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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Marcando territorio. Los partidos se definen

“¡Al diablo con tus principios! Atente a tu partido” Disraeli
Miguel Massanet
viernes, 28 de octubre de 2016, 00:37 h (CET)
Poco se podía esperar de esta segunda sesión en el Parlamento de la nación, dedicada al debate de investidura del señor Mariano Rajoy. No obstante, si algo se ha podido deducir de lo que ha sucedido en la sesión de esta mañana, a los ojos de un ciudadano de a pie, ha sido el posicionamiento de los distintos partidos que van a tener protagonismo en esta legislatura que, evidentemente, para algunos va a resultar más larga y fatigosa que la anterior, para otros una oportunidad para descargar su bilis sobre el partido en el gobierno y, para los restantes, el mantenerse en una guardia permanente para que, los intereses de los mejor posicionados para condicionar la acción gubernamental, no acaben perjudicándolos por su incapacidad para vetar aquellos acuerdos o leyes que les pudieran resultar perjudiciales.

Tal y como ya preveíamos la que parece evidente abstención del PSOE, anunciada por su portavoz señor Hernando, permitiendo la investidura del señor Rajoy, para que la legislatura no quede bloqueada de nuevo; no va a suponer un camino de rosas para el PP. Es evidente que el portavoz de los socialistas ha tenido que hacer encaje de bolillos para contentar, o al menos intentarlo, a todos los sectores en los que su partido está dividido, dando una de cal y una de arena, en el sentido de criticar a fondo la pasada legislatura del señor Rajoy; exponiendo, como si fuera su partido quien presentara al candidato, un imaginario programa de gobierno que se esforzarían en presentar estando en la oposición, olvidándose de que es posible que, llegado el momento, es muy probable que la suma de los partidos que tienen acuerdos de legislatura, aunque no participen en el gobierno, cuando se trate de llevar adelante políticas coincidentes, no necesiten de sus votos dado que, los seis votos que faltan para la mayoría absoluta, puedan quedar compensados por ausencias, por otros partidos que pudieran coincidir con la propuesta o porque la disciplina de voto dentro del PSOE, como parece que va a ocurrir en la votación del próximo sábado, se rompa, debido a que las distintas facciones enfrentadas decidan votar en distinto sentido.

Un garbanzo negro dentro de lo que, en todos los partidos que han tomado la palabra, se puede considerar como una actuación normal y coherente, ha sido la intervención, a cara de perro, de este personaje rocambolesco de la ERC, el señor Joan Tardá, que cuenta en cada una de sus comparecencias, declaraciones públicas e intervenciones parlamentarias, como sendas meteduras de pata, insultos a sus oyentes, amenazas al resto de partidos y, en especial, a España y a sus gobernantes, si no se avienen a aceptar, quieran o no, sea legal o ilegal, vaya contra la Constitución o no; lo que a su “señoría” le sale de su fanatismo innato que, en su caso, ha adquirido la apariencia de una verdadera sicopatía que, por lo visto, es incapaz de controlar. Claro que sus secuaces, entre risas y gestos de asombro, aplauden en medio del silencio y consternación del resto de partidos, que no pueden comprender como, a un energúmeno como este se le puede encargar la defensa de Cataluña, sabedores de que es el número uno en ganarse la animadversión del resto de la cámara, cada vez que se le permite intervenir en la sesión parlamentaria.

En cuanto al resto de partidos, cada uno de ellos ya ha dejado claro cuál sería su futuro papel durante esta próxima legislatura, que está a punto de iniciarse. El PSOE va a intentar conservar su segundo puesto como cabeza de la oposición parlamentaria, aunque no le auguramos un camino de rosas en sus intentos de complicarle la vida a Rajoy ya que, a su izquierda, acechándole de cerca y esperando atento al menor fallo que pudieran cometer, van a tener del señor Iglesias dispuesto a que, a la menor oportunidad que se le presente, robarle la cabeza en la oposición al PP. No obstante, primero deberán solucionar los distintos problemas que han surgido en el seno de este abanico de formaciones que integran esta federación de izquierdas, agrupados bajo las siglas de Podemos. Es cierto que, tanto Las Mareas de Galicia como Barcelona en Comú, en Cataluña, parece que aspiran a independizarse. Especialmente en el caso de la señora Ada Colau dispuesta, al parecer, a aprovechar los apoyos que parece que va recibiendo de la izquierda catalana para intentar lo que, hasta ahora, ha sido imposible, apoderarse de la Generalitat, dando el sorpaso al nuevo partido PDECat, presidido por el señor Puigdemont y seguido de cerca por el expresidente Artur Mas, que lucha para que sus votantes no se olviden de él, mostrándose más radical y secesionista que el resto de sus compañeros catalanistas.

