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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cagadero nacional

Lorenzo de Ara
Redacción
jueves, 18 de febrero de 2010, 09:40 h (CET)
No lo sabía. La historia está ahí para enseñarnos. Jesús Cacho, en elconfidencial.com nos deleita con un brillante artículo. Léalo:

http://www.elconfidencial.com/con-lupa/reina-tataranieto-20100213.html

España siempre ha sido un país de comeculos. Se pervierte el populacho, se engolosinan los sabios de la corte. Pervertidos todos para alegrar la existencia del generoso de turno. En el siglo XXI, los políticos tienen demasiado poder. El votante, materia inerte, le entrega con la papeleta una suerte de gracia galáctica. El país se hunde. Apocalíptica la vuelta de la esquina. El político acusa a otro, a todos, pero él se salva, incomprendido, acorralado por enemigos internos y externos. Los últimos en una posición más enjabonada y acorazada.

La crisis económica, también institucional, empezando por la que está más arriba, se lleva por delante a los comeculos. De eso me alegro. Sucias las bocas, contaminada el alma. Engrosan una fila de cadáveres libres, ridículamente libres. Han votado para consolidar la mentira, la zafiedad, la nulidad, la oratoria de los fuegos de artificio.

La historia es límpida. Está, por ejemplo, ese fusilamiento de Lorca. El asesinato. Mal día, jodida guerra. Y con el devenir de los segundos, un gobierno entero se moviliza para remover los huesos del fiambre ya inmortal y siempre vivo. No encuentran la carabela, pero sí la suciedad del oprobio cometido. Hay más oscuridad, más gusanos, más dolor.

En esa despiadada búsqueda del poeta, no hay un rayo de esperanza. No se busca la libertad. El gobierno, los comeculos, la arenisca intelectual, todos aspiran a consolidar la destrucción del espíritu de la transición. No hay más. Con azulejo de primera calidad se construye un cagadero para la historia nacional.
Con la crisis económica se desnuda Zapatero ante los ojos de un pueblo que huele el hambre. No se ve la desnudez, ni siquiera hay retroceso ante el hedor insoportable que se descuelga de la flácida carne de un engendro ideológico. Todo se ha cumplido. El culmen de la degradación.

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