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Etiquetas:   Copo   Política   -   Sección:   Opinión

El que espera no desespera

“… y en esto llegó el señor Rufián…”
José García Pérez
lunes, 31 de octubre de 2016, 01:03 h (CET)
Al tiempo que veía detalles de los hombres de Cholo y muy poco de los de Luis Enrique, el mando de la tele saltaba a la Carrera de San Jerónimo para visualizar de reojo la ya anunciada investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno de España.

En el último partido citado en el párrafo anterior, el “gallego” ha roto uno de los dichos más famosos de nuestro refranero, ya saben: aquel que afirma que “el que espera, desespera”. No le la ha importado al nuevo “presi” de España tener que acudir a dos elecciones generales, visualizar un pacto entre PSOE y C´s, escuchar mil veces al señor Sánchez decirle “NO, y que parte del NO es la que no entiende”, pasar (no sé si seguirá) por la corrupción de una parte importante de su partido en las Comunidades de Valencia y Madrid, etc., y tragarse toda clase de insultos sin perder la calma en su espera, tal vez haciendo realidad a la frase del político y masón Bartolomé Mitre que afirmaba lo siguiente: “El hombre que quiere, ha hecho ya la mitad del camino.”

Pedro Sánchez no supo esperar; y además con su anuncio de renunciar a su escaño quiso, tal vez, restar protagonismo al hecho de la investidura de Mariano Rajoy; ya ven que hoy tiene una entrevista en el “Salvados” del suavón”, aunque buen profesional, Jordi Èvole.

Además, el nuevo, ya viejo, presidente, es el único que tiene la llave de convocar unas nuevas elecciones en la mano a partir del próximo mayo, y ello ocurriría si la ciudadanía visualizara que el Congreso no sirve para nada ante una oposición cuya misión fuese la de crear la ingobernabilidad con un bloqueo permanente a las propuestas legislativas del Ejecutivo.

Y en esto llegó el señor Rufián, valiente giro gramatical acabo de dar, para asustar a políticos y ciudadanos normales con un babear de odio que fue más allá de lo sencillamente humano, para convertirse en un anticipo del Día de Difuntos en su macabro juego de remover huesos de históricos socialistas.

En fin, amiga Ana y queridos lectores, “fumata blanca”.
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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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