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Europa no se fía de nosotros

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 13 de febrero de 2010, 12:57 h (CET)
Es obvio que el señor Zapatero y su gobierno quieren aparentar que España está a punto de superar el bache de la recesión y que nuestra situación está distante de la grave crisis que viene padeciendo Grecia. Lo que sucede es que, por mucho que intenten ocultarlo y por más que su obsesión por evitar que la ciudadanía se inquiete más de lo que le conviene al Gobierno, les obligue a ello; se dejan en el tintero algunos hechos que se están produciendo en Europa y en su dimensión económica que, sin duda, no son beneficiosos para España, por cuanto representan una evidente desconfianza de las naciones europeas, de sus instituciones y del mundo económico que se mueve dentro de ellas, hacia la solvencia de nuestro país. No es ajeno a ello, no tanto por el montante actual de la Deuda Pública española (sobre un 66% del PIB), sino por lo que significa el ritmo al que va creciendo de seis meses a esta parte; el hecho de que el endeudamiento haya subido en 60.000 millones de euros en tan corto espacio de tiempo, indica una tendencia evidentemente preocupante, que se agrava más si queremos tener en cuenta que, esta inaplazable necesidad de liquidez del Gobierno, no está fundada tanto en proporcionar ayudas a las empresas necesitadas de ellas; ni en el aumento de las licitaciones públicas ( que parece que han sufrido un gran frenazo), sino en atender al creciente número de parados que parece que, a pesar de los esfuerzos de la Administración para intentar contenerlo, sigue creciendo sin que nadie pueda determinar el momento en que se invertirá la tendencia.

Nadie en Europa ni en el FMI, el BCE y la propia Bruselas parece compartir este optimismo del señor Rodríguez Zapatero y su empeño en presentar el futuro de España como si estuviéramos gozando de una economía boyante y competitiva, y nos halláramos a punto de iniciar el camino de la recuperación. El hecho de que determinados parámetros, como el descenso del PIB, acusen una cierta ralentización en su desplome no se debe tanto a los llamados “brotes verdes”, sino más bien al agotamiento de una economía que, después de perder cientos de miles de empresas; haber enviado a 4.500.000 millones de trabajadores al paro; reducido la demanda a límites antes desconocidos y aumentado el ahorro de las familias temerosas de llegar a perder sus trabajos; ha llegado a un punto de saturación que la mantiene expectante de las variaciones de la economía mundial. Aunque el Gobierno intente disimular el mal trago, es evidente que en el Foro de Davos se le leyó la cartilla a ZP, que tuvo que improvisar y hacer promesas que luego ha tenido que recortar ante la amenaza sindical de aumentar su presión sobre él.

Son muchos las señale que, estos días, hemos recibido de la CE respeto a la valoración que hacen de nuestro Presidente y, no es el menos importante de ellos, la exclusión, con calificativo de bofetada, de su presencia en la reunión informal a la que han asistido los cancilleres de Alemania, señora Merkel, de Francia, señor Sarkozy y el nuevo presidente de la Cámara Europea señor Van Rompuy, entre otros, para estudiar detenidamente cuál debía ser su posición ante la grave situación de Grecia. Que el presidente semestral de la UE no haya sido llamado a consultas, que deliberadamente se le haya apartado del cónclave, para mí tiene dos importantes significados: el primero que nuestro país forma parte de los célebres PICS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) lo que es lo mismo que decir que no somos ajenos al “problema” de Europa, lo que puede suponer que los países más representativos y con más influencia de la comunidad europea prefieran discutir sus proyectos, sin que los oídos indiscretos de las naciones en apuros, escuchen cosas que quizá les pudieran afectar en un futuro cercano; en segundo lugar, es posible que, con esta omisión, le hayan querido parar los pies al señor ZP y ponerle en el sitio que le corresponde, evitando que reincida en irresponsabilidades como las que cometió al presentarse en Bruselas como un “salva patrias”, presumiendo de proyectos milagrosos y pretendiendo, en el colmo de la fatuidad, que los demás los acogieran sin discusión y, además, aceptaran los castigos que se les impusieran por no cumplirlos. En Davos alguien le hizo una dura advertencia, ante la seriedad de la situación, “O haces lo que te decimos o te la juegas”

Pero a ZP parece que, los consejos y advertencias, le entran por un oído y le salen por el otro y, por ello, al regresar a España puso a todos sus ministros a la tarea de desmentir realidades, a camuflar chanchullos y a vender mentiras para que todo pareciera, al fin y al cabo, que sólo había recibido unos amistosos golpecitos en la espalda de sus anfitriones. Sin embargo, no debemos olvidar que, en el fondo de todo este proceso, subyacen intereses importantes de sectores muy influyentes, como podría ser el de las finanzas y la banca. Resulta que hoy he podido leer una información harto elocuente sobre la exposición que la banca europea tiene en el “sur de Europa” que, en total se estima que asciende a la escalofriante suma de 1’7 billones de euros. Hablamos de bancos alemanes y franceses que tienen intereses en Portugal, Irlanda, Grecia y España; lo que explica, en parte, el interés directo de países como Alemania y Francia en impedir la caída de Grecia. El señor Klaus Baader, de la Société Générale en Londres, afirmaba, hace unos días, que la “exposición es enorme” y que “La crisis en Grecia no es un problema tan sólo de Grecia sino un problema concreto para todo el sector financiero europeo”. Nadie piense pues que España, Portugal e Irlanda, aunque no estén en la situación de Grecia, puedan excluirse del problema, dados los elevadísimos déficit de sus economías, lo que las ha conducido a que, hoy en día, existan crecientes diferenciales entre la rentabilidad de sus bonos del Tesoro y el bund alemán a 10 años. Por otra parte, para colocar sus respectivas deudas deben asegurarse contra el eventual impago de la misma lo que, sin duda, significa un gravamen adicional.

Es evidente que, el resto de países europeos, no pueden permanecer indiferentes ante una posible quiebra soberana de alguno de las PIGS, debido a que “las situaciones fiscales de estos países, según Baader, hacen peligrar las finanzas de las naciones fiscalmente más fuertes”. Y es que, ZP, no da la talla, como ha demostrado en el caso de la asistencia del señor Obama a la cumbre de EE.UU–Europa. Nick Witney, del European Council on Foring Ralations, se refirió a ello afirmando que “el Gobierno español hizo una apuesta muy arriesgada cuando pensó que diciendo que la Cumbre estaba fijada, la Casa Blanca no se atrevería a cancelarla. Pero en Washington le dieron la vuelta: dijeron que no había nada que cancelar porque no había nada acordado”. Muy propio del maquiavelismo de ZP, que siempre se cree ser más listo que los otros y no distingue entre amigos o enemigos cuando se trata de darse auto bombo. Pues ya lo ven ustedes, le invitan al Día de Oración y el señor Obama sólo lo saluda y no vuelve a dirigirse a él, ¿es así como se tratan los amigos íntimos o es que aquella amistad, de la que presumía ZP, ya sólo ha queda en mera cortesía? Pero ya sabemos que, el señor Zapatero, es un verdadero experto en tirarse piedras a su propio tejado.

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