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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cibernética humana

Marino Iglesias Pidal
Redacción
lunes, 15 de febrero de 2010, 13:58 h (CET)
No lo sé, ni creo que haya alguien que lo sepa. ¿Por qué el cerebro de unos seres humanos no pasa, en muchos casos ni llega, prácticamente, de ser un simple almacén, un Disco Duro, y el de otros deja corta a la CPU? La diferencia se hace notar hasta en los más simples detalles de la vida cotidiana. El CPU da un porqué a cada gesto. Siempre guarda, por ejemplo, en la misma posición la billetera en el bolsillo, porque de esa forma precisa, el gesto de sacarla y acceder a su contenido requerirá los más escuetos y seguros movimientos posibles; el Disco Duro la echará al bolsillo según le venga y, a la hora de requerirla, necesitará darle uno o más giros que la pongan en posición de poder sacar o meter en ella lo que corresponda.

La humanidad está mayoritariamente conformada por Discos Duros, y CPUS infectadas por diferentes tipos de virus. Estas poblaciones que, aunque debieran ser anómalas, dada su proliferación son normales, no se hallan sin embargo repartidas de forma homogénea; España, por ejemplo, sufre la hegemonía de estos entes patógenos afectados por lo que muy bien, metafóricamente, podríamos llamar Síndrome Termita. Claro que, desde la esperanza - con paciencia y fatiga, ya sabemos lo que le hizo el elefante a la hormiga - podemos consolarnos considerando el hecho de que los Discos Duros pueden borrarse, algunos, porque aquellos cuyo contenido es congénito es a un tiempo casi indeleble. A propósito, ahora mismo me asaltó la escena, reciente en el tiempo. Me encontraba de visita en un hospital, el enfermo era un viejito de noventa y dos años afectado por una trombosis que le había causado una hemiplejia, y es de sobra conocida esa ridícula y, para los enfermos, lacerante costumbre que tienen muchos de tratar a los de edad avanzada como si, cualquiera que sea su dolencia, por fuerza conllevara una estupidez inherente; bien, pues dirigiéndose al viejito en esta forma vejatoria, un pariente se acerca a su oído para preguntarle: ¿Y a quién vas a votar en la próximas elecciones? Y el pobre hombre, con gran esfuerzo, en un susurro apenas audible e inteligible, logra pronunciar: A Zapatero. El que lo interviuva sigue: ¿Por qué, no conoces a Rajoy? Y el viejito: Sí, pero nosotros somos socialistas de toda la vida.

Cómo se hace. ¿No estuvo dispuesto Abrahán a sacrificar a su amado hijo Isaac por designio de un increíble, impresentable y pretencioso dios que le tenía comido el seso? Menos mal que, en ese instante, apareció un carajo de ricitos dorados, ojos azules ¡y una gran picardía! pues, sabiendo muy bien que los razonamientos, con Abrahán, habrían sido inútiles, optó por acomodar su argumento a la estupidez del hombre. ¡Detente Abrahán! Ya ves mis ojitos y ricitos, salta a la vista que soy un ángel, ¿no? Bueno, pues me ha enviado dios para decirte que lo de matar a tu hijo sólo era para probarte, que no tienes que hacerlo. Una broma bien jodida, pero, oye, todos sabemos como es dios.

Coño, no me doy cuenta de qué color tiene los ojos Rajoy… y ricitos dorados no. Bufff. ¿Habrá alguien capaz de quitarnos de encima este iluminado empeñado en sacrificar a España? Bufff…

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