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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Algo más que una palabra

Nuria Rubio González
Redacción
lunes, 15 de febrero de 2010, 13:43 h (CET)
"Sobre mis brazos inertes dejo posarse la primera letra del alfabeto sólo para poder abrazarte". En estos términos glosaba o comentaba -el pasado mes de junio- una de las palabras de nuestra lengua destacadas como predilectas por los internautas con motivo de la celebración de "El Día del Español". (Sobre este evento, promovido por el Instituto Cervantes, ya escribí en su momento un texto en este mismo Diario Digital, haciéndome eco de algunos de mis vocablos favoritos).

El día 4 del presente mes (Día Mundial de la lucha contra el Cáncer), la glosa o comentario a la palabra "abrazo" se enredó con fuerza en mi mente. Como si de una serpiente gigantesca se tratase, serpenteó por los más recónditos espacios de mi cerebro, devorando voraz cualquier atisbo de pensamiento ajeno a ella. Aquel día todo fue "abrazo". Fue "abrazo" la mirada que elevé al cielo, intentando adivinar un rostro entre las figuras dibujadas por las nubes. Fue "abrazo" la forma en la que, en silencio, bebí el café a pequeños sorbos que abrasaron mi garganta, con la doliente pesadumbre de quien quisiera recuperar ese tiempo añorado, esos minutos de animada conversación dulcemente perdidos en cualquier cafetería de la ciudad. Fue "abrazo" la caricia pausada que deslicé sobre el lomo de un simpático perrito, en cuyos alocados saltos quise ver la inolvidable figura de una querida mascota. Fue "abrazo" la letra de la canción que, sin apenas darme cuenta, susurré, cual triste lamento, ahogando por completo su inherente alegría. Fue "abrazo" el décimo de lotería que, tras adquirirlo, puse cerca de mi corazón; un simple papel, un pequeño donativo para contribuir a la lucha contra esa cruel enfermedad que os arrebató la vida después de tanto sufrimiento.

Aquel día todo fue "abrazo", porque nada lo es desde hace mucho tiempo. Porque extiendo mis brazos hacia el lugar que antes os perteneció y sólo hay vacío. Porque, si pienso en cada uno de vosotros, "abrazarte" amenaza con ser sólo una palabra que nombra una realidad inexistente. Y me niego a aceptarlo, y la pronuncio, incansable, una y otra vez; la construyo, la reinvento... Imagino que una vocal abierta, la primera letra del alfabeto, se posa triunfal sobre mis brazos inertes y, en ilusión engañosa, me brinda la postrera posibilidad de abrazaros...

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