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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Palin: Populista con atractivo

David S. Broder
David S. Broder
viernes, 12 de febrero de 2010, 09:51 h (CET)
WASHINGTON - Las nieves que borraron Washington la semana pasada interfirieron con muchas reuniones programadas, pero no impidieron el envío de un mensaje político importante: hay que tomar a Sarah Palin muy en cuenta.

Su largo discurso la noche del sábado en la National Tea Party Convention de Nashville y su debut en el circuito de los debates matinales de las mañanas dominicales con Chris Wallace en Fox News pusieron de relieve a una figura pública en toda su salsa - un político que sabe quién es y cómo venderse.

No era la primera vez que Palin me ha impresionado. Le he puesto notas altas por su discurso de aceptación de la candidatura vicepresidencial en St. Paul. Pero por entonces, y durante toda la campaña, estaba trabajando por abrirse un hueco. Vendía una lista electoral encabezada por John McCain contra la oposición Demócrata formidable y lastrada por el legado de la administración Bush.

Bendecida con un público entregado de activistas conservadores, Palin utilizó la reunión Tea Party y la cobertura de las redes del cable para mostrar el repertorio que posee, tocando la seguridad nacional, la economía, la política fiscal y social, y cualquier otro palo en donde apuntar un contraste con Barack Obama y señalar lo que los Republicanos entienden como las vulnerabilidades de Washington.

Su invocación de los "principios conservadores y las soluciones de sentido común" era perfectamente convencional. Lo que se desmarcó a los ojos de las audiencias televisivas de ambos partidos fue la habilidad con la que dibujó un autorretrato que encaja no solo en los deseos de su público inmediato, sino en los ánimos de una parte importante del electorado en general.

Liberada de las responsabilidades como gobernadora de Alaska, carente de cualquier cartera pero armada de apariciones regulares en Fox News Channel e invitaciones a pronunciar más conferencias que puede cumplir, Palin es quizá la cabeza Republicana más visible del país.

Más importante aún, se ha atrincherado en el abrazo populista que todo candidato profano desde George Wallace a Jimmy Carter pasando por Ronald Reagan o Bill Clinton ha utilizado al presentarse como alternativa a "la clase política".

No siempre asegura el triunfo. Hay más John Edwards y Mike Huckabee que dedos en las manos. Pero triunfa más a menudo de lo que se piensa y entre un abanico más amplio de personas, especialmente cuando las cosas no van bien para el país.

La respuesta final de Palin a Wallace mostró lo bien que ha llegado a dominar la disciplina. Cuando se le preguntó qué papel quiere desempeñar en el futuro del país, dijo:

"En primer lugar, quiero ser una buena madre y quiero criar unos niños felices, sanos e independientes. Y quiero que sean buenos ciudadanos de este gran país.

"Y luego quiero ser la voz de algunas soluciones de sentido común. Nunca voy a fingir que sé más que nadie. No voy a pretender ser elitista. De hecho, voy a luchar contra los elitistas, porque con demasiada frecuencia y durante demasiado tiempo creo que la élite ha intentado hacer que la gente como yo y la gente en el corazón de América se sienta como si simplemente fuéramos tontos, a los que el Gran Gobierno va a cuidar.

"Quiero hablar por el pueblo estadounidense y decir: No, tenemos buenas soluciones realmente útiles de sentido común. Yo puedo ser una mensajera de eso. No hay que tener un título para hacerlo".

Esto es el perfecto recital del mensaje populista que ha hecho maravillas en las campañas anteriores. Hay momentos en que el pueblo estadounidense busca algo más: un Eisenhower, que liberó Europa, un Roosevelt o un Kennedy o un Bush, todos aristócratas campechanos; o un Obama, con elocuencia y cerebro.

Pero en el actual estado de ánimo del país, Palin es, se mire por donde se mire, una amenaza para los aspirantes Republicanos de credenciales más limpias, como Mitt Romney o Tim Pawlenty - y potencialmente, para Obama también.

Palin no quedó bien en la campaña más reciente, especialmente en los suburbios, donde el populismo tiene un atractivo limitado. Pero cuando Wallace le preguntó por dimitir de la gobernación a 17 meses de concluir su mandato y si dejó que sus contrincantes la echaran de su cargo o no, dijo, "Claro que no".

Aquellos que quieran pararla van a necesitar más munición que ridiculizar su costumbre de hacerse la chuleta en la mano. La dama es imponente.

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