Lo cierto es que, primero con la deserción de la Unió del señor Durán y posteriormente con los sucesivos fracasos en las subsiguiente elecciones, en las que ha ido dejando girones en forma de pérdida de escaños, que los han situado a merced de ERC, que parece que permanece expectante a la espera de los acontecimientos, aunque el señor Junqueras sigue en la línea del referendum vinculante que, según él y el resto de nacionalistas, dará el pistoletazo de salida para la definitiva proclamación de la independencia de los catalanes de España. O al menos es lo que el señor Tardá ha dado a entender en su disparatada exposición de esta mañana, en el Parlamento de la nación española. El señor Rajoy va a tener que hilar fino para poner freno a esta rebelión catalana que, cuando gozaba de mayoría absoluta, pensó poder dominar con facilidad y ahora, cuando no la tiene y depende de otras formaciones para hacer respetar la Constitución, se va a ver en problemas ya que los hay, como el PSOE, que parece que pretende la solución de convertir a España en un país federal, mientras Ciudadanos continúan proponiendo una línea más dura, que aplique el artículo 155 de la Constitución con todas sus consecuencias.

El papel de Podemos, si es que el señor Pablo Iglesias, como hasta ahora, continúa imponiendo su criterio por encima de la opinión de su segundo, señor Errejón; parece que lo ha dejado meridianamente claro, en su alocución, el líder del partido, cuando ha dado a entender que va a recurrir a actividades extraparlamentarias para intentar minar, desde la calle con manifestaciones, mítines, algaradas, desobediencia civil etc. la actividad gubernamental y, es posible, que la parlamentaria; con lo que pretende, a la vez, contentar a los comunistas de IU partidaria de este sistema callejero de ejercer presión sobre el ejecutivo y a los socialistas de izquierdas que, probablemente van a quedar descontentos con lo que pueden entender que ha sido una traición a su partido el hecho de que hayan decidido abstenerse para permitir un nuevo gobierno del PP y su líder, Rajoy.

Quedará por ver si, tal como dejaron entrever las palabras del señor Hernando, del PSOE, en aquellos asuntos en los que entre en juego el interés general de los españoles, aquellos relacionados con nuestras relaciones con el resto de la UE, los que hagan referencia a nuestros compromisos económicos o al cumplimiento de nuestras obligaciones para con los bancos que nos han comprado deuda pública, como es el caso del BCE, o se relacionen con la confianza que debemos inspirar a los inversores foráneos, que han acudido en masa esperanzados, para comprar nuestros valores y que, en la actualidad, permanecen expectantes con respecto a cómo se va a solucionar, en definitiva, este grave problema de la formación de un nuevo gobierno, que permita a España recobrar la normalidad y tomar las decisiones y emitir las leyes que, durante diez meses, han permanecido a la espera de que se constituyera el nuevo ejecutivo que pudiera encargarse de ello.

Esperemos, y así lo deseamos de corazón, que esta decisión de formar gobierno y no acudir a unas terceras elecciones, le salga bien al PP y consiga capear el duro temporal que, con toda seguridad, le aguarda durante toda esta próxima legislatura. No quisiéramos que el desgaste que, indudablemente, le puede llegar a producir el que la mayoría de sus propuestas le sean rechazadas en el Parlamento o el Legislativo lo someta a una serie de leyes nuevas o le derogue otras vigentes, de manera que su programa político, a pesar del apoyo de Ciudadanos, quede de tal forma desnaturalizado que lo que reste de él sea sólo una mera caricatura de lo que se esperó que fuera. Si durante los primeros seis meses puede mantenerse medianamente vivo, siempre le quedaría el recurso de convocar unos nuevos comicios que le permitieran, al PP, sacar provecho de la actitud obstruccionista de las izquierdas, consiguiendo lo que, según las más recientes encuestas, se pronosticaba que lograría en el caso de unas terceras legislativas, a celebrar en el mes de diciembre del corriente año.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos el presentimiento de que, la postura en la que se ha puesto el señor Rajoy, la que parece que le da tanta seguridad y la que, sin duda, ha ido buscando a través de todo este complicado proceso que nos ha llevado a esta investidura; es una apuesta peligrosa que tiene muchas posibilidades de que acabe en una constante pelea para conseguir sacar adelante cualquier tema, por pequeño que sea, que los del PP piensen lleva a cabo. Empezando por los PGE que ya hay partidos que, antes de conocerlos, de haberlos leído y analizado, ya se han adelantado a manifestar que no los van a aprobar. Si esta es la actitud respecto a un tema tan primordial y urgente, ya podemos dar por supuesto lo que va a suceder en el resto de cuestiones que deban se resueltas en el Parlamento y en aquellas otras en las que sea el Senado (de mayoría absoluta del PP) el que tenga que decidir, cuando la oposición pretenda dar al traste con alguna de las leyes vigentes. El embrollo está servido, sólo falta saber el tiempo que tardará en que se produzca alguna circunstancia que dé lugar a que, los unos y los otros, se enzarcen en alguna de semejantes complicaciones. Y no es un juego porque, señores, nos estamos jugando el futuro de España y el de nuestros hijos y nietos.
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