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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Memoria Histórica o Memoria Hipócrita?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 16 de febrero de 2010, 09:30 h (CET)
Que lo de la ley de la Memoria Histórica es un dislate como la copa de un pino creo que está quedando demostrado a medida que pasan los días y, estos “sabios” que contrató el señor Zapatero de entre todos aquellos de izquierdas que formaron parte de la entente “anta franquista” y que colaboraron con los comunistas, para intentar implantar en España la quinta columna que favoreciese las ansias expansionista del señor Josef Stalin y sus secuaces del Soviet Supremo, siguen cobrando sus crecidos emolumentos para intentar reescribir la historia a base de tergiversaciones, medias verdades, datos fabricados y olvidos clamorosos sin que, hasta estos momentos, hayan conseguido otra cosa que la nefasta consecuencia de revivir épocas pasadas, rememorar hechos que ya debieran estar olvidados, reabrir viejos rencores entre los españoles y atizar los odios que todos creíamos superados con la llegada de la democracia, de la mano de la generosidad de aquellos que continuaban teniendo el mando del antiguo régimen franquista y de aquellos otros que supieron anteponer a sus demonios personales, el sentido común y la conveniencia de todos los españoles.

Pero, hete aquí, que una persona aparentemente inofensiva, con la piel de cordero de “el talante”, el buen “rollo”, los buenos propósitos de colaborar con todas las tendencias políticas representadas por los partidos de la oposición, el ofrecimiento de “diálogo” y la sonrisa de niño inocente, sin esperárselo ni él mismo, por mor de las intrigas políticas y las envidias en el seno de su partido, el PSOE, alcanza la jefatura del Gobierno y, a partir de aquel mismo instante, comienza a dedicar todos sus esfuerzos a darle un vuelco al país, a imponer nuevas pautas éticas y morales, a desmontar de raíz todos los sistemas vigentes, tanto en cuanto a relaciones con determinadas comunidades religiosas, como la Iglesia católica o a la percepción de España, no como un todo solidario, patria de todos los españoles; sino, más bien, como un conjunto de pequeñas naciones, las autonomías, como si pretendiera lanzar a la sociedad un mensaje federalista de la nación abundando en los postulados de las facciones separatistas existentes en Catalunya, Baleares, País Vasco y Galicia.

Lo curioso es que, la iniciativa de esta, mal definida, Memoria Histórica, nace de Andalucía y con la intención de identificar las víctimas del “franquismo”, no de la Guerra Civil como sería más exacto, bajo el pretexto de dar satisfacción a los familiares ( a los escasos que pudieran haber sobrevivido después de 70 años de la finalización de aquella contienda), como si, dado el tiempo transcurrido y, finalizado el llamado periodo de “dictadura”, los de las siguiente generaciones que siguieron a la conclusión del conflicto, tuvieran una “gran necesidad” de recuperar la memoria de sus abuelos o bisabuelos cuando, la mayoría de los actuales ciudadanos, con esfuerzo se preocupan de sus propios padres. El hecho es que, todo el tinglado, comenzó en el 2004 promovido conjuntamente por la Confederación General del Trabajo de Andalucía y la Asociación Memoria Histórica y Justicia de Andalucía. Es evidente que a la cúpula del socialismo les agradó la idea de volver a remover las cenizas de la contienda, para reavivar los rescoldos que pudieran quedar y, en especial, para darles ocasión a dar una nueva versión de lo que fueron las causas de la sublevación del 18 de Julio de 1936. Lo de menos fue dar satisfacción a los que reclamaban poder enterrar a sus muertos (no creo que en lugar sagrado dado su comportamiento con los religiosos durante la guerra), fue sólo el pretexto para poder darle un repaso a los libros de historia utilizados en las aulas, aprovechando para pasar un tupido velo sobre los acontecimientos del 36 al 39, de modo que quedara oculta a las nuevas generaciones, como toda la II República, con la práctica totalidad del Ejército a su lado, con todos los pertrechos necesarios y el apoyo internacional, fue derrotada por un puñado de legionarios que atravesaron el estrecho en unos pocos aviones prestados, para comenzar una imparable ofensiva que acabó con la derrota del Frente Popular.

