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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña   -   Sección:   Opinión

Cataluña, pionera en pagar el cambio de sexo

“El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse.” Friedrich Nietzsche
Miguel Massanet
domingo, 30 de octubre de 2016, 09:56 h (CET)
Es evidente que si hay una comunidad en la que el tema del sexo está más al día ésta es, sin duda, la comunidad catalana. El prurito de estar a la vanguardia en todo lo que, una parte importante de los catalanes, deseosos de destacarse, de ser distintos del resto de ciudadanos y de sobresalir por encima del resto de los españoles, aunque, para ello, deban mostrarse más independientes, más progres, más ateos y laicistas, menos convencionales o más librepensadores; les lleva, en ocasiones, a convertirse en verdaderos adalides, no sólo en el territorio español sino, incluso, en el resto de Europa, en la aceptación, propagación, acogimiento e integración como propias de ciertas fórmulas de convivencia, de nuevos modelos artificiales de familias, de prácticas novedosas de relaciones sexuales y de arquetipos de uniones antinaturales, avalados por un una filosofía relativista, basada en que todo lo que la mente humana puede llegar a concebir les está permitido a los hombres llevarlo a la práctica.

En lo que se puede considerar un periodo breve de la historia de la humanidad, un lapso que muchos ciudadanos hemos podido seguir desde el principio hasta estas fechas en las que, los límites de lo que antes se consideraba decencia, moral pública, convencionalismos y buenas costumbres, han sido traspasados por estas nuevas generaciones formadas dentro de unos nuevos parámetros en los que los límites religiosos y las costumbres heredadas de los ancestros han dejado de estar vigentes, para dejar paso a un “vive como quieras” donde todo está permitido y ello ha supuesto un cambio radical, no sólo en el aspecto familiar sino en toda la legislación basada en las relaciones, interacciones y modelos familiares que rompen con los que han estado vigente hasta ahora. Han surgido un número casi incontable de uniones en las que el género ha dejado de ser la base fundamental del matrimonio a la antigua usanza para ser sustituido por una serie de posibles combinaciones, cada una de las cuales no va a quedar más remedio que contemplarlas dentro de un remozado derecho civil que los abarque.

Es evidente que, este tipo de relaciones, a los que ya peinamos canas y fuimos educados en otros principios y actitudes morales, nos parecen verdaderos atentados contra la lógica, las leyes de la naturaleza, el mismo sentido común y un juicio estricto de la más elemental higiene pública. Si la equiparación de la homosexualidad con la heterosexualidad, ya carece de la menor justificación derivada de las diferencias físicas entre uno y otro género, el que se estén defendiendo que niños de pocos años, sin la experiencia ni las condiciones intelectuales para poder prever cuáles serán, en un futuro, sus tendencias sexuales, sean ya inducidos a tomar decisiones, incluso de cambio de sexo, que pueden significar cometer un error que puede afectarles durante todo el resto de su vida.

Es obvio que Cataluña se ha convertido, aparte de ser la comunidad que intenta separarse del resto de España, en la autonomía en la que se viene permitiendo y fomentando toda clase de aberraciones antinaturales, que el sentido comercial innato en los catalanes ha sabido convertir en uno de los negocios más florecientes; como ha sido el caso de los hoteles y restaurantes especialmente concebidos para atender a los visitantes homosexuales. Aquí es donde las interrupciones del embarazo a cargo de clínicas abortistas, tiene menor rechazo popular y aquí es donde se intenta convertir las operaciones de cambio de sexo en un motivo más para ser incluidas en la protección de la Seguridad Social y, naturalmente, que se considere comprendido entre las prestaciones gratuitas a cargo de las cotizaciones de los trabajadores y empresas. Resulta sorprendente que alguien que esté disgustado por tener un aspecto físico desagradable, o padecer un complejo por tener la nariz, las orejas o cualquier otra parte de su físico que le desagraden, no está en condiciones ni tiene derecho a que, gratuitamente, le sea remediada dicha anomalía por los médicos del Instituto de la Salud. Es conveniente recordar que los trabajadores son quienes (junto a las aportaciones empresariales), de sus salarios, se ven obligados a detraer una parte para cotizar por la seguridad social que, precisamente, es la que permite el pago de las pensiones, incapacidades de todo tipo, asistencia sanitaria en todos sus aspectos y, en una parte muy importante, las medicinas de las que se benefician cuando tienen precisión de ellas. El pretender que los servicios sanitarios españoles se hagan cargo de las obsesiones o caprichos de algunos de los cotizantes, pretendiendo que dichos servicios básicos se conviertan en una panacea en la que cualquier absurdo, por costoso que resulte, deba de ser incluido en la lista de los tratamientos dispensados por nuestros facultativos de la Sanidad Pública, sea cualquiera su coste o a costa de que, las cotizaciones que se vienen pagando, deban encarecerse y convertirse en más onerosas para el total de los cotizantes. Recordamos que, desde hace años, se insiste sin que, hasta ahora haya tenido éxito, en que los servicios de odontología sean incluidos entre las prestaciones médicas a las que tengan derecho los cotizantes.

