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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El solitario reto de Ryan

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
viernes, 12 de febrero de 2010, 09:55 h (CET)
WASHINGTON - Paul Ryan, congresista Republicano de Wisconsin con seis mandatos que es el coordinador de la oposición en el Comité Presupuestario de la Cámara, se ha sacudido el anonimato haciendo algo que nadie más en el Congreso o aparentemente la Casa Blanca ha hecho: diseñar un plan concreto para controlar el gasto público a largo plazo y el déficit presupuestario. Que esté virtualmente aislado es testamento de nuestra política.

Muchos de los problemas de legislación pública son verdaderamente difíciles. ¿Cómo garantizar la creación de empleo? ¿Cómo se estimula la estabilidad financiera? ¿Cómo se mejora la calidad de los centros de educación de los barrios deprimidos? No hay panaceas. En contraste, las soluciones del desequilibrio presupuestario a largo plazo son obvias: se reduce el gasto público o se suben los impuestos. Teniendo en cuenta la previsible jubilación de la generación post-Segunda Guerra Mundial, no era ningún secreto que las prestaciones prometidas por el gobierno iban a desbordar a la base fiscal impositiva existente. Este problema se podría haber solucionado.

No lo ha sido debido a que nuestra cultura política está tan ligada a la opinión pública que no puede gobernar (o no gobernará). Gobernar es elegir, y nuestros líderes se resisten a las decisiones impopulares. Los estadounidenses quieren prestaciones sociales generosas e impuestos bajos, así que eso es lo que el sistema - liderado por Demócratas o por Republicanos - les proporciona.

El Presidente Obama continúa esta tradición. Las proyecciones presupuestarias a largo plazo de su administración estiman una deuda disparatada. Durante el ejercicio 2008, la deuda federal destinada a lo social llegó al 40 por ciento de la economía (producto interior bruto). La administración prevé un aumento al 77 por ciento del PIB en 2020, 99 por ciento en 2030 y 218 por ciento en 2050.

En la práctica, no elegir equivale a elegir una opción: gobernar en crisis. Algún día, la deuda y los intereses derivados de ella (proyectados en torno a 840.000 millones de dólares en 2020, una séptima parte del gasto federal) pueden desencadenar una reacción financiera. Los agentes de crédito no prestarán o exigirán tipos mucho más elevados. Entonces el Congreso se verá obligado a reducir las prestaciones o subir los impuestos. La esperanza tácita es que la crisis le estalle a otro gobierno.

Ryan rechaza este consenso. Él toma decisiones ahora. He aquí algunas características de su plan:

- Seguridad Social: para aquellos de 55 años o más hoy, el programa se mantiene sin cambios. Para los más jóvenes, las prestaciones se reducen - sin recortes para los trabajadores de renta más modesta. Los trabajadores de 55 años o menos en 2011 pueden abrir cuentas de ahorro individuales para la jubilación financiadas con parte de sus retenciones. El gobierno garantiza una rentabilidad equiparable a la inflación.

- Medicare: los actuales beneficiarios y los que se afiliarán durante la próxima década seguirán bajo el mismo programa, aunque los beneficiarios con rentas más elevadas pagarán primas algo más altas. En 2021, Medicare se convertiría en un programa de vales destinados a los nuevos afiliados (los que a día de hoy tienen un máximo de 54 años). Con los volantes, los beneficiarios de Medicare pagan un seguro privado homologado comparable a Medicare. En dólares ajustados a la inflación actual, los volantes ascienden finalmente a 11.000 dólares. Las edades de afiliación a Medicare y la Seguridad Social aumentarían paulatinamente a los 69 y 70 años, respectivamente.

- Congelación del gasto: de 2010 a 2019, "el gasto discrecional no vinculado a la defensa" - aproximadamente la sexta parte del presupuesto federal, incluyéndolo todo, desde la vivienda al mantenimiento de parques y jardines pasando por la educación - se congela a niveles de 2009.

- Simplificación de los impuestos: los contribuyentes pueden elegir entre el sistema actual o un sucedáneo simplificado sin deducciones y prácticamente sin incentivos fiscales. Por encima de un máximo sin declaración (39.000 dólares en el caso de una familia de cuatro miembros), los contribuyentes pagan sólo dos tipos: el 10 por ciento hasta 100.000 dólares para las declaraciones conjuntas o el 25 por ciento para las rentas superiores.

Hay partes del plan de Ryan que me gustan. Se reconoce la necesidad de controlar la Seguridad Social y los beneficios de Medicare. Las edades de afiliación deben elevarse, plasmando una mayor esperanza de vida. Los volantes de Medicare pueden forzar la reestructuración del sistema de atención sanitaria de forma que las redes de hospitales, médicos y clínicas compitan en cuanto a coste y calidad. La simplificación tributaria sería deseable.

Otras no me gustan. Las cuentas individuales de la seguridad social son una mezcla confusa entre estado del bienestar e inversión privada. Las reformas de Medicare deben de comenzar antes. La congelación del gasto administrativo discrecional daría lugar probablemente a recortes por todo el sistema, cuando deberíamos eliminar los programas que no funcionan. Ryan limita los impuestos al 19 por ciento del PIB, ligeramente por encima de su media del 18 por ciento 1970-2009. Como resultado de ello, el plan de Ryan - aunque produce una deuda muy inferior a la de los presupuestos de Obama - no llega a servir. No equilibraría el presupuesto hasta el ejercicio 2063, según estima la Oficina Presupuestaria del Congreso.

Vaya -- eso es demasiado tiempo. Cualquier propuesta sólida incluiría subidas fiscales más importantes de las que toleran los conservadores y recortes del gasto más elevados de los que toleran los izquierdistas.

Pero la idea general es que Ryan está tratando de iniciar un debate sobre el papel y los límites deseables del gobierno. Está tratando de hacer posible el diálogo en temas sensibles - sobre todo la Seguridad Social y Medicare - sin ser difamado. El Presidente Obama reconoció eso cuando llamó al plan de Ryan una "propuesta seria". Pero desde entonces, los Demócratas han recurrido a denuncias rituales de él como el saqueo de la Seguridad Social y Medicare. El debate legítimo se vuelve imposible. Si a los Demócratas no les gusta la visión de Ryan, la respuesta adecuada es diseñar y defender su propio plan. El hecho de que no tengan uno es una vergüenza nacional.

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