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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Sectarismo socialista versus Iglesia católica

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 15 de febrero de 2010, 08:28 h (CET)
Se supone que, en una democracia, lo que se ha dado por llamar “el gobierno del pueblo por el pueblo”, que parece ser el régimen en el que, algunos políticos, nos dicen que nos estamos desenvolviendo, bajo la denominación, un tanto absurda y acomodaticia, de “Monarquía parlamentaria”, el respeto entre todas las ideas y creencias es algo fundamental. En nuestro caso lo cierto es que nos hemos quedado, en la práctica, entre el Pinto de la figura un tanto deslucida de un jefe de estado, el Rey, apenas con facultades representativas, sin poderes decisorios e investido de una capa de barniz populista, sin otras encomiendas, algunas extensivas al resto de la familia real, que constituirse en un mensajero, enjaezado, sometido a las decisiones del gobierno de turno, y desprovisto del poder de rectificar por su cuenta aquello con lo que esté disconforme; y el Valdemoro o revés de la medalla, de ser la monarquía, en los tiempos que corremos, una figura a modo de postal histórica, sin un lugar efectivo en los modernos sistemas de gobierno, costosa de mantener y, evidentemente, anacrónica.

Sin embargo, no es con la monarquía con la que pretendo meterme, ni tan siquiera con el ejemplo dado por alguno de sus miembros de acudir a las leyes laicas, implantadas por los socialistas, para divorciarse de su consorte; ni, si me apuran, por la tardanza con la que ha reaccionado don Juan Carlos en darse cuenta de que, España, es una olla de caracoles en ebullición y que, si alguien no para al señor Zapatero y le pone en cintura, nuestro destino, como ya nos lo vienen anunciando desde el resto del mundo civilizado, es acabar en una quiebra de las que se denominan “soberanas”, antes de que crezcan estos utópicos ramilletes verdes anunciados por la señora Salgado. Lo malo de todo este tinglado en el que nos han metido ZP y sus socialistas, es que se le ha dado tanta cuerda, se ha actuado con tanta pereza mental y con tan escaso patriotismo que, por fas y por nefas, han permitido – y no excluyo de tales culpas a los del PP y a los democristianos del señor Durán – que se le diera un vuelco a la Constitución, se la interpretara sectariamente, se la despojara de sus esencias y se la convirtiera en un despojo jurídico con el que se atreven hasta los más infectos grupos separatistas, de estas minorías étnicas que se han atribuido el derecho de desmembrar España.

Claro que, como ocurrió el 19 de julio de 1.936, cuando se abrieron las cárceles, se armó al populacho y se permitió que el odio, las pasiones, la sed de venganza y el revanchismo campara pos sus respetos por las ciudades, no hay medio de volver atrás el estropicio si no es organizando otro mayor. Es lo mismo que tirar tinta dentro de un vaso de agua, es fácil derramarla pero, cuando uno quisiera separar las dos sustancias, el trabajo se convertiría en imposible. Es por eso que, las semillas que han sembrado los que nos gobiernan, las presuntas “libertades” que ha pretendido favorecer; el ataque a la familia; la permisividad con toda clase de prácticas y perversiones sexuales; el apoyo desmesurado a los derechos de los delincuentes y la exigencia implacable de la ley a los que se limitan a defenderse de aquellos para proteger a los suyos o a sus propiedades; el despego fomentado desde el propio Gobierno a la moral y éticas cristianas; la falta de medios para reprimir la indisciplina escolar y reforzar la autoridad de los maestros; las leyes excesivamente protectoras con los menores, que han recortado hasta límites absurdos la potestad paterna; las campañas obscenas y desvergonzadas que, desde las radios, TV’s, espectáculos y películas, se han desatado por los llamados progres y faranduleros, contra determinados grupos de la ciudadanía y contra sus creencias; y un sin fin de leyes inmorales, anticonstitucionales y atentatorias contra la decencia, la defensa de la vida y la unidad de la nación; han sido aprobadas en un Parlamento dominado por una izquierda dominada por los rencores y recuerdos de la Guerra Civil, que no supieron ganar y tampoco han sabido perder.

Los atentados contra las libertades de una gran parte de la población; los ataques directos y furiosos a la Iglesia católica , sus ministros y feligreses; han pasado de ser verbales y reproducidos en medios de comunicación, a convertirse en actos directos y vejatorios sobre cualquier imagen, escultura o símbolo de la religión cristiana, a los que han señalado como blanco preferido de todas estas turbas, alentadas desde el Gobierno, para que procuren, por todos los medios, fuere con mentiras, con calumnias o magnificando aquellos casos reprobables que se dan en cualquier tipo de sociedades; para desprestigiar, elevando lo particular a general, a los católicos convirtiéndolo como algo habitual en el seno de la congregación cristiana. Adviertan, no obstante, el cuidado, la ternura, la moderación y el respeto que, todos estos descerebrados, emplean en cuanto se trata de los miembros del Islam. Evidentemente que, como no son tontos, saben que con estas religiones es muy peligroso meterse y mucho menos hacer mofa y befa de ellas porque, por menos del canto de una uña, te lanzan una “fatua” y, ¡ya la has pringao!

El caso es, señores, que en Granada, esta bella y misteriosa ciudad, cuna de la civilización árabe, parece que algunos de sus ciudadanos han perdido los papeles, la educación, el respeto por las ideas y creencias de los demás y, sin el menor recato ni consideración a que estamos en una nación aconfesional, lo que no quiere decir beligerante o laica, se ha producido un hecho que nos permite calibrar el grado de degeneración a la que hemos llegado, cuando, para más ignominia, ha sido la propia Universidad, el centro de la cultura, la ciencia y las humanidades de un pueblo, desde donde se ha incurrido en la temeridad, bochorno o maldad, que de todo hay un poco, de subvencionar una obra de teatro donde la Virgen María es una “prostituta”, San José un “camello” y Jesús de Nazaret, un “gay”. Evidentemente un refrito infernal cocido por
los descendientes de aquellos que asesinaron a 6.000 curas durante la Guerra Civil, que desenterraron los cadáveres de las monjas para exponer sus restos a la vista pública y profanaron sagrarios impunemente, como ocurre hoy en día, cuando las autoridades, si no colaboran directamente en el estropicio, miran hacia otro lado para desentenderse de él.

¿Memoria Histórica?, ¿para qué, si estos que piensan como los milicianos del Frente Popular, ya nos recuerdan perfectamente lo que sucedió entonces? Antes y durante la guerra destruyeron iglesias, fusilaron al Santo Cristo del Cerro de los Ángeles, derribaron y quemaron retablos y efigies de santos; ahora quieren que desaparezcan. Entonces mataban a monjas y frailes, ahora intentan desprestigiarlos, empezando por las figuras sagradas y objeto de devoción de toda una religión, la cristiana, practicada por millones de personas en todo el mundo y todo ello, sin contar que dicha religión ha sido un fenómeno cultural que tuvo su origen hace 2.000 años y que, durante todo este tiempo, se ha ido manteniendo hasta el presente, originando toda una cultura que ha pervivido, a través de los siglos, como parte importante del legado de toda la humanidad. ¿Gamberros, indocumentados, activistas, ácratas? No sé, pero, por supuesto, no se trata de ignorantes. No señores, todo este tinglado forma parte de una logia bien organizada, dispuesta a hacer todo lo necesario para erradicar de España hasta el último católico. Estamos en la era de la persecución cristiana del señor Zapatero.

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