Nadie ha dicho que las últimas ayudas (no olvidemos que estamos en recesión y que tenemos 4`5 millones de parados) del Gobierno para proyectos sobre “las víctimas de la Guerra Civil”, ascienden a la cantidad de 4.000.000 de euros. Un ejemplo lo tenemos en una entrega de 20.500 euros a la Asociación Memoria Histórica Militar Ebro, “para una recreación de la batalla del Ebro” ¡si al menos la hubieran ganado tendría alguna explicación!, pero no fue así y lo que se puede decir de semejantes despilfarros es que sólo se pueden atribuir a un deseo de quienes nos gobiernan de buscar el revanchismo y levantar de nuevo ampollas en el recuerdo de aquellos que ya habían enterrado aquellos tristes sucesos. Lo curioso de toda esta movida histórica es que, los historiadores que colaboran en los estudios históricos, siguen el método del historiador Paúl Preston – me cuesta llamarlo historiador y no un mero aficionado con poco rigor – muy proclive a escribir la historia por medio de la tradición oral de aquellos que recibieron la información, a través de lo que les contaron sus antecesores –un método poco fiable, escasamente científico y verdaderamente muy propenso a que, sobre la verdad histórica, se sobrepongan grandes dosis del subjetivismo de quienes la trasmiten – despreciando informaciones documentadas, utilizadas por historiadores de gran solvencia, y que contradicen las conclusiones a las que, el historiador, llega a través del método deductivo.

Lo que sí es cierto es que, la pléyade de historiadores, archiveros, informáticos y demás colaboradores que han evitado el paro a costa de los contribuyentes, para dedicarse a estos “imprescindibles” estudios, es verdaderamente prolija y, basta asomarse a los cientos de asociaciones que han conseguido tajada con este capricho del señor ZP, para darse cuenta de lo que nos cuesta a todos los españoles esta tomadura de pelo. Por ejemplo: uno de sus promotores, el señor Francisco Espinosa Maestre fue uno de los colaboradores en lo que pudiera llegar a ser una “prevaricación” del Juez Garzón, en su sumario “contra los crímenes del franquismo”. Otro, el señor Cecilio Gordillo, de Granada ( esta ciudad en la que, la Universidad, ha permitido la blasfemia más soez en contra de las personas de la Virgen María, San José y Jesús de Nazaret), ha resultado ser más conocido por su estrepitoso fracaso, en la exhumación de una fosa de Lecrín en la que nada se encontró, que por sus méritos profesionales; pero, en la excavación, se enterraron muchos miles de euros de los tributos de los españoles, como ha sucedido con tantas otras “prospecciones” ordenadas por el juez Garzón sin competencia para hacerlo y demostrando actuar con verdadera temeridad.

Todos los sabios, cooperantes, historiadores etc. que forman parte de esta parafernalia tienen en común ser de izquierdas. No han tenido el sentido común de incluir a un Pío Moa o a un Ricardo de la Cierva para compensar; porque así se hubieran evitado meteduras de pata como ha ocurrido en el caso de un tal Fernando Macarro– alias Marcos Ana –., propuesto para el Príncipe de Asturias de la Concordia, quien, pese a haber recibido múltiples premios, entre ellos el de René Cassin de Derechos Humanos; ha resultado ser responsable de, al menos, tres asesinatos en Alcalá de Henares, durante la guerra, cuando era miembro del Batallón de la Libertad, un grupo paramilitar de las Juventudes Socialistas Unificadas. ¿Es a estos que hay que reivindicar, concederles pensiones y nacionalidad española para sus hijos y nietos? ¡Vamos servidos!

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