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Agredir o ayudar en carretera
Nieves Fern ndez
Leo por Pilar Muoz, una de las periodistas m s valientes e intrpidas que conozco, que dos personas involucradas en un mismo accidente en la Comunidad de Madrid son casualmente de la provincia de Ciudad Real, aunque el grado de afectaci n de ambas sea, como veremos, muy distinto. Ambas personas son varones, conductores y de una misma edad; pertenecen por tanto a una misma generacin de j venes, quienes con influencias y circunstancias iguales han decidido acometer actos tan desiguales.
El primer conductor es quien a modo de autntico y peligroso kamikaze conduce su turismo por el carril izquierdo, ocupado reglamentariamente por los veh culos que le vienen de frente. El segundo conductor, desde su camin advierte el peligro, y cuando ocurre el inevitable choque frontal ayuda a las v ctimas del accidente cruel y provocado y salva a los dos pequeos del matrimonio de morir abrasados.
El primer conductor podr a ir dominado en su vil accin por drogas, alcohol o una ira tal que no le dejara ver que en la autov a van circulando ms personas que son de carne y hueso, con una vida de tiempo y de kil metros a sus espaldas, portadores de una historia real, tan real como el grave hecho de perder la vida en carretera por un error humano. El segundo conductor podra ir dominado por el deber del trabajo cumplido, o por la idea de llegar a casa sano y salvo, constante preocupaci n de tantos profesionales del volante.
El primer conductor, an yendo hacia delante, es como si estuviera de vuelta, porque la depresi n o el motivo que fuere el que le moviera a cometer tal desatino no le dej ver el futuro que siempre se adivina tras el asfalto. El segundo conductor se apena, porque es tal su deseo de colaborar, que lamenta la p rdida del joven matrimonio burgals y a l, que ha visto las desgarradoras imgenes, eso le pesa.
El primer conductor reta a la muerte. El segundo se asombra de la manera tan fcil e in til de perder la vida.
El primero arremete contra sus compaeros de senda y de camino. El segundo pone en peligro su propia vida ayudando a quien rueda a su lado.
Al primero, al ciudadreale o Federico, le dirn mal nacido, o enfermo cuando menos, por destruir familias. Al segundo, al ciudadreale o Santiago, ya le han hecho hroe aunque as no se sienta, ya le ha felicitado el Defensor del Menor en nombre de Daniel y Mara, los ni os de cuatro y seis aos salvados de las llamas, para los que a n no se cansa de pedir ayuda, pues tanto le recuerdan a su propia hija y hasta le conceden la Medalla al Mrito Ciudadano.
Ambos de la misma provincia y la casualidad los junta en el camino. Ambos conductores noct mbulos, uno de ocio y placer, el otro de trabajo, quizs en un pasado tuvieran m s puntos de inflexin casual o geogr fica. Nacimientos cercanos, rutas comunes, casualidades para el asombro, la heroicidad, la locura o el desamparo.
Agredir o ayudar, dos caminos para salir en marcha, paradojas de un mismo origen o destino.
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