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Música

Etiquetas:   Crítica concierto   -   Sección:   Música

Peret, concierto con sorpresas

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
sábado, 13 de febrero de 2010, 13:06 h (CET)
Era la noche más fría de Barcelona, los termómetros rozaban los cero grados, pero ello no fue óbice para que el aforo de l’Auditori se llenara de admiradores de este gitano catalán que lleva pisando los escenarios desde que un día del año 1947 se subió a un escenario, sus antiguos vecinos de la calle de la Cera en el barrio del Raval acudieron en masa para escuchar al “rey de la rumba” que a sus 75 años sigue con la misma energía que un chaval recién llegado al mundo de la canción aunque en algún momento se le vaya el santo al cielo y olvide la letra de alguno de los temas, especialmente porque algunos de ellos hace tiempo que no los canta.




Peret.




Portada de su nuevo disco.


La madera noble del sobrio escenario de la sala Pau Casals, la grande, de l’Auditori era el único decorado que recibió a los músicos de Peret que con puntualidad británica comenzaron el concierto calentando motores con un par de rumbas cantadas por Jonathan Mata “Petete”, el bajo del grupo, al que acompañaban Joan Hernández “Abraham” a la guitarra, Daniel Salvat también a las cuerdas de la guitarra, Alejandro Maya al piano y resto de teclados, José Santiago y Jaime Ximenez “Santi” a la percusión y Laureta, la sobrina de Peret, a las palmas y coros. Después de la segunda canción y con el personal predispuesto a pasar una velada festiva aparece Peret por un lateral del escenario mientras el público irrumpe en continuados y rotundos aplausos. El rumbero afirma no saber qué temas iba a interpretar a pesar de que el concierto se había anunciado como la presentación oficial de su último disco titulado “De los cobardes nunca se ha escrito nada”, “si alguien quiere alguna canción que lo diga” y así transcurrió la noche, con continuas peticiones de canciones. El estribillo de “la fiesta no es para feos” pone ya en pie a una gran parte del público que no puede reprimir los impulsos de bailar el contagioso ritmo rumbero que se despliega desde el escenario. Sigue Peret con su peculiar forma de tocar la guitarra, la ya conocida como “el ventilador”, desgranando canciones desde el centro del escenario y canta una canción no demasiado conocida por el público, se trata de “El jilguero” una bonita historia de amor en ritmo lento y con una letra intimista y aquí se produce el primer lapsus cuando el cantante olvida la letra, lapsus que el público acoge con grandes aplausos. Peret quiere recoger en este recital algunos de los temas que en su día quedaron descolgados de las listas de éxitos por la pujanza de otros de sus temas.

El recital se convierte en un metafórico roscón de Reyes y comienzan a aparecer las sorpresas. La primera es la aparición de Los Manolos, presentes entre el público, que suben al escenario donde les esperaban sus guitarras y cantan junto con Peret y el público “Amics per sempre”, la canción que se hizo famosa en la clausura de las Olimpiadas de Barcelona, siguen con “Gitana hechicera” con todo el público bailando y entonando aquello de “Barcelona es poderosa, Barcelona tiene poder”, Los Manolos, que crecieron escuchando los temas de Peret, le piden que cante “Castigadora” y terminan todos cantando uno de los temas de siempre de Peret coreado por todos los asistentes.

Vueltos Los Manolos a sus butacas continuaron las sorpresas, en esta ocasión fue La Chana quien subió al escenario. La Chana fue definida por su amigo Peret como maestra de maestros, el cantante la calificó como la más grande después de Carmen Amaya y La Chana, a pesar de sus años y su rodilla hinchada, dio todo un recital de baile sobre el escenario de l’Auditori. Péret tomó su guitarra e inició los acordes del “Garrotín”, a su lado, sentada, La Chana iba zapateando con gran maestría mientras movía los brazos dibujando la danza en el aire para, finalmente, ponerse en pie y marcarse unos pasos de baile llenos de rabia y raza que emocionaron al público que, puesto en pie, la despidió entre ovaciones.

Volvió Peret a cantar con su grupo, en esta ocasión el tema “Que levante el dedo” de su anterior disco para dar paso a continuación al Tío Tony, su palmero de siempre y con quien tantos kilómetros y vivencias ha compartido a lo largo de todos los años en que fueron juntos. Tío Tony, impecable traje, chaleco de fantasía y zapatos de brillante charol, cantó un bolero a ritmo de rumba para posteriormente todos juntos lanzarse por los caminos de la rumba.

Y Peret siguió buscando amigos entre el público encontrando en esta ocasión a Joan Manel Serrat que subió al escenario para cantar junto a él “Me’n vaig a peu” que el rumbero grabó hace unos años en un disco de homenaje al Noi del Poble Sec. A pesar de que todos nos quedamos esperando que Serrat nos ofreciera alguna canción más éste dejó el escenario y el protagonismo de la noche a su amigo Peret que se lanzó a cantar una buena versión de “Los ejes de mi carreta” y a partir de ahí ya a complacer las peticiones del público a quien encandiló con las interpretaciones de “Rascayú”, “Una lágrima cayó en la arena” y “El muerto vivo” con las luces de la sala encendidas y todo el público puesto en pie y bailando.

Después de más de dos horas de concierto los músicos abandonaron el escenario y ante la petición de bises el cantante volvió a salir a escena y en solitario acompañándose de su guitarra interpretó la canción “El mig amic” escrita en recuerdo y homenaje a su padre. Y ya no hubo más, estoy seguro que si el estricto horario de l’Auditori lo hubiera permitido allí hubiéramos estado hasta altas horas de la madrugada cantando y bailando con Peret y sus músicos. La rumba es una música que se mete en las venas y que hace mover todo el cuerpo con su ritmo y Peret es un gran interprete de la misma, el mejor. Buena prueba de ello es que el próximo 4 de Marzo en el Teatro Calderón de Madrid se le entregará el Premio de la Academia de Música por toda una vida dedicada a la música. Fuera la noche era todavía más fría, los termómetros continuaban bajando pero la gente salía contenta, habían visto y escuchado un gran concierto y encima con la propina añadida de ver sobre el escenario a esos buenos amigos de Peret que no figuraban en el programa pero que quisieron estar a su lado esa noche.

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