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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

¿Se puede borrar el pasado?

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 17 de febrero de 2010, 09:43 h (CET)
Una de las cosas que más preocupan hoy es la protección de la información personal. En noviembre de 2008 se celebró la 31 Conferencia Internacional de Protección de Datos y Privacidad, en la que asistieron expertos de todo el mundo en esta materia. Uno de los propósitos de este encuentro fue aprobar una propuesta conjunta llamada ‘Estándares Internacionales par la Protección y la Privacidad de los Datos de Carácter Personal’. La fuente informativa dice que “la dificultad consistió en conseguir el consenso entre las instituciones de todo el mundo, y a la vez, de los representantes de todo tipo de entidades, tanto públicas como privadas, que velan por estos aspectos.

Antes la aparición de Internet, la información personal se guardaba en papel y era muy difícil encontrarla. Hoy es posible acceder a ella desde cualquier ordenador conectado a Web en cuestión de segundos, gracias a las hemerotecas digitalizadas de los periódicos. ¿Es posible borrar nuestro pasado? Hasta la aparición de Internet era muy difícil seguir las huellas de alguien ya que era muy costoso encontrarlas y, a menudo se precisaban desplazamientos engorrosos, permisos y otros inconvenientes que hacían que una espesa niebla cubriese el pasado. Para encontrar información se tenía que ir a una hemeroteca pública y solicitar los ejemplares correspondientes a unas fechas determinadas. Después se tenía que buscar pagina a pagina. Con un poco de suerte y empleando mucho tiempo se podía encontrar la información que estaba escondida entre las amarillentas páginas. Hoy el proceso es casi instantáneo.

Borrar el pasado en muchos casos es muy difícil, pero las personas tienen el derecho a que nadie lo escudriñe. Esther Mitjans, directora de la Agencia Catalana de Protección de Datos, defiende el derecho al olvido que tienen las personas cuando dice. “El pasado no debe tener un peso determinante en nuestras vidas”. ¿Se puede borrar el pasado? Esther Mitjans dice que gracias a Internet un historiador puede hacer en una tarde lo que antes le costaba un año: “Algún precio tenemos que pagar por estos avances”, refiriéndose a que pagando se puede borrar, si no del todo, en buena parte el pasado.

La mayoría de las personas no tenemos resonancia pública porque nuestros nombres no se han inmortalizado en una página Web. Por más que se investigue no se encontrará rastro de nosotros. En este aspecto podemos estar tranquilos. Pero, ¿qué hay de los sentimientos que nos culpabilizan debido a nuestro pecado que no podemos borrar, ni con técnicas psicológicas, ni con antidepresivos, ni con el pensamiento positivo? ¿Hemos de arrastrarlos eternamente?

El profeta miqueas hace esta pregunta. “¿Qué Dios como tu, que perdonas la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros, sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (7:18,19). El texto destaca la misericordia de Dios que le mueve a compadecerse de nosotros y echar en lo profundo del mar nuestros pecados para no acordarse más de ellos. La expresión tangible de la misericordia divina la vemos en el hecho de que envió a su Hijo para que su sangre vertida en la cruz nos limpie todos nuestros pecados: “Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Hebreos 8:12). Si nuestro pecado nos persigue y no nos deja vivir en paz no es culpa de Dios, sino de nosotros que vamos a pescar allí en donde el Señor ha echado en el fondo del mar todas nuestras iniquidades, señalando el lugar con un cartel que dice prohibido pescar.

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