los últimos treinta años puede considerarse en principio un logro para los trabajadores. No sólo se trabaja menos a lo largo del año, sino también a lo largo de la vida; es más, la suma de ambas reducciones disminuye aún más el tiempo de trabajo total para cada trabajador. El problema es cómo y por qué tiene lugar esta segunda reducción. O, visto desde el lado de los afectados, hasta qué punto esa disminución es fruto de una elección o de una imposición social; sólo en el primero de los casos podría hablarse de un verdadero avance.

En el caso de los jóvenes el retraso en la entrada del mercado de trabajo se debe a una combinación de factores positivos y factores negativos. El aumento en la dificultad para acceder a un empleo lleva a demorar la incorporación a la vida laboral y explica en parte la opción por la prolongación del periodo formativo.

El adelanto en la salida de la vida laboral parece deberse, sobre todo, a factores negativos. Ese adelanto es predominantemente involuntario; tan involuntario que, cada vez con más frecuencia, no es más que la decisión final tras una larga, angustiada e infructuosa búsqueda de empleo de quienes a edades adultas han sido condenados al paro. Para las empresas estos trabajadores no son empleables; ellas prefieren a los de menor edad, más formados y, a la vez y en parte por ello, más adaptables a sus necesidades. En este sentido no deja de ser sorprendente que no exista ningún programa de empleo público de incidencia real dirigido a ese tipo de trabajadores adultos.

Duración de la vida laboral no es lo mismo que duración total del trabajo efectivo a lo largo de la vida laboral. No sólo la vida laboral puede iniciarse y concluirse a través de la estrecha senda del paro, sino que, por interrupciones cada vez más involuntarias (los periodos de paro) o por tipos de jornadas “a tiempo parcial” (inferiores, según nuestra legislación a los dos tercios de las jornadas “a tiempo completo” ), casi siempre también ajenas a la voluntad de los contratados.

De este modo tanto el tiempo de trabajo de periodos anuales regulares y la duración de la vida laboral se han reducido considerablemente. Pero si el resultado del primer acortamiento es un resultado liberador (aumenta el tiempo de vida sin que se dé una reducción de los recursos materiales para disfrutarla), no sucede exactamente igual con la reducción de la vida laboral. Ésta reducción es, en parte también una conquista social: en el idioma español el término más habitualmente utilizado para referirse al abandono de la vida de trabajo es el de jubilación, y jubilación viene de júbilo, “viva, alegría”. Este júbilo, sin embargo, no lo es tal cuando la reducción es forzada que es lo que viene sucediendo cada vez con mayor frecuencia a un número cada vez mayor de trabajadores. En este caso el tiempo “libre” resultante no es vivido como un tiempo de liberación sino de tensión y hasta de angustia. Y es que, como dijo el poeta: “¡Qué poco me va quedando / de lo poco que tenía! / Todo se me va acabando / menos la melancolía”.

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