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Parches

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 12 de febrero de 2010, 10:02 h (CET)
Si pudiéramos alcanzar cierta distancia y ver el mundo como verdaderamente es, lo veríamos lleno de parches. Por las cuatro esquinas de la Tierra menudean las soluciones de campaña que, lejos de arreglar nada, sólo zurcen malamente algunas situaciones desesperadas: parches en la miseria mundial y sus hambrunas, mientras siguen muriendo miriadas; parches en la política intervencionista a favor/en contra de los Estados fallidos, que siguen produciendo guerras interminables; parches en las economías de los Estados optantes a fallidos, que les hacen esclavos de otros países u otros intereses pecuniarios; y parches en las catástrofes que tanto menudean, que sofocan el hambre de las víctimas hoy para olvidarles en su desesperación mañana, como en ese Dafur donde parece que ya nadie se muere, en esa Ruanda donde el olvido se instala, o en esa Madagascar donde sólo se alimentan suficientemente los parásitos.

Parches en lo internacional y parches en lo nacional. Nos acercaremos tanto como queramos, meteremos las narices en los cortijos de cada país, y seguiremos viendo parches sobre parches. Parches en la Política, meticulosamente improvisada; parches en la Educación, cultamente fracasada; parches en la Sanidad, vitalmente denostada; parches en la Economía, hábilmente manejada; y parches en lo social, donde millones de personas sin trabajo y sin haberes escuchan con estupor a sus líderes alabanzas por sus hechuras, alegrándose de que cada día se destruyen menos empleos, sin duda porque ya van quedando pocos que destruir.

Parches, parches, parches por todos lados, así en lo Internacional como en lo nacional o aún en lo más íntimo, sea esto lo familiar en que a ciertos totalitaristas políticos les gusta hocicar con denuedo, o sea en lo personal, donde uno no va siendo ya ni dueño de sí mismo, porque una parte de sí es imperiosamente manejada por legalistas orates, otra parte de sí brujulea confusa por el aluvión de información que ha supuesto la anulación de la distancia, y otra parte más vaga confusa entre tentadoras opciones debido al destierro de Dios y la abdicación de la virtud.

Dicen que hay crisis, incluso que la crisis que nos concierne es sistémica, pero los voceros se refieren siempre a la Economía. Ciertamente, la crisis es sistémica, pero de la condición humana. Todo es verdad o mentira, según el color del cristal con que se mira, ya saben qué dice el saber popular. Y tal vez –sólo tal vez-, el problema sea ése, que nos hemos equivocado de cristal, que hemos dejado de ver al prójimo como un hombre con emociones y esperanzas semejantes a las nuestras, que nos anteponemos unas lentes color dinero, cosa, placer, capricho, y vemos en los demás sólo lo que representan para nosotros. Tal vez –sólo tal vez-, lo que está sucediendo es que se agota el hombre frente al hombre porque no ve al hombre, sino un beneficio, una oportunidad, una ventaja… o lo contrario. Tal vez sea así, y, en tal caso, la crisis no es sistémica de la Economía, sino de principios y valores. Tal vez por eso menudean los que usan parches en la conciencia, ésos que atracan países, asaltan Estados, demonizan a quienes poseen riquezas para legalizar el hurto que están urdiendo. Parches de conciencia como antaño llevaban los piratas parches en el ojo. Parches para producir las crisis y que las paguen los que las padecen, parches para sembrar el pánico y enriquecerse con él, parches para que la conciencia no vea más que el interés propio, la ventaja.

Dicen los que saben que una parte de nosotros muestra lo que aparentamos y la otra lo que verdaderamente somos. Por eso somos simétricamente asimétricos, tanto, pero tanto, que si juntamos dos partes izquierdas de nuestro rostro o dos partes derechas, no nos pareceríamos a nosotros mismos. Y tal vez sea éste el problema sistémico que padecemos, que hemos anulado o deformado lo que somos para fortalecer o desarrollar lo que parecemos. Y es así, sin duda, porque Dios ha muerto o nos ha dejado olvidados en este rincón del paraíso, a solas con nuestra soberbia y abandonados a nuestra codicia.

Sobrevivimos pese a todo, sí; aunque no sabemos por cuanto tiempo. Tal vez el que reste hasta el próximo desastre o hasta la siguiente tribulación. Al fin y al cabo estamos aquí parados, detenidos, fijos, clavados en nuestra nadería, sin saber qué hacer o hacia dónde dirigirnos, por más que desde todas partes nos pidan socorro, nos supliquen ayuda. O es que quizás sean demasiadas las voces que piden o que escuchamos, porque el mundo se ha hecho muy pequeño. La crisis no es Económica. La Economía es nada más que un matiz, una mota insignificante de nuestros únicos veintiún gramos que importan. La crisis es sistémica del Hombre, y, como no sabemos qué hacer, remendamos, parcheamos esta carretera intransitable de la vida por la que vagamos en círculos, sin saber siquiera adónde nos dirigimos.

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