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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

¿No preguntes, no juzgues?

Ruth Marcus
Ruth Marcus
sábado, 13 de febrero de 2010, 12:56 h (CET)
WASHINGTON - ¿Importa que el magistrado que juzga la demanda de la prohibición de California del matrimonio homosexual sea homosexual? ¿Interferiría su orientación sexual en su capacidad de resolver un veredicto imparcial, o en la confianza de la opinión pública en que sea capaz de dictar sentencia con justicia? El San Francisco Chronicle informa de que "el mayor secreto a voces" de la demanda que pretende impugnar la Propuesta 8 es que el juez que preside la sala del distrito, el magistrado Vaughn Walker "es homosexual".

No es sorprendente que los grupos de defensa de los derechos de los homosexuales anden en pie de guerra con la capacidad de Walker de separar su vida personal de su juicio profesional. "No hay nada en Walker como juez que indique que su orientación sexual, aparte de ser un factor que se presta al marujeo, suponga un factor de parcialidad cualquiera en sus sentencias", decía al Chronicle Kate Kendell, del Centro Nacional de Derechos de las Lesbianas.

Como era de esperar, los partidarios de la impugnación del matrimonio homosexual murmuran una supuesta debilidad por parte de Walker por los demandantes homosexuales. "Ha sido un factor asombrosa y unilateralmente parcial a lo largo de todo este proceso, mucho más comparable a un activista que a un árbitro neutral", afirma en un comunicado la Organización Nacional para la Defensa del Matrimonio.

No sorprendería a nadie de no ser por esta exquisita ironía: cuando fue nominado a la magistratura por el Presidente Reagan, activistas de la extrema izquierda atacaron a Walker, entre otras cosas, por una supuesta tendencia anti-homosexuales. Él fue quien representó al Comité Olímpico estadounidense cuando demandó a un colectivo que utilizaba el nombre de "Olimpiadas Gay", y también fue criticado por su pertenencia al Olympic Club de San Francisco, que sólo está integrado por hombres. Su nombramiento fue retrasado durante 2 años.

Por aquel entonces, el argumento progre contra Walker era que no podía juzgar con justicia - o ser percibido como magistrado justo - a causa de su vida personal. Como sostuvo la magistrado de San Francisco Abby Ginzberg en la vista contra la nominación de Walker, "Para los demandantes... de los casos de derechos civiles que se han visto obligados a recurrir a los tribunales federales una y otra vez para solicitar el cumplimiento del veredicto... la posibilidad de comparecer ante un juez que es actual miembro del Olympic o que cambió su puesto por un puesto en la magistratura no inspira confianza en el poder judicial federal".

¿Entonces tenían razón los izquierdistas cuando decían que la situación personal del juez era relevante, o la tienen ahora, cuando sostienen que es indiferente? Consideraciones éticas de conveniencia aparte, ¿cuál es la forma correcta de manejar el caso?

Ha leído usted tantos interrogantes hasta este momento porque la cosa es más difícil de lo que parece. Mi reacción inmediata fue que Walker debe ser libre de dictar sentencia. Esa sigue siendo mi línea, pero no sin ciertas dudas. Nadie cuestiona la capacidad de un magistrado afroamericano de dictar sentencia en un caso de discriminación racial, o de la resolución de una jurista en un caso de acoso sexual. En la cuestión de la Propuesta 8, un juez hetero aparcaría sus prejuicios al entrar en la audiencia, y nadie pondría en entredicho su imparcialidad.

Sin embargo, he argumentado contra la noción de los jueces como árbitros deportivos imparciales que mecánicamente establecen lo justo, en las memorables palabras del presidente del Supremo John Roberts. En muchos casos, el origen del magistrado y sus experiencias vitales entran en juego, especialmente al decidir el sentido de las grandes frases de la Constitución. Esta es la razón de que tengamos jueces en lugar de ordenadores programados.

Así, cuando Walker considera la demanda que dice que la prohibición de los matrimonios homosexuales viola las garantías constitucionales de igualdad ante la ley, es difícil imaginar que su sexualidad, de ser homosexual, no influencie su resolución - igual que le pasaría a un magistrado hetero con parientes o amigos homosexuales. El juez Lewis F. Powell Jr., que emitió el voto decisivo que ratifica la prohibición de Georgia de las relaciones sexuales homosexuales, dijo célebremente a sus colegas, incluyendo a un asistente gay, que él nunca había conocido a un homosexual.

Walker fue asignado aleatoriamente para juzgar el caso de la Proposición 8. En circunstancias incómodas, hizo la elección correcta de aceptar. La alternativa sería abrir la puerta a muchos desafíos a la imparcialidad judicial - jueces judíos que deciden casos relativos a los adornos navideños, o jueces que representaron a sindicatos, o jueces que representaron a patronales y juzgan disputas laborales.

En este caso, espero que los demandantes ganen y que Walker resuelva que la prohibición del matrimonio homosexual es una violación de sus derechos constitucionales. Al mismo tiempo, tengo que reconocer que: si yo estuviera del lado que apoya la prohibición y ésta fuera tumbada por un juez presuntamente homosexual, pondría en duda si la independencia judicial en el estrado había sido dependiente o no desde el principio.

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