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Que no se equivoque el Rey

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
miércoles, 17 de febrero de 2010, 11:24 h (CET)
Es dudosa y arriesgada la iniciativa del Rey de promover, con llamamientos e iniciativas concretas, un acuerdo de las formaciones políticas y agentes sociales, sobre medidas para salir de la grave crisis. Dudosa por cuanto podría salirse de sus estrictas funciones, y arriesgada por cuanto podría interpretarse a favor de una u otra fuerza política. Pero en todo caso, es popular.

Es popular porque va encaminada a que el país salga de la profunda sima económica en que se ha metido, por culpa de quien sea y de diversas circunstancias. Y esto es de agradecer por la ciudadanía. En principio, el Rey se ha apuntado un tanto, otro más. Sobre todo de cara a la galería. No está tan claro que sirva para aclarar nuestro confuso panorama político ni para encauzar el normal juego democrático.

Esta iniciativa real, en la práctica, puede interpretarse como una desautorización implícita de la actuación del Gobierno, que no sabe o no logra afrontar la crisis con medidas adecuadas ni quiere o consigue alcanzar los pactos necesarios para tener la autoridad y fuerza para tomar las medidas pertinentes.

Puede, también, leerse como un varapalo a las fuerzas de la Oposición si son estas las que no saben o no quieren renunciar a sus posiciones o políticas diferentes o contrarias a las gubernamentales, para llegar a un acuerdo mínimo que desatasque de alguna forma la comprometida situación.

En ambos casos, sea objetivamente la iniciativa real un apoyo al Gobierno o un varapalo a la Oposición, puede extorsionar seriamente el libre juego político: que quien hace bien las cosas es premiado en las urnas y quien las hace mal es castigado. Es la parte delicada, además de jurídica y políticamente dudosa, de la popular iniciativa del Rey.

Sea, como fuere, que el Rey no se equivoque.

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