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Higuaín
Daniel Sanabria
Con el acné juvenil dando sus últimos coletazos y unos inocentes rizos que adornaban su cabello se presentó Gonzalo Higuaín con la camiseta del Real Madrid. Apenas tenía 18 años y sólo contaba una docena de tantos con la camiseta de River Plate. Sin suerte de cara al gol en sus contadas apariciones y con una pléyade de delanteros por delante de él, en el Madrid terminó recibiendo el burlón sobrenombre de Igualín, mote usado por muchos periodistas para encasillarle en la lista de los nuevos transferibles.
Desde su llegada Higuaín siempre se encontró el camino cuesta arriba. Jamás contaron con él para ser el ariete titular y cuando Van Nistelrooy se rompió rápidamente se pensó en un sustituto: Villa, Benzema, Rooney... El Pipita sólo podía ser el añadido a ese gran delantero centro que estaba por llegar. Como el fútbol es sabio y pone a cada uno en su sitio, unos años después Higuaín se ha convertido en el pichichi del nuevo Real Madrid de los Galácticos II parte.
Su caso es el de esos jugadores que necesitan demostrar que valen en cada partido y hacer el doble de méritos para mantener la titularidad. No hay margen de error, y tres partidos sin meter un gol significa tener un pie y medio en el banquillo el siguiente domingo; es decir, sentirse permanentemente cuestionado. En el Real Madrid no haber costado 50 millones de euros es un handicap para recibir confianza. La prueba la tienen en Kaká, que si procediera de la cantera y no del Milán en enero le habrían cedido al Getafe. Pero como el brasileño tiene una vitola de origen...
Ahora mucha gente trata de subirse al carro de Higuaín, aunque lo cambiarían por Villa con los ojos cerrados. El Pipita tiene un talento especial que es el secreto de su acierto goleador: la polivalencia a la hora de golpear. Como espectador neutral y viéndole en un partido cualquiera, no sabríamos si es zurdo o diestro. No necesita colocarse el balón a la pierna buena porque las dos son las buenas, de tal forma que aprovecha el doble de ocasiones de gol que esos delanteros que tienen la izquierda de palo.
Ese mismo secreto es el que llevó a Forlán a alzarse con dos botas de oro –en el Atlético de Madrid y en el Villarreal, que se dice pronto–, la bipolaridad de sus piernas. No son delanteros espectaculares como Messi, Agüero o Drogba, pero aprovechan el doble sus ocasiones de gol. Dada la inadaptación de Benzema a la ciudad y al equipo, en el Real Madrid siguen buscando delantero para la próxima temporada. Llegará otro galáctico con 60 millones a sus espaldas, y Gonzalo Higuaín tendrá que volver a empezar de cero una vez más, cuando posiblemente sea lo que el Madrid anda buscando...
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