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Jubilación no viene de jubileo
Rafa Esteve-Casanova
En mis tiempos de estudiante en la Facultad de Derecho había dos asignaturas que se me atragantaban, nunca pude con el Derecho Internacional ni con la Economía, cada verano las dejaba para Setiembre. Por ello mis palabras en estos dos serios temas siempre son las de un lego en la materia aunque con el paso de los años y las lecturas especializadas alguna cosa he ido aprendiendo de los dos motores que hoy mueven el mundo: las relaciones internacionales y la economía, ahora globalizada, que cada día está más presente en nuestras vidas.
Esta semana las relaciones internacionales han quedado plasmadas en la imagen de Rodríguez Zapatero, representado a la Unión Europea, leyendo, más que orando, unos versículos de la Biblia ante Obama y una amplia representación de lo más granado de la sociedad más extremista, a la derecha naturalmente, de los Estados Unidos. Aunque hubiera sido una descortesía no aceptar la invitación del actual César mundial a acudir a ese desayuno todavía no entiendo qué hacía entre aquel retrogrado auditorio el presidente de los españoles leyendo la parte del Deuteronomio que habla de tratar bien a los trabajadores aunque sean inmigrantes, estoy seguro que sus palabras cayeron en saco roto, si es que alguien les prestó la debida atención. Son las cosas de la política internacional.
Por otro lado y también amparándose en ese internacionalismo de la política el Ejército español tiene tropas destinadas en Afganistán, según dicen en misión de paz. Pero la verdad es que esta semana un avión de ese mismo ejército trajo a España el cadáver de uno de sus soldados muerto en acción de combate, que no de paz. Y una vez más el muerto pertenecía a una clase humilde, un joven emigrante de 21 años que ante la precariedad y la dificultad de encontrar un empleo en España, la para él tierra de promisión, se alistó en unas tropas profesionales que son enviadas al combate, que no a la paz, con pocas semanas de preparación. A pesar del tiempo transcurrido desde las guerras coloniales en Marruecos a principios del siglo pasado las cosas continúan igual y la familia que no tiene los “dos mil reales” que liberaban del servicio militar a los hijos de los ricos ve como los suyos se convierten en carne de cañón y se los devuelven en un féretro envuelto en una bandera roja y gualda y con una medalla como todo agradecimiento. Otro de los misterios de la política internacional y de la economía.
Pero el aldabonazo más fuerte en el plano económico lo dio esta semana el Gobierno español al lanzar al viento la noticia de que a partir de ya las jubilaciones no podrán solicitarse hasta haber cumplido los 67 años. Los sindicatos han lanzado sus clarines al viento para mostrar su firme protesta ante tal noticia y los que, a punto de cumplir los 65 años, ya acariciaban las mieles del retiro ven con rabia un poco más lejano el momento de pasar a ser pensionistas.
Y esta noticia ha estremecido los cimientos de una sociedad acostumbrada a ver cómo cada día tomaban el camino de la jubilación gentes en plena edad productiva, han sido muchos años de prejubilaciones, muchas de ellas alentadas con incentivos económicos por los poderes públicos gobernantes, es ya mucho tiempo viendo cómo a los mayores de cuarenta años les es sumamente difícil encontrar un empleo y ahora, de golpe y porrazo, las mentes pensantes del Ministerio de Trabajo no tienen mejor idea para atajar la sangría económica en la que estamos inmersos que alargar la edad del retiro y alejar un poco más del personal los viajes a Benidorm a cargo del Imserso.
Pero si los que estaban cerca de la edad de jubilarse lo tienen un poco más lejos los que ven su porvenir verdaderamente negro son los más jóvenes. A unos les cuesta mucho encontrar un trabajo aunque sea precario, otros, los becarios universitarios, están trabajando sin cobrar o con un sueldo de miseria y sin cotizar a la Seguridad Social hasta cerca de los treinta años, y otros van de un trabajo a otro sin poder abandonar el hogar paterno ya que alquileres e hipotecas son algo fuera de su alcance. Ahora la pregunta que se hacen es cómo llegar a los sesenta y siete años y tener las cotizaciones suficientes para alcanzar la jubilación.
Afortunadamente para algunos no todo pinta un panorama tan negro, una mayoría de la clase política se ha escanciado una leyes a su medida para asegurarse un buen retiro cuando sus culos dejen de calentar las poltronas, el Presidente del BBVA en el momento de retirarse de su arduo trabajo percibirá la nada despreciable cantidad de casi 80 millones de euros, y todo esto sin hablar de la Casa Real cuyos miembros tienen garantizado un buen vivir para siempre, incluso en el afortunado caso de que aquí algún día que espero poder ver se instaure la República. Para todos estos la jubilación si que será un grito de alegría, que no otra cosa es el latinajo “jubilare” de donde deriva la palabra jubilación. Los demás no gritaremos de alegría y le echaremos las culpas de la economía, una de esas asignaturas que se me atragantaban en la Facultad de Derecho, pero la vida me ha enseñado que quien más tiene siempre tiene y quiere más y que, como decía mi abuelo, trabajando honradamente nadie se hace rico. Al fin y al cabo Dios ya se lo dijo a Adán por comer aquella maldita manzana “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, lo que pasa es que algunos entendieron mal y ganan el pan con el sudor del de enfrente.
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