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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Honra envenenada

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 13 de febrero de 2010, 17:57 h (CET)
En cuanto a la valoración y buena opinión sobre la dignidad propia, todos vamos bien servidos; la puntuación que nos daríamos a nosotros mismos, sería sin duda elevada. Vistos desde fuera por los demás, relucirian otros datos bien diferentes; aunque los engaños y las apariencias tiendan a confundir al personal con extrema facilidad. Como las facetas de cada persona son innumerables, la CALIBRACIÓN tampoco es fácil en sí misma; máxime cuando estamos hablando de cualidades, que no se miden con un metro ni con un peso. ¿Valen las mediciones parciales? ¿Hemos de basarnos en el conjunto de actuaciones? El panorama es amplio porque involucra labores profesionales, aficciones desarrolladas, relaciones públicas o realidades sociales contrapuestas. El veneno dispone de muchísimos resquicios por los que poder infiltrarse, ladinamente a escondidas, o a la fresca, con toda desfachatez.

Según el momento y como resultado de las circunstancias acumuladas; una decisión concreta conducirá a resultados contrapuestos. Las asociaciones son infinitas, lo que iba para bondades, también sirve para maldades. Es una ambigüedad que genera riesgos, son inevitables. Recordemos lo acaecido con la energía nuclear, fabulosa en ciertos usos sociales, con la posibilidad trágica de su potencia destructiva. El mantenimiento de unas actuaciones honrosas y dignas exige el ESMERO suficiente para evitar las desviaciones. Estamos constantemente expuestos a la introducción de componenetes miserables en nuestras relaciones sociales. No resulta fácil la adopción de los cuidados necesarios. Puestas así las cosas, ¿Alguién podrá presumir de una honra perfecta? La misma presunción ya resulta sospechosa; sin embargo, habrá que optar por los mejores niveles.

Cada labor tiene su meollo diferencial. Quienes se disponen a realizarla, aportan gran parte de su bagaje personal. En el caso de un PROFESOR, se le supone una formación académica, con la responsabilidad añadida de participar en las tareas educativas, dirigidas al aprendizaje. Su autocrítica y el esmero han de ser continuos, debido a que la transmisión de conceptos equívocos o maliciosos, impregnará a su alumnado. Los hechos delictivos (Abusos, drogas, …) no requieren mayor comentario. Ahora bien, su dignidad circula también por los silencios que no denuncian las malversaciones ideológicas. A través de la docilidad al recibir doctrinas políticas o de cualquier origen, tan frecuentes en tierras propias y en las ajenas, ayer y hoy mismo, no hay más que observar; con esa sumisión, la honra docente se pierde. La poca atención en el desempeño de su labor, le puede convertir en colaborador de insidias, terrorismos y olvidos de la persona a la que debiera ayudar.

Los fallos y los defectos estarán presentes habitualmente, no me refiero a eso; sino a las directrices que provoquen maldades y sean producto del poco interés o de intenciones perversas. Una de las labores con mayor dificultad para impedir las penetraciones venenosas, gira en torno a los INFORMADORES. Las características difusoras de su trabajo amplifica los resultados, buenos o malos, pero la malicia corre ligera. El amarillismo impregna las noticias de consignas y malentendidos, son servidores interesados del poder. El sensacionalismo tapa verdades con estampidos y fogonazos. Contribuyen a las deformaciones las simples repeticiones o el realce de algunos datos. En fin, una fascinante ocupación que tampoco se libra de las intoxicaciones en los diversos sectores de su actuación.

Si muy detestable es una labor personal deshonrada, procaz y hasta delictiva; cuando entre muchos colaboramos en esa dirección, las dimensiones del desmán son gigantescas. Quiero referirme a las INSTITUCIONES y grandes complejos de gestión; en concreto, saco a colación lo sucedido en torno a la gripe A y sus VACUNACIONES. Un fraude total, en palabras recientes del profesor Partarroyo. ¿Serán creíbles las nuevas campañas? Volvemos con la mención de intereses mezquinos. ¿De quién? ¿Los beneficios dónde se arrimaron? Tampoco las éticas quedan bien libradas. Con informaciones poco maduras, a base de acopios masivos de vacunas por algunos paises, a costa de su carencia en áreas menesterosas. Pero no sólo eso, los trabajos y reflexiones de valor científico que no se plegaron a las megafonías poderosas, son contados, pero los hay. ¿Han escuchado ustedes algunas autocríticas? Aún nos echarán la culpa por no lavarnos las manos, que debiéramos; pero también es importante lavarse de vez en cuando las neuronas y el alma. Echo de menos una mejor crítica sobre estas desvergüenzas, y otras. Me pregunto cuántos implicados podrían ser tachados de colaboracionismo, funcionarios, acólitos trajeados y apoltronados. ¿Se cuela el veneno, o no?

No es que nos extrañemos, estamos bien surtidos de ejemplos fabricados en escuelas refinadas; hablar de honra envenenada suena a costumbrismo, auténticos esperpentos transformados en hábitos. Quizá la tolerancia se sitúa donde no debiera. Tal suceden las cosas así, que nosé si procede poner en estos altares a gran parte de los CARGOS POLÍTICOS. ¿Tolerados? ¿Siguen las costumbres establecidas? Por que mentiras, corrupciones o intereses alejados del ciudadano corriente, son una permanente exposición de muestras, en catalán, en castellano, en el idioma que prefiramos. En su conciencia no sabemos lo que ocurre, pero el reflejo de cara a la sociedad es poco edificante. Nos entretienen con ese lenguaje de apoyos y oposiciones, cuando lo que precisamos es un lenguaje desintoxicado. ¿Lo deseamos de verdad? A la vista de los conformismos practicados no soy muy optimista al respecto. Precisaríamos de un auténtico talante inconformista, pero bien templado y tenaz. Feroz disyuntiva esta a la que nos enfrentamos cada día.

Son inevitables los antecedentes, a través de lo sucedido históricamente, padres y familias, educación recibida; que llevan a uno a preguntarse por su colocación y sentido en el panorama de la sociedad. Que cosas me vienen dadas y cuales otras dependen de mis actos. J.M. Coetzee dispuso como predecesores, de las numerosas ramificaciones de los conflictos raciales en Sudáfrica y de familiares que vivieron la guerra vietnamita; quizá por eso se pregunta con la famosa frase.”Tengo grandes esperanzas de averiguar de quien soy culpa”. El adopta una postura por la vía de la SUPERACIÓN, no permanece inmerso en discusiones estériles, porque algo de veneno existe en todas partes; prefiere la creatividad expresiva de una descripción coherente en torno a proyectos vitales emancipados. ¿Hasta qué punto será esto posible? De no ser así, podemos quedar encenagados en el barro, discutiendo y golpeando, al estilo de los contendientes del “Duelo a garrotazos” de Goya.

La sumisión a los caprichos foráneos, sugerida o impuesta, es tanto como la anulación personal; pero nos convierte en colaboradores de las tropelías pergeñadas por los manipuladores. El poder tóxico de cada veneno se caracteriza por esa introducción en lo íntimo de cada individuo; fuente de las participaciones solapadas y tendenciosas, serviles y no pocas veces perversas. Su labor de acogotamiento es constante, abrumadora. ¿La única respuesta consiste en la resignación?

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