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La elección es de Obama
David S. Broder
WASHINGTON - Sucedió hacia el final de la accidentada visita del Presidente Obama el 29 de enero con los Republicanos de la Cámara en Baltimore - 90 minutos de sinceridad poco frecuente por ambas partes que dieron lugar a la más fascinante y reveladora política que se recuerda - cuando el Representante Demócrata de los suburbios de Chicago Peter Roskam salió a colación.
"Ah, Peter es un viejo amigo mío", dijo Obama. "Peter y yo hemos celebrado muchos debates... Peter y yo trabajamos juntos con eficacia en toda una serie de cuestiones".
Como descubrí en el curso de una visita a la oficina del congresista en el Capitolio la semana pasada, cuando Roskam se mudó de la Cámara de Illinois al Senado estatal en 2000 se encontró a Obama ejerciendo allí ya. Ambos fueron asignados al Comité Judicial y, después de verse las caras en un acalorado debate sobre sanidad, colaboraron en la reforma de la pena capital y la legislación deontológica entre otras cuestiones.
"Se quedó con algunas cosas", recordó Roskam al presidente. "Una de las claves era que se ponía a ello, trabajaba con la otra parte, y en última instancia se podía llegar al acuerdo". Por el contrario, continuó, los Republicanos de la Cámara han pasado el año pasado creyendo que "han sido despreciados por la presidenta de la Cámara (Nancy) Pelosi. Bien, sé que no está a cargo de esa Cámara, pero realmente se está dando esta dinámica de, francamente, quedar aislados... Creo que todos nosotros queremos relanzar las relaciones de 2009. ¿Cómo pasamos página?"
Es el tipo de pregunta directa que hace tan especiales las sesiones del Partido Republicano en la Cámara. Obama respondió con franqueza y bien. La retórica es un problema de ambas partes, dijo, porque "lo que dicen unos de otros a veces... nos encasilla, en sentidos que nos dificultan trabajar juntos... Así que un tono de educación en lugar del de acoso y derribo sería de gran ayuda".
Con la esperanza de mejorar la comunicación, Obama se comprometió a "reunir a las direcciones Republicana y Demócrata más a menudo", y la primera de estas reuniones mensuales con los líderes de la Cámara y del Senado de ambos partidos está prevista esta semana.
Y en respuesta a la pregunta concreta de Roskam, el presidente se comprometió a "hablar más de negociar este año", cosa que hizo la semana pasada, aunque todavía no ha empujado al Congreso a ratificar los acuerdos comerciales con Colombia, Panamá y Corea del Sur negociados por su predecesor.
El período de sesiones en Baltimore, que siguió a la conmoción de los Demócratas tras perder el escaño de Kennedy en Massachusetts, ha producido algunos signos de un cambio de tono en Washington. Pero para mi sorpresa, Roskam me dijo que él no ha tenido noticias de nadie de la Casa Blanca desde su gesto a Obama.
Esto me dice que, incluso después de Baltimore, el presidente y su gente no se dan cuenta del grado al que la frustración Republicana con la gestión de Pelosi en la Cámara ha creado oportunidades para Obama - si está dispuesto a participar tan directamente como hizo en sus tiempos del Senado de Illinois.
Roskam me contó la historia de dos de sus propias enmiendas menores al proyecto de ley de salud que fueron rechazadas por su Comité de Asignaciones junto a docenas más que considera razonables y bipartidistas. Esa es la experiencia común para los Republicanos y la fuente de agravios.
"Depende realmente de Obama", dice Roskam. "Está en una encrucijada. Mi pregunta para él no era una advertencia. Es una invitación "para gobernar de manera diferente en este segundo año.
En cuanto a las campañas de Massachusetts e Illinois, los dos primeros estados en votar este año, está muy claro que los votantes están tratando desesperadamente de encontrar la forma de cambiar la dinámica de Washington. Apoyarán al candidato de cualquiera de los partidos que ofrezca la esperanza de sofocar el partidismo venenoso y abordar los problemas reales del empleo, el déficit y la sanidad.
Sin embargo, Obama no tiene que esperar a los votantes para cambiar el Congreso - cosa que harán ellos, llegado noviembre. Él puede, como le recordó su amigo de los días de Springfield, empezar el cambio ahora mismo siendo él mismo.
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