Y es que, el tema que nos ocupa, el de las nuevas modalidades familiares y los tipos de derechos inherentes a los distintos tipos de uniones; aparte de aumentar las cargas del Estado, tiene el peligro de prolongarse hacia otro tipo de relaciones que, como ha sucedido con el caso de la homosexualidad, algo que nunca se hubiera previsto que hubieran llegado a ser legalizadas cuando, durante siglos, fueron consideradas como aberraciones enfermizas y contrarias a las leyes naturales. ¿Quién nos dice que llegue un momento en el que se pida que las relaciones sexuales incestuosas sean admitidas o que, rizando el rizo de la más completa depravación, se llegaran a admitir familias zoofilias, dando carta de naturaleza a las relaciones entre hombres y otros animales? ¿Cuál sería el límite para estos que consideran como relaciones normales, las de hombres con hombres o mujeres con mujeres, hoy plenamente aceptadas por muchas naciones?

Todos sabemos que, según parece que ocurrió, el virus del Sida se trasmitió de una unión de un simio con un humano. La enfermedad pronto se convirtió en epidemia principalmente debido a las relaciones homosexuales, como se demostró posteriormente, al ser los principales afectados por ella aquellos que practicaban coitos con miembros de su misma especie, fueren hombres o mujeres. ¿Cuánto ha costado, a la humanidad, el luchar contra esta epidemia? Seguramente mucho más que lo que pudiéramos imaginar, con la particularidad de que, los recursos destinados a combatir el virus del VIH, hubieran podido ser utilizados para estudiar enfermedades raras, perfeccionar los estudios contra el cáncer, mejorar las condiciones sanitarias de algunos países subdesarrollados o intentar acabar con la mortalidad infantil en el mundo. No obstante, a estos enfermos, en la mayoría de los casos debido a cometer imprudencias y no poner los medios para evitar el contagio, se los trata con mimo, se celebran actos de solidaridad para recaudar ayudas, los de la farándula se declaran sus defensores y no hay nación donde no existan hospitales en los que se les acoja con toda clase de consideraciones.

Tenemos la impresión de que, el tema de la sexualidad, entendido como un derecho universal sin limitaciones, como parece que se lo está considerando, puede llegar a convertirse en un tema que, aparte de llevar al país a una situación preocupante, recordemos los últimos días del imperio romano, sumido en toda clase de vicios que acabaron con aquellos valerosos soldados que tantos triunfos habían conseguido; puede constituir un elemento discordante debido al coste que, una extensión tan desproporcionada de modelos familiares distintos de los hasta ahora reconocidos, puede llegar a comportar para nuestra Seguridad Social y la repercusión que, el aumento de pensiones, pudiera significar para el Erario público.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no vemos lo que el futuro reserva para nuestros hijos y nietos si, como parece que se está dando en Cataluña, gobernada por el separatismo y el comunismo, la descomposición ética y moral propia del libertinaje y la falta de valores, se impone en las generaciones venideras.
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Carlos Lamm 30/oct/16    11:06 h